martes, 28 de diciembre de 2010

Go Sailor- Go Sailor (1996)


Te recuerdo perfectamente, si cierro los ojos puedo verte con total claridad. Los focos te nublan la vista y los nervios apenas te permiten respirar con normalidad, has llegado muy lejos, más de lo que cabría esperar de una chica tan joven, sientes que las piernas se te doblan. Atrás queda esa sobremesa tensa en la que tuviste que convencer a tu padre de que aquella era una buena oportunidad para ti, de que en Melilla no pintabas nada, de que todo se cocía en Madrid y Barcelona, de que aquel era tu billete a una nueva vida. Tres, dos, uno, la cuenta atrás del regidor inyecta una nueva dosis de adrenalina en tu organismo, cada vez quedáis menos y ahora toca repartirse el protagonismo, un verdadero minuto de oro para cada una. Llega tu turno, te sudan las manos. Miras al piloto rojo de la cámara, tal y como te dijeron en los ensayos, y acto seguido bajas la mirada para buscar a tu interlocutor, es un señor regordete, con gafas y una tremenda mata de pelo gris, nunca antes lo habías visto. De repente se detiene el tiempo y te formula la pregunta: "Dime en algunas ventisinco palabrrras qué sabes de mi pais; soy embajadorrr de Rusia". En ese momento quieres morirte, tenías preparada la respuesta de por qué te has presentado al concurso, podías argumentar acerca de cómo defenderías la corona, te habías aprendido tres virtudes y tres defectos, te habías inventado que querías estudiar periodismo y arte dramático, pero ¿Rusia? nadie te había advertido de algo así. Los segundos se hacen interminables, pesados como el plomo, "cuando no sepas que decir, sonríe" te había dicho tu abuela, pero tus labios trémulos son incapaces de dibujar una leve sonrisa. Tu mente se ha bloqueado, necesitas tiempo, "Perdón ¿puede repetirme la pregunta?" dices con voz temblorosa, acabas de ganar unos segundos. El embajador eleva su tono de voz, parece que no le ha gustado mucho tu propuesta, su acento se endurece y de repente te parece un villano de los de las películas de James Bond. Ya está, lo tienes, tomas aire, buscas a tu padre en las gradas y te arrancas: "Bueno, pues sé que es un país donde vive gente maravillosa, que ha habido en el tema de política algunos cambios y... no sé mucho más. Gracias". Sí señor, veinticinco palabras exactas, y dos más de regalo, que se entere ese estirado de que tú sabes contar.

Seguro que a ninguno de vosotros os gustaría estar en la piel de Miss Melilla 2001 ¿verdad? El rostro de aquella chica era la viva imagen del estupor. Eso es lo que pretendía yo hoy, descolocaros un poquito y que os preguntaséis qué hace una banda de la escudería Lookout!, un sello vinculado al punk rock, en un blog como éste. Como ya indiqué en el nacimiento de Rainy Day Music, mi intención era la de crear un blog que no estuviese sujeto a ningún estilo concreto, un sitio en el que tuviesen cabida múltiples maneras de entender la música. Pues bien, últimamente sentía que ese espíritu inicial se estaba diluyendo, así que pensé que había que elegir un disco diferente, alejado de los parámetros del folk y del pop orquestado que tanto se prodigaba por esta bitácora últimamente. Go Sailor me pareció el grupo perfecto, porque a pesar de su inmediatez punk y su sonido casi amateur tienen un halo de melancolía y de dulzura que me parece muy lluvioso. Pero quien se ha quedado desconcertado he sido yo, puesto que al acudir a la web para documentarme acerca de esta banda, y poderos contar así algún que otro chisme interesante, me he encontrado con que apenas hay información con algo de enjundia sobre Go Sailor. Entonces me he sentido como Elizabeth, la estupefacta miss, y he escuchado en mi interior una voz con acento caucásico que me preguntaba "¿qué puede desirrrme sobrre Go Sailorrr?". En ese preciso instante me ha asaltado un sudor frío y me he dado cuenta de que no podía decir más que "Go Sailor es un grupo maravilloso". Ahora que se han apagado los focos y que el plató ya no huele a champán y sudor, me dispongo a escribir unas líneas sobre esta banda californiana, espero que seáis indulgentes. Elizabeth, no sabes cuánto te entiendo.

En la Universidad me enseñaron que cuando se escribía acerca de un tema concreto lo primero que se debía hacer era situarlo en un contexto histórico, de modo que empezaré siguiendo ese sabio consejo. Nos encontramos a finales de los años 80's en la zona de la Bahía de San Francisco, donde Larry Livermore y David Hayes fundan un pequeño sello discográfico llamado Lookout! , ha echado a andar recientemente y se ha especializado en el punk rock más melódico, aquel que combina perfectamente la crudeza con la melodía. En poco tiempo este sello establecido en Berkeley va editando un buen número de referencias y acoje en su seno a buena parte de la parroquia hardcore y punk rocker de California. David Hayes abandonará Lookout! para crear otro sello, Very Small Records, poco más tarde, Livermore decide dar una oportunidad a unos adolescentes con buen gusto para las melodías y proclives a las guitarras con mordiente; esos muchachos con acné se hacen llamar Green Day. La fama del trío californiano comienza a subir como la espuma y en 1994 firman con una multinacional para grabar su tercer disco, es el momento de eclosión del punk rock y del hardcore melódico; Offspring, NOFX, Pennywise, todos ellos veteranos de la escena, se convierten en estrellas gracias al tirón mediático adquirido por este sonido en poco más de un año. Lookout! obtiene sus beneficios en este pingüe negocio y se lanza a la búsqueda de nuevos Green Day, comienza la época de esplendor del sello, que ve aumentadas sus ventas y sus referencias en el mercado. Una de las bandas que llega a Lookout! en esta época es Go Sailor, un trío formado por Rose Melberg, que venía de otra formación llamada Tiger Trap, Paul Curran, que tocaba el bajo en otra banda de Lookout! llamada Crimpshrine, y Amy Linton, que tocaba la batería en Henry's Dress. Go Sailor no eran unos recién llegados, ya contaban con dos EP's en el mercado, "Fine Day for Sailing", editado en 1994 por Yo Yo Recordings, y "Long Distance", que vería la luz en 1995 a través de Slumberland, además de un par de canciones en dos recopilatorios, una en un disco titulado "Periscope" editado por Yo Yo Recordings en 1994, y otra en "Slice of Lemon", un doble LP compartido por los sellos Lookout! y Kill Rock Stars en 1995. En 1995 grabarían para Lookout! el que sería su último EP, y a la postre su última grabación, "Don't Go", con el que cerrarían una corta pero intensa carrera que dejaría tras de sí catorce magníficas canciones. Un año más tarde, el sello de Berkeley reunía en un CD los tres EP's y las dos canciones incluídas en los recopilatorios anteriormente citados, ése es el disco que presentamos hoy en Rainy Day Music.

La sencillez, la melodía y la inmediatez son las señas de identidad de Go Sailor, y las podemos encontrar en absolutamente todas sus canciones. Estamos ante una banda que combina perfectamente la energía y la urgencia del punk con la ingenuidad del pop, una formación que rezuma un encanto que casi roza el amateurismo, y que es capaz de contagiar optimismo y melancolía a partes iguales con apenas tres acordes. Todo eso y mucho más es Go Sailor, que nadie busque ni el más mínimo rastro de virtuosismo en su repertorio, ellos hacen suya la máxima de menos es más, y con una filosofía próxima al "hazlo tú mismo" consiguen enarbolar la bandera de un estilo que hasta la irrupción de Go Sailor contaba con un publico minoritario, y lo mejor de todo es que todo esto lo consiguen sin proponérselo. Hay quien ha calificado el sonido de Go Sailor como Mid-Fi, que vendría a ser un punto intermedio entre el Lo-Fi y las grandes producciones sonoras, no es desacertada esta denominación, ya que las guitarras suenan limpias, no hay efectos que distorsionen las voces, ni tampoco hay rastro de instrumentos saturados, pero el fondo de la grabación destila un espíritu amateur, hasta el punto de que casi tenemos la impresión de encontrarnos ante un grupo de amigos tocando sus canciones sin ninguna pretensión más allá de la simple y pura diversión. La voz de Rose Melberg suena dulce, con un irresistible punto naïf, la guitarra se rasga permanentemente y una acentuada línea de bajo lleva la voz cantante en cuestiones rítmicas, como acompañamiento, la precisa batería de Amy Linton; así son todas las canciones de la banda, apenas hay sorpresas pero ¿quién las necesita? El disco de Lookout! se abre con "Last Year", que es la primera canción que grabó Go Sailor, y que figuraba en el recopilatorio editado en 1994 por Yo Yo Recordings bajo el título de "Periscope"; es decir, que el sello de Berkeley respeta el orden cronológico a la hora de maquetar la recopilación. "Last Year" es un magnífico adelanto de lo que nos depara este CD, una canción inspirada, con un bonito estribillo y unas voces perfectamente empastadas, todo ello con la instrumentación marca de la casa, esa especie de chatarra melodiosa que tan buenos resultados dio al trío; poco más de dos minutos y ya nos hemos enganchado a la voz de Rose Melberg y al omnipresente bajo de Paul Curran. En 1994 Go Sailor graba con Yo Yo Recordings su primer EP, al que titularán como una de las canciones en él incluídas: "Fine Day for Sailing". Precisamente ésos son los cuatro cortes que toman el relevo en este recopilatorio, cuatro temas que nos presentan a los Go Sailor más brillantes, probablemente sus mejores canciones. "Fine Day for Sailing" es por lo tanto el segundo corte del CD, y una de mis canciones favoritas de la banda, una canción sobre el desencanto amoroso y nuestra capacidad para reponernos de él. A qué le va a cantar Rose Melberg con esa voz sino al amor; la melancolía con la que arrastra la sílabas, su tono cristalino y esa ingenua naturalidad que tiene al cantar, hacen que cualquier canción de amor en sus labios sea perfectamente creíble. Me gusta especialmente el cambio que hacen en torno al minuto cuando sólo se escucha el bajo, el bombo y la caja de la batería, al tiempo que la voz de Rose se siente más cercana que nunca y su guitarra deja de rasgarse para dar notas sueltas; es un recurso simple, como el mecanismo de un chupete, pero no puede ser más efectivo. "I'm Still Crying" es otra de mis favoritas, me gusta como empieza, directa al grano, en diez segundos ya nos han presentado la canción. Una nueva oda al desamor, en este caso al llanto desesperado, a las lágrimas derramadas contra tu voluntad y tu orgullo por aquella persona a la que desearías no haber conocido jamás. Una triste temática que contrasta con la animada melodía de la canción, lo cual unido a un estribillo en el que Rose y Paul empastan sus voces, hace de "I'm Still Crying" una canción verdaderamente deliciosa. Go Sailor en un auténtico ataque de inspiración pop contraatacan con otra joya, "I Just Do" ¿podrás resistirte? Yo creo que no. La fórmula sigue siendo la misma, "I Dropped a Penny and you Picked it up, you Want to be Something when you Grow up, you Make me Laugh and you Don't Even Try, you Say that Sometimes you Just Like to Cry", canta Rose; no se puede ser más irresistiblemente agridulce. "Bigger Than an Ocean" es la última canción del EP "Fine Day for Sailing" y es la única que explora otras vías musicales, de hecho no apuesta por el rasca-rasca y se sitúa próxima a las coordenadas del pop independiente de la primera mitad de los 90's, recordándonos a bandas como Velocity Girl o Belly, y a cantantes como Juliana Hatfield. La letra apuesta por la temática naútica y acuática, seña de identidad de la banda, que hace así un guiño a su nombre, y vuelve a incidir en el amor como fuente de inspiración.

En 1995 Lookout! edita, conjuntamente con Kill Rock Stars, un doble LP que incluye a bandas de ambos sellos, Go Sailor figura con el tema "Silly". Esta es la sexta canción del CD, un tema con más fuerza, más enérgico en su base instrumental, con un bajo que lo cubre todo, que redondea cada uno de los pasajes de la canción y envuelve perfectamente la voz de Rose. Un año más tarde, Go Sailor se dispone a grabar su segundo EP, y lo hará con el sello Slumberland, cuatro nuevas canciones que darán lugar a una de sus grabaciones más celebradas, y con una portada que es todo un monumento a la cultura pop. El título del EP será "Long Distance"; precisamente, y respetando el orden de las canciones, el siguiente corte del CD será "Long Distance". Go Sailor parecen haber madurado su estilo y son capaces de crear melodías con un gancho arrebatador, un buen ejemplo es este tema, en el que la guitarra suena más limpia que nunca y en el que el trío parece estar totalmente compenetrado, como si fuesen capaces de hacer canciones perfectas sin apenas despeinarse. "Windy" nos devuelve a los Go Sailor seminales, los más inmediatos, los de la guitarra rasgada y el bajo protagonista, los del desamor, los agridulces; "Windy" es sencillamente otra joya fruto del pop sencillo y sin pretensiones de Go Sailor. "Blue Sky" se articula en torno a una estrofa que se repite y un escueto estribillo, economía de medios marca de la casa. Es una animada canción que podría calificarse como la más blandita del EP, sobre todo porque tras ella viene uno de los grandes himnos de Go Sailor. Ese himno no es otro que "The Boy Who Sailed Around the World", un tema que recupera la inspiración naútica que tanto gusta a la banda, y la única canción en la que la voz principal es la de Paul Curran. Unos certeros golpes de guitarra abren la canción acompañando al bajo de Paul y dan comienzo a una de las mejores canciones del disco, con una letra entre surrealista y costumbrista que relata la aventura de un muchacho que se echa a la mar para recorrer el mundo, una canción que va in crescendo y que termina con el irresistibe "Would You Sail with me Around the World?" entonado por Paul y Rose y que estalla definitivamente con un grito de guerra: "Go Sailor!"; sublime punk pop. En 1995 Lookout! arroja definitivamente sus redes sobre Go Sailor y consigue que graben con ellos su tercer y último EP, "Don't Go", cuatro nuevas canciones que ponían el punto y final a su carrera y cerraban el repertorio de la banda. "Don't Go" es la primera de esas canciones, un nuevo ejercicio de contradicciones entre la melodía y la letra, más pop agridulce con la misma calidad de siempre; oyendo la música cuesta creer que Rose diga cosas como estas: "Don't You Know this Kind of Heartache Never Mends? Should I Tell Myself it Was an Accident Again? Please Don't Leave me, Don't Go, I'm Not Ready Yet", ¿alguna vez se está preparado para que te abandonen? Otra joya que añadir a la colección. "Ray of Sunshine" comienza sin concesión alguna, con la voz de Rose abriendo fuego, una canción dedicada, de nuevo, al amor perdido, en la que la voz de Paul y Rose se entienden a la perfección en un pegadizo estribillo. El siguiente corte del CD y del EP es "Together Forever in Love", una de las canciones más contagiosas de Go Sailor, un tema que podría haber tenido mucha salida comercial. El inicio recuerda a "The Boy who Sailed Around the World", con esa guitarra que señala el inicio y que parece buscar al bajo, es una canción que rebosa rebeldía adolescente, pero lo hace sin rabia ni odio, con toneladas de amor, como muestra un botón: "What Do They Know When They Say I'm Too Young, As I Get Older and Until my Life is Done, I'll Be the One who Had Love that Was True, They All Had Nothing, and I have You". Una vez más, Go Sailor aciertan en la diana de la melodía con gancho, la voz perfecta y el estribillo pegadizo; ¡bingo! "Everyday" cierra el disco, y casi se podría decir que la carrera de Go Sailor, es una canción que no abre ninguna vía nueva, que no experimenta con nuevos sonidos, que en definitiva no introduce ningún cambio en la sencilla ecuación de la banda, pero que, una vez más, consigue atraparnos con su honestidad y su naturalidad. Los responsables de Lookout! fueron perspicaces y rápidos y se hicieron con los derechos para recopilar en un CD todas las grabaciones de Go Sailor, haciendo así justicia y reivindicando, de manera temprana, a una banda que supuso una bocanada de aire fresco en el adocenado panorama musical de principios de los 90's. En los últimos años parece que se quiere recuperar la figura de Go Sailor y con el tiempo se está reconociendo la influencia que su legado ha tenido en otras bandas. Go Sailor facturaron una música que sigue vigente, un pop descarado y fresco, que unido a la inmediatez y la urgencia del punk formaba un cóctel explosivo e irresistible, esperemos que no tarden en ocupar el lugar que la historia de la música pop debería reservar a este irrepetible trío.

La integrante más activa y relevante de Go Sailor es Rose Melberg, que acabaría en The Softies, un nuevo proyecto consistente en un dúo, aventura en la que le acompañaría Jen Sbragia. The Softies apuesta por el minimalismo pop, con unas canciones casi desnudas y de sencilla instrumentación y arreglos que se apoyan en las dulces voces de Rose y Jen; juntas grabarían un buen puñado de singles y tres LP's entre 1994 y 2000. En 1998 Rose Melberg contrae matrimonio con Bill Baker, capo del sello canadiense Mint, por lo que se trasladará a British Columbia. Será entonces cuando empiece a colaborar con otra banda, los canadienses Gaze, para quienes tocará la batería y compondrá algún tema entre 1998 y 1999. Alrededor de esa época Rose empieza a trabajar en su propio material, planteándose seriamente editar algún trabajo en solitario, así es como ve la luz "Portola", su primer largo en solitario, editado por Double Agent Records en 1998, y que recopila canciones escritas por Rose entre 1994 y 1997. Tras la disolución de The Softies, Rose Melberg se dedica en cuerpo y alma a cuidar de su hijo, serán cinco años de silencio discográfico que se romperán en 2005 con una breve gira y con la grabación de algunos temas, antesala de lo que será su segundo trabajo en solitario, titulado "Cast Away The Clouds", un brillante LP que le llevará a telonear a Belle & Sebastian. Tras tres años de sequía, Rose volvió a complacer a sus fervientes seguidores con un nuevo trabajo que vio la luz en 2009, "Homemade Ship", su último largo hasta la fecha, en el que vuelve a ahondar en ese pop tan personal y taciturno que lleva facturando en la última década, lejos de la electricidad e inmediatez de Go Sailor. Cuando Paul Curran se une a Go Sailor no es un novato en la escena californiana, de hecho había tocado el bajo en formaciones como Crimpshrine y Monsula, tras su corto romance musical con Rose Melberg y Amy Linton, prueba suerte en diferentes proyectos, llegando a ser cordinador de la mítica publicación punk Maximum Rock'n'Roll. Finalmente se afianza como músico con una nueva aventura, en una banda llamada Onion Flavored Sound, en la que tocará el bajo y hará voces, y con la que sigue en activo hoy en día. Y en cuanto a Amy Linton, que era batería de la banda Henry's Dress cuando se sumó al proyecto de Melberg y Curran, formaría en 1997 The Aislers Set. El nuevo proyecto de Amy se mantendría en activo hasta 2003 y dejaría tras de sí unos cuantos EP's y cuatro LP's, entre los que destaca "The Last Match", un trabajo en el que Amy se destapa como compositora, productora y cantante, y que sería aclamado por la crítica. En cuanto a Go Sailor, parece que en los últimos años se ha reivindicado como una banda de culto, sus sencillas, y a veces ingenuas, canciones van ganando adeptos con el paso del tiempo, y dos de sus canciones (concretamente "Ray of Sunshine" y "Together Forever in Love" fueron incluídas en la banda sonora de la película "But I'm a Cheerleader". Esta revisión del repertorio de Go Sailor llevaría a una pequeña gira de reunión de la banda a principios de este 2010, con motivo del vigésimo aniversario de Slumberland Records, que les llevaría a tocar en San Francisco y en Los Angeles, y tras la cual cada uno de los integrantes regresaría a sus propios proyectos personales.

En cuanto a los enlaces de hoy, creedme que me ha resultado dificilísimo encontrar links interesantes relativos a Go Sailor, la mayoría mostraba textos que apenas superaban la media docena de líneas, y en muchos casos el contenido se repetía; exasperante. La banda, al estar inactiva, no dispone de web ni de myspace, dos recursos bastante socorridos a la hora de aportar enlaces, de modo que, después de sopesar diferentes opciones, he decidido agregar seis enlaces a esta entrada, a saber: una escueta reseña del disco que nos ocupa aparecida en Rawkblog, la discografía de la banda aparecida en la página Pette Discographies, una interesante entrevista realizada a Rose Melberg en la web Cokemachineglow con motivo de su reaparición musical con el LP "Cast Away the Clouds", de 2006, y los tres myspace de los actuales (o al menos los más recientes) proyectos de los respectivos integrantes de Go Sailor. Con los vídeos he corrido mejor suerte, eso sí, no hay material de la época, o al menos yo no lo he encontrado. Gracias a la reciente reunión del grupo, circulan por Youtube numerosos vídeos de sus actuaciones en San Francisco y en Los Angeles, me he decantado por dos extractos del concierto de Frisco, que aunque están grabados en blanco y negro tienen mejor calidad de sonido que los de L.A. ; la actuación data concretamente del 23 de marzo de 2010 y está rodada en el Rickshaw Stop. He elegido dos de mis canciones favoritas del repertorio de Go Sailor: "Fine Day for Sailing" y "The Boy Who Sailed Around the World", dos pequeñas gemas pop que nunca me canso de escuchar. Parece que la voz del embajador de Rusia va abandonando mi interior, como un eco lejano. Espero que os guste.

RESEÑA DE GO SAILOR EN RAWKBLOG


DISCOGRAFÍA DE GO SAILOR EN PETTE DISCOGRAPHIES


ENTREVISTA A ROSE MELBERG EN COKEMACHINEGLOW


MYSPACE DE ROSE MELBERG


MYSPACE DE ONION FLAVORED RINGS

MYSPACE DE THE AISLERS SET


GO SAILOR- GO SAILOR

miércoles, 22 de diciembre de 2010

The Ladybug Transistor- The Albermale Sound (1999)


¿Alguna vez os habéis preguntado quién decide el número de raciones que componen un plato precocinado? Sé que es un pregunta absurda, pero yo no puedo evitar formulármela cada vez que una de esas bombas de sal y colesterol cae en mi poder. Sostengo el sobre en mis manos y leo: "4 raciones", entonces me asalta la duda ¿preparo todo el plato o calculo la parte correspondiente? Finalmente acabo vertiendo todo el sobre, temeroso de haber cometido un exceso. Una vez se han cumplido los tiempos de cocción recomendados (que tampoco suelen ajustarse a la realidad, aunque esto nos llevaría a otro arduo debate) observo el resultado y pienso: "tampoco es para tanto, no creo que una familia de cuatro miembros (con perdón) se alimente con esta ración". En resumidas cuentas, acabo devorando todo el contenido del respectivo sobre de pasta o arroz (son los más socorridos; los solteros treintañeros sabéis de lo que hablo ¿verdad?), lo que me lleva a aseverar, según los criterios de la ciencia liofilizada, que yo solito consumo lo mismo que cuatro personas juntas. ¿Sería capaz yo, que no supero el metro setenta y poco y que peso unos 77 kilos, de comerme toda la manduca de una familia estándar? De ser así no es de extrañar que cada vez me inviten menos amigos a sus casas, pero antes de llegar a conclusiones precipitadas me gustaría hacer la prueba definitiva; sentar a cuatro personas a la mesa y servirles como primer plato el contenido íntegro de uno de esos sobres de inspiración italiana (sólo por el nombre, el resto deja bastante que desear). Me gustaría ver sus rostros al comprobar incrédulos la exigua ración que apenas mancha su inmaculado plato ¿quién demonios calcula estas porciones, Ferrán Adriá? se preguntaría alguno de ellos; sin duda este experimento sociológico arrojaría algo de luz sobre este oscuro asunto. Yo sigo pensando que las cifras son erróneas, y que los sobrecitos en cuestión están pensados para una sola persona, o como mucho para dos, pero en ningún caso creo que se pueda alimentar mínimamente al número de comensales indicado en el envase. Estos son los peligros de la vida moderna, que puede convertirte en un voraz tragaldabas por obra y gracia de unos caprichosos números, obviamente nada de esto ocurriría si confiásemos nuestras digestiones a la cocina tradicional, aquella que se hace con las justas dosis de tiempo y mucho mimo. Esos son los dos ingredientes que suelen garantizar el éxito en casi todas las cosas que hacemos, y el mundo musical, que es lo que ocupa a este blog (perdón por estas digresiones culinarias), no es una excepción. Hoy visita esta humilde bitácora una banda que nos ofrece un recetario basado en la tradición del pop más elegante, unos tipos que rechazan la comida rápida y se decantan por el refinado sabor de lo clásico, una formación que debería figurar entre lo más granado del pop de la última decada, la banda más británica de los USA; señoras y señores, pónganse en pie para recibir a The Ladybug Transistor. No hace falta que rebañen sus platos, les aseguro que el menú de hoy les dejará más que satisfechos.

The Ladybug Transistor comienza su andadura a mediados de los años 90's, como resultado de la unión de Gary Olson, Edward Powers y Javier Villegas. Sus ansias por publicar un disco son tales que no se sentarán a esperar la llamada de un cazatalentos, sino que se lanzarán a la piscina y se autoeditarán su primer trabajo, "Marlborough Farms", que toma su nombre del estudio casero de Olson, situado en esa zona de Brooklyn, Marlborough. Gary Olson es un muchacho unido a la música desde la mismísima cuna, ya que sus padres regentaban una fábrica de pianos, en la que el joven Gary trabajará revisando teclas y ajustando cuerdas; no es de extrañar por lo tanto que este joven de Brooklyn decidiese dedicarse en cuerpo y alma a la música. El primer trabajo de The Ladybug Transistor llamará enseguida la atención de un importante sello independiente, Merge Records, que no tardará en ofrecerles un contrato y la posibilidad de editar un nuevo album. Desde sus inicios, The Ladybug Transistor han estado vinculados a Elephant 6, colectivo del que hablamos en una reciente entrada dedicada a Neutral Milk Hotel (¿no te acuerdas? haz click AQUÍ), esta vinculación va a favorecer el intercambio de ideas y de músicos, tal y como persiguen los principios de este proyecto. Debido a este motivo, entre otra cosas, la formación sufrirá algún ajuste en lo personal, con la entrada de los hermanos Baron, Jennifer y Jeff, que se encargarán del bajo y de la guitarra respectivamente; por otro lado, Javier Villegas, miembro fundador de la banda, abandonará el barco. "Beverly Atonale" verá la luz en 1997 y tomará el testigo sonoro de su predecesor, se trata de un disco heterogéneo que todavía vive a la sombra del pop independiente americano de los primeros 90's, de hecho es fácil encontrar ecos de formaciones como Pavement o Mercury Rev en alguna de las canciones del disco. No obstante, alguno de los temas de "Beverly Atonale" (es el caso de la espléndida "Rushes of Pure Srping") preludia el sonido que hará de The Ladybug Transistor una banda inscrita en la vertiente del pop elegante, de arreglos exquisitos y barrocos, sin hacer ningún asco a la herencia psicodélica de raíz sesentera; en resumen, música atemporal, amable y proclive a un refinado sentido del humor en sus letras. El segundo disco de The Ladybug Transistor coloca a la banda en el escaparate internacional, supondrá un cierto reconocimiento por parte de la prensa especializada y el comienzo de importantes giras de promoción. Pero Gary Olson sigue buscando el sonido perfecto dentro de su cabeza, la canción redonda con la que sueñan todos los músicos, él todavía no es consciente, pero está a punto de conseguirlo, una pequeña joya verá la luz en 1999, su nombre "The Albermale Sound". Al poco tiempo de editarse "Beverly Atonale", Edward Powers abandona la banda y es sustituído por San Fadyl en sus tareas de percusionista, a esta novedad en la formación se unirá un alta más, la de Sasha Bell a los teclados y a las voces. Esta formación será la responsable de dar forma al tercer trabajo de la banda, un album delicioso que, si bien no oculta sus fuentes de inspiración, no se conforma con ser un mero ejercicio de estilo, sino que acaba convirtiéndose en referente dentro del pop barroco y orquestado de los últimos veinte años. "The Albermale Sound" es un disco en el que conviven las sombras de Brian Wilson, Scott Walker o Burt Bacharach, pero lo hacen sin eclipsar la personalidad de una banda auténtica, que no busca convertirse en un burdo remedo del pasado, sino un grupo de músicos que hacen gala de una amplia cultura musical y que demuestran una intuición formidable a la hora de crear melodías de una belleza sobrecogedora.

"The Albermale Sound" abre el telón de las maravillas con un tema que funciona como una cortinilla radiofónica, casi como un jingle publicitario que enlaza directamente con el segundo corte del disco, me refiero a "Oriental Boulevard", una canción de apenas 20 segundos en la que el oyente más perspicaz ya puede intuir lo que nos va a deparar este disco: elegancia, melancolía y altas dosis de calidad. Sin darnos respiro alguno, el primer corte del disco se funde con el segundo, "Six Times", una canción que abre con unos metales que recuerdan a otra banda del colectivo Elephant 6, Neutral Milk Hotel, enseguida entra el piano, que limpia, fija y da esplendor a una canción redonda. En torno al minuto irrumpe la cálida voz de barítono de Gary Olson, a quien replica un coro perfectamente empastado, un redoble de aire marcial capitanea al ejército de metales omnipresente en "Six Times", y que contribuye a dar una pincelada psicodélica a este auténtico temazo pop. "Meadowport Arch" toma el relevo y lo hace volviendo la vista atrás, contagiándose del espíritu de Ray Davies, es una canción muy británica en la que se puede respirar la ironía y la flema características del pop inglés de los años 60's. El estribillo se desgarra con una guitarra eléctrica distorsionada que funciona como contrapunto de esta elegante canción, que gana intensidad conforme se acerca al ecuador fruto de un cambio de ritmo de aires circenses que desemboca en una mayor riqueza instrumental, que tiene de nuevo como protagonistas a los metales, y en unas magníficas voces. El cuarto tema del disco es "Today Knows", uno de mis favoritos. "Today Knows" es un aviso para navegantes: este es un disco de alto voltaje emocional, un trabajo instrumental y de voces realmente exquisito. Los ásperos metales dejan lugar a unas cuerdas melancólicas y a un teclado soberbio, sobre los que destaca la inspiradísima voz de Olson acompañada puntualmente de la dulce Sasha Bell. Ambos conducen la canción a un estribillo sublime tras el cual hace entrada una acertadísima y bucólica flauta; ha transcurrido poco más de un minuto de canción y resulta difícil no emocionarse. El resto es sencillamente maravilloso, con unos arreglos que consiguen que la canción y su intensidad vayan in crescendo. Lejos de convertirse en una balada o un simple medio tiempo, "Today Knows" se remata con unos metales que contribuyen a redondear una canción perfecta que acaba transformada en un vals. Tras este mágico momento, The Ladybug Transistor vuelven a echar la vista atrás para mirarse en el espejo de The Kinks, eso sí, pasado por un túrmix actual que les acerca, de nuevo, a algunas de las bandas del colectivo Elephant 6; todo ello, y mucho más, lo podemos advertir en "The Great British Spring", el quinto corte del LP. La canción empieza elegante, con un piano acompañado de unos metales a los que poco a poco se van sumando más elementos: guitarras eléctricas, una flauta o una batería, entre otros, componiendo así una pieza en la que se respira un maravilloso caos instrumental, en el que todo se encuentra en el lugar y en la medida exactos. "The Great British Spring" marca el ecuador del disco es el preludio de otro de los mejores momentos de "The Albermale Sound", me refiero a la enorme versión que la banda hace de "Like a Summer Rain". Los más veteranos seguidores de Rainy Day Music recordarán perfectamente esta canción, de la que ya disfrutamos en su día gracias a la entrada dedicada a Jan & Dean (desmemoriados y recién llegados, haced click AQUÍ), pues bien, la lectura que The Ladybug Transistor hace de este clásico no tiene nada que envidiar a la anteriormente señalada. Unas maravillosas guitarras abren fuego y dan paso a un espléndido arreglo de cuerda, sobre ellos unas voces celestiales que pondrán a prueba vuestra capacidad para emocionaros y os harán desear que todos los días del verano llueva para poder escuchar esta canción, que acaba con un coro que haría temblar de emoción al mismísimo Brian Wilson. "The Swimmer" recupera la inspiración británica de The Ladybug Transistor y le da un agradable barniz de psicodelia. Se trata del séptimo corte del disco, una canción que muestra el talento compositivo de la banda, un tema que cuenta con elegantes cambios de ritmo y con arreglos que tan pronto acercan la canción a la psicodelia, como al pop barroco o incluso a la música clásica; una verdadera lección de estilo, sin duda otro de los momentazos de "The Albermale Sound". Casi sin darnos cuenta llegamos al octavo tema del LP, estamos a punto de encarar la recta final del disco, y lo hacemos con "Cienfuegos", un nuevo instrumental que consigue descolocarnos en sus primeros compases, que evocan las áridas tierras del Far West merced a una temblorosa armónica, acto seguido unos punteos de guitarra se entremezclan con una percusión trotona que nos lleva a cabalgar por las polvorientas llanuras americanas. Una acertada trompeta nos sitúa cerca de la frontera, no se puede ser más gráfico componiendo una canción, el crepitar del fuego marca la muerte lenta de este fantástico tema. Pero Olson y los suyos guardan todavía alguna que otra sorpresa en su chistera y, tras habernos roto la cintura con este paisaje desértico, deciden dar una nueva vuelta de tuerca a "The Albermale Sound" con una oda al humor absurdo: "The Automobile Song". Pop de inspiración sesentera y psicodelia es lo que destila este noveno corte del disco, una canción en la que el protagonismo se reparte entre una flauta, un teclado y las maravillosas voces de Olson y Sasha Bell; una delicia de poco más de minuto y medio de duración. Toca abrocharse los cinturones, ya que estamos a punto de aterrizar y abadonar el mágico universo de "The Albermale Sound", pero antes de tocar tierra podremos disfrutar de otro de los momentazos de este disco, me refiero a "Oceans in The Hall", un verdadero himno. "Oceans in The Hall" lo tiene todo para quien aporrea el teclado en estos momentos, el tiempo exacto, las voces, los arreglos... todo. El encanto del décimo corte del disco se destapa con unas guitarras acústicas replicadas por unas cuerdas y unos metales de auténtico lujo, es difícil empezar mejor una canción, pero si a éso le añadimos la impecable voz de Gary Olson, nadie podrá negar que nos encontramos ante un auténtico temazo, y si no me crees, prueba a sacarla de tu cabeza durante las próximas semanas. Cualquier detalle, cualquier cambio introducido en "Oceans in The Hall" es perfecto y muestra la capacidad compositiva y la cultura musical de sus responsables, que rozan el límite del talento creando un himno que nada entre el mejor pop orquestado de los 60's y las producciones spectorianas, todo ello visto desde la peculiar e ingeniosa retina de The Ladybug Transistor; diez sobre diez. Un último instrumental sirve de antesala al final del disco, se trata de "Vale of Cashmere", una delicada pieza que insiste en los originales cambios de tiempo y en los acertados arreglos, otorgando todo el protagonismo a las flautas y a los teclados. Y lamentablemente llegamos al final del viaje, y lo hacemos con "Aleida's Theme", una canción que concede el papel principal a Sasha Bell. "Aleida's Theme" se mueve entre la elegancia británica de las composiciones de The Ladybug Transistor y el vals, presente en el estribillo, el resultado es la canción de más desarrollo del LP, un soberbio exceso que acaba únicamente con un cello y un violín, y que funciona perfectamente como traca final, dejándonos con una amplia sonrisa en la boca. Esa misma sonrisa es la que le asomó a la mayor parte de la crítica, que no tardaría en rconocer la grandeza de "The Albermale Sound", un disco con el que The Ladybug Transistor habían encontrado el camino definitivo a seguir, una verdadera joya con la que Gary Olson y sus amigos esculpieron, con la precisión de un cirujano, un monumento al pop orquestado y atemporal.

También en 1999, Jeff Baron, Sasha Bell y Mike Barrett (este último también participó en la grabación de "The Albermale Sound", e incluso es el responsable del trabajo artístico del album) editarán su primer trabajo como Essex Green, una banda que también se mueve en los parámetros del pop de cámara y del folk; una formación muy recomendable con tres trabajos en su haber. En 2001 The Ladybug Transistor se encierra en el estudio para grabar su tercer LP, "Argyle Heir", al mismo tiempo, el promiscuo trío formado por Baron, Bell y Barrett se embarca en otra aventura musical, en este caso una formación más cercana al folk y al country llamada The Sixth Great Lake. Pero volviendo a nuestros muchachos, "Argyle Heir" supondrá la continuación del camino iniciado con "The Albermale Sound", hasta el punto de que se habla de una trilogía compuesta por los dos discos señalados y el cuarto, y homónimo, LP de la banda. Una vez más, las trompetas, los pianos, los violines y las voces cuidadas echan a andar en un disco precioso y preciosista que se engalana con unas trabajadas letras próximas al surrealismo y al humor absurdo. No obstante, la crítica no opina lo mismo, de hecho tacharán de autocomplaciente y previsible al tercer largo de la banda de Brooklyn, etiquetándolo como un disco en cierta manera decepcionante. Yo disiento, me parece que es un disco que gana con las escuchas y que, si bien no arriesga, continúa con una línea inmaculada, la que se abría con "The Albermale Sound", así que como reza el dicho: "Si algo funciona, no lo toques", qué le vamos a hacer, soy así de conformado. 2001 es un año agitado, en lo musical, para la banda, que edita además un disco en directo bajo el título de "Live at The Amigo". El cuarto album de The Ladybug Transistor verá la luz en 2003, y lo hará sin Jennifer Baron, que dejará su sitio a Julia Rydholm, se trata de un trabajo homónimo, el primer disco de la banda grabado fuera de Marlborough Farms, el estudio de Olson. "The Ladybug Transistor" contará con la producción de Craig Schumacher, célebre por sus trabajos para Calexico, a pesar de su fama, la mano de Schumacher no será muy evidente en este disco, aunque tal vez esas slide guitars que asoman de vez en cuando lleven su sello. Este disco en cambio encantará a la crítica, que se deshace en elogios hacia la banda, personalmente opino que ni el anterior era tan malo ni éste es tan bueno, ambos son dos grandes trabajos que surgen a la sombra de "The Albermale Sound", santo y seña del sonido de The Ladybug Transistor. Tras este cuarto disco de la banda de Gary Olson más cambios acechan a la formación, Sasha Bell deja el grupo para centrarse en Essex Green y Jeff Baron se convierte en una especie de miembro satélite involucrado en sus múltiples proyectos personales y colectivos. Todos estos sobresaltos propician un período de calma en el que Olson se dedicará a producir a otros artistas, hasta que en 2006 The Ladybug Transistor regresa con fuerza. Lo hará apoyando a Kevin Ayers en la grabación de su disco "Unfairground" y editando un EP titulado "Here Comes The Rain"; será el preludio de su quinto trabajo de estudio, "Can't Wait Another Day", de 2007. "Can't Wait Another day" supone el regreso de The Ladybug Transistor a Marlborough Farms, la fábrica de sueños de Gary Olson, donde se cocinará un disco apto para los paladares más exquisitos. Dentro de los ya clásicos movimientos en la formación de la banda, este nuevo trabajo supondrá la incorporación del teclista Kyle Forester y del guitarrista Ben Crum, ambos miembros de Great Lakes, banda inscrita en el colectivo Elephant 6. El resultado es, una vez más, un disco soberbio, un compendio de canciones que reúne lo mejor del pop de los 60's pasado por un tamiz actual (que no moderno) y que vuelve a demostrar el acierto de Gary Olson a la hora de reunirse con buenos amigos, poco importan los cambios en la formación, el sonido de The Ladybug Transistor permanece, e incluso gana enteros, porque Gary Olson sigue ahí, siendo el alma de este proyecto con vocación de clásico de culto. En "Can't Wait Another Day" Olson contará con colaboraciones especiales, como la de Jens Lekman o la de miembros de otras bandas como The Clientele, Vetiver o Architecture in Helsinki, entre otros; está claro que cuando alguien recibe la invitación de Gary Olson no duda en aceptar ni un solo instante. The Ladybug Transistor lleva a la práctica la filosofía del colectivo Elephant 6 en el que se integra la banda, un intercambio enriquecedor de músicos y de ideas que convierte al proyecto de Olson en un lugar de encuentro de amigos, creando un ambiente de trabajo ajeno a las tensiones de una banda convencional y contribuyendo al crecimiento de los responsables de cada grabación así como de la propia banda. Lamentablemente, poco después de la grabación del album, San Fadyl, uno de los más fieles compañeros de viaje de Gary Olson, fallecería víctima de sus severos ataques de asma. Por nuestra parte, sólo nos queda esperar a que Olson nos llame una vez más para disfrutar de una nueva entrega de su elegante recetario, un menú en el que no se falsean ni los ingredientes ni las cantidades; aprenda señora Gallina Blanca.

Como colofón, os dejo los inevitables enlaces, que incluyen la página web oficial de la banda, su myspace y su apartado en la web de Merge Records, además he querido añadir una entrevista a la banda aparecida en la web de Recoil Magazine (lo siento pero está en el idioma de la Pérfida Albión) y un set de canciones grabadas para Daytrotter en 2007. Más complicado lo he tenido con los vídeos, me ha resultado casi imposible encontrar un vídeo decente de The Ladybug Transistor, cuando no fallaba el sonido lo hacía la imagen, y cuando no las dos cosas. Finalmente he seleccionado uno, se trata de una actuación de la banda en los directos de Radio 3 allá por 2001, la imagen debe estar ripeada de VHS por lo que la calidad no es muy buena, pero el sonido es fantástico, lo que os permitirá disfrutar de una canción preciosa como es "Like a Summer Rain". Como sorpresa he insertado una grabación de audio, se trata de una entrevista hecha a la banda en Radio 3, dentro de la serie de "Entrevistas Acústicas" que se realizan en el programa "Hoy empieza todo" de la citada emisora; escuchadla, merece la pena. Como siempre, gracias por estar al otro lado, y sobre todo gracias por llegar hasta aquí porque ¿te has leído lo de antes, no? Espero que os guste.


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THE LADYBUG TRANSISTOR EN MERGE RECORDS



ENTREVISTA A THE LADYBUG TRANSISTOR EN RECOIL MAG

THE LADYBUG TRANSISTOR EN DAYTROTTER SESSIONS

Hoy empieza todo - Entrevistas Acústicas: The Ladybug Transistor - 10/12/09



THE LADYBUG TRANSISTOR- THE ALBERMALE SOUND

martes, 30 de noviembre de 2010

Noah and the Whale- First Days of Spring (2009)

Todos tenemos algún amigo que tiene una concepción un tanto peculiar de lo que significa la sinceridad, un amigo que en un momento dado, y sin que tú le pidas su opinión al respecto, se descuelga con alguna lindeza del tipo: "qué maja tu novia, me cae muy bien. Nunca te lo quise decir, pero es que la de antes era un poco tonta". Vivimos en una sociedad que idolatra la sinceridad, pero que al mismo tiempo no sabe muy bien cómo definir esta virtud o condición, confundiéndola, en la mayoría de las ocasiones con la zafiedad, en este sentido sinceridad y brutalidad se solapan dando lugar a situaciones un tanto violentas. Se premia la vehemencia propia del histrión apartando de las reglas sociales la educación y los buenos modales, que son vistos por muchas personas como algo caduco, un reducto de un dandismo carca y retrógrado que ahora, en un mundo en el que hay que decir siempre lo que uno piensa, es etiquetado como "políticamente correcto". Pues bien, servidor de ustedes prefiere ser políticamente correcto, así que no os preocupéis, que si me gusta más vuestra pareja actual que la anterior, no os lo haré saber nunca, a no ser, eso sí, que me lo preguntéis. No entiendo por qué se han invertido determinados valores y, aún a riesgo de parecer un conservador recalcitrante, no me duelen prendas en reconocer que opino que, en este apartado concreto, cualquier tiempo pasado fue mejor. ¿Y por qué os suelto este discurso? os preguntaréis los más inquietos, pues sinceramente porque no sé muy bien cómo encabezar esta entrada y ésta me ha parecido una buena excusa. Después de elegir el disco de hoy, escucharlo detenidamente e intentarle extraer todo su jugo, me he dado cuenta de que no tiene mucho que ver con su predecesor, el primer largo de esta banda, y me he percatado de que hay un hecho significativo en el plano compositivo, e incluso en el concepto de Noah and The Whale como banda, que diferencia a ambos trabajos, y ese hecho es la ruptura sentimental de dos de sus miembros. Es entonces cuando he pensado que la exnovia de Charlie Fink no me gustaba mucho, pero que no podía empezar un post proclamando algo así, de este modo es como ha comenzado mi diatriba acerca de la sinceridad en nuestra civilización occidental; el resto es historia, si es que todavía estáis leyendo. Yo no sé si vosotros habéis sufrido esa sinceridad brutal y gratuita de la que hablo en las primeras líneas de este post, yo sí, por eso me ha parecido conveniente reflexionar al respecto. Pero ahora que ya tenemos redactado el siempre complicado primer párrafo, dejémonos de monsergas y vayamos al disco, que es lo que importa; luego, cuando nadie nos vea, pondremos a caer de un burro a la ex de Charlie Fink, como se ha hecho toda la vida.

Noah and the Whale nace como banda en el año 2006, cuando un grupo de muchachos residentes en Londres deciden unir sus fuerzas para dedicarse a lo que más les gusta, la música. La voz cantante de este proyecto la pondrá, sin ningún género de dudas, Charlie Fink, un talentoso joven con aspecto de yerno perfecto. Charlie tocará la guitarra, el ukelele y además compondrá y cantará todos los temas de la banda, le acompañarán: Doug Fink, hermano de Charlie, a la batería, Urby Whale en el bajo, Tom Hobden, que se encargará de tocar el violín y por último Laura Marling, pareja de Charlie Fink, que pondrá el contrapunto dulce a la voz grave y rasgada de Fink, haciendo los coros. Charlie Fink es un cinéfilo confeso y decide bautizar a la banda haciendo un juego de palabras entre el título de una de sus películas favoritas y su director, de este modo Noah and The Whale surge del título del film The Squid and The Whale (Una Historia de Brooklyn, en España) y del nombre de su creador Noah Baumbach. Poco a poco la banda se va haciendo un hueco en la escena independiente londinense y no tardarán en grabar algunos singles, entre ellos el de la canción que poco más tarde figurará en su album de debut y con la que consiguieron una gran repercusión, me refiero a "5 Years Time". Este tema, facilón y pegadizo, fue utilizado en varios anuncios y dio alas a Noah and the Whale para grabar su primer disco, al cual titularían "Peaceful, The World Lays Me Down". La crítica y el público reciben con los brazos abiertos la puesta de largo de la banda, un disco que, en conjunto, queda eclipado por el single "5 Years Time", que acarrearía una enorme popularidad para Noah and the Whale, sobre todo en el Reino Unido. En realidad se trata de un disco de debut bastante correcto, sin ser nada del otro mundo, muestra a un grupo de jóvenes músicos con unas referencias muy claras pero con un estilo propio todavía por definir. La crítica no tardará en compararlos con Neutral Milk Hotel, Belle & Sebastian o Bonnie Prince Billy, ellos citan como influencias el folk y el punk rock, aunque si lo que buscas en sus canciones es algo similar a un "Gabba Gabba Hey!" pronunciado alto y claro y con el puño levantado, te vas a llevar algo más que una decepción, aviso para navegantes. Sea como fuere, "Peaceful, The World Lays Me Down" es un disco amable, con buenas intenciones, alguna canción más que interesante y algún que otro tema que nos recuerda a lugares ya visitados con anterioridad. La producción del disco corre a cargo de Eliot James, que colabora estrechamente en los arreglos y que sabe enriquecer perfectamente un album que de otra manera habría resultado un tanto plano. De este modo, los metales y los violines golpean ahí donde es necesario, dotando de cuerpo a unas canciones resultonas que enganchan fácilmente y que catapultan a "Peaceful, The World Lays Me Down" a las posiciones más privilegiadas de los debutantes de 2008. La voz de Laura Marling consigue encandilar a la crítica, ciertamente funciona a la perfección como contrapunto de Fink, con quien empasta sin ningún problema, y desde luego hay que valorar que cuando la chica graba este disco apenas tenía dieciocho añitos. Laura Marling había debutado con poco más de dieciséis años gracias a esos extraños fenómenos cibernéticos relacionados con myspace, página en la que esta lolita folkie había colgado unas cuantas canciones que no tardaron en atraer a un buen puñado de fans y a unos cuantos cazatalentos ávidos por hacerse con una nueva pieza. Así es como Laura Marling se fue haciendo un nombre en el pop británico, gracias a su capacidad de trabajo, demostrada en unas giras interminables, y a un buen puñado de temas que vieron la luz en forma de singles y EP's. Charlie Fink se involucraría en la carrera de la que por entones era su pareja produciéndole su disco de debut, "Alas I Cannot Swim", que vería la luz unos meses antes que "Peaceful, The World Lays Me Down". Y hasta aquí tenemos la historia de dos jóvenes guapos, con talento y con una incipiente y prometedora carrera musical, una pareja sentimental que comparte éxitos, individuales y comunes, y que disfruta de sus particulares días de vino y rosas. Pero todo tiene su principio y su final, como bien cantaba el sabio Vinicius de Moraes: "tristeza não tem fin, felicidade si", así que la relación de nuestros atractivos geniecillos llegó a su fin, algo que se puede experimentar de manera patente en "First Days of Spring", un disco que se despega de su antecesor y que nos muestra la cara adulta de un gran compositor que se acerca a su madurez creativa. Antes del lanzamiento de su segundo largo, la banda había puesto en el mercado en 2008 "Noah and the Whale presents... The A Sides", un EP limitado a 2500 copias en vinilo de 12", que recoge algunas canciones inéditas de Noah and The Whale junto con alguna versión, un album cuyos beneficios fueron a parar a una ONG dedicada a ayudar a los ancianos.

Muchos de vosotros os estaréis preguntando ¿y qué ha hecho esta pobre muchacha, Laura Marling, para que este plasta de Binguero asevere que no le cae bien? Obviamente la respuesta es absolutamente nada. Sencillamente me gusta más cómo compone Charlie Fink en este segundo album y creo que ese cambio se debe a su fallida relación con Marling, un desengaño amoroso que es patente en las canciones de "First Days of Spring", y que lo convierte en un disco más melancólico, con una paleta totalmente agridulce y con unos arreglos de cuerda sublimes. Tal vez mi problema sea que identifico en exceso el primer disco de Noah and the Whale con la canción "5 Years Time", un tema un tanto ramplón bajo mi opinión, pienso en el binomio Fink-Marling y me viene el condenado silbidito a la cabeza. Curiosamente al desaparecer Laura Marling, desaparece ese lado más frívolo de Charlie Fink como compositor, lo que dota de mayor profundidad a su segundo disco; de ahí deduzco, seguramente de manera errónea, que Fink está mejor solo que con Marling, al menos en el aspecto musical, que nadie me malinterprete, o quizás sea que todo se deba a que a veces las mejores obras de arte se gestan desde el dolor y la decepción. Aclaradas mis filias y mis fobias, vayamos a analizar el segundo LP de Noah and the Whale, un trabajo ambicioso que Charlie Fink concibe además como una película, un mediometraje que titulará como el disco (de hecho en la edición deluxe de este LP el disco va acompañado de la película), además nuestro cinéfilo militante también rueda el proceso de grabación del LP en un documental que titulará "First Days". Muchos críticos describen "First Days of Spring" como un disco muy cinematográfico, el disco comienza situándonos la acción, cuenta con dos pasajes instrumentales de una enorme belleza y se remata con otro puñado de canciones que desarrollan la trama. El disco se abre con "First Days of Spring", canción que da título al album y que empieza con un acompañamiento de cuerdas fantástico que sirve de escolta a una guitarra eléctrica, limpia, sin distorsión, la voz de Charlie Fink comienza a dibujar el paisaje en el que se va a desarrollar la trama y sin apenas darnos cuenta ya nos estamos enganchando a la historia. Fink apuesta fuerte, sabe de la importancia de los inicios, un buen comienzo es fundamental, es lo que decidirá si seguimos interesados en la historia o si nos decantamos por un zapping mental, Fink lo borda y consigue seducirnos con el tema más ambicioso del album, una canción de casi siete minutos con una orquestación brillante. El telón ha caído, los actores pisan las tablas y la escenografía se descubre ante nuestros ojos, el público está expectante, acaba de entrar en la historia y quiere más, Fink se destapa de nuevo con "Our Window", disminuyendo la solemnidad del comienzo, pasando página tras la obertura y ofreciéndonos un pasaje de una gran intensidad emocional. El segundo corte del LP es una canción que destila amargura en cada nota: "Spring can be the cruelest of months", canta Fink en "Our Window", un tema en el que, de nuevo, hay que destacar unos exquisitos arreglos. "I Have Nothing" es el tercer corte de "First Days of Spring", una canción que recoge el testigo taciturno y lluvioso de "Our Window", es el tema en el que Fink rompe con mayor deliberación su voz, alcanzando en ocasiones cotas de desafinación que dotan de mayor dramatismo a la historia. Fink desnuda sus sentimientos, se muestra como un amante abatido por la pérdida de su pareja, a quien se dirige con la esperanza de un feliz reencuentro ¿alguno de los presentes no se ha encontrado así en algún momento de sus vidas? ¡Bingo! Eso se llama empatía y es la clave para que cualquier historia nos enganche, sentir que nos reflejamos en ella, bien sea en nuestro presente, en un pasado no muy remoto o en un anhelado futuro; bravo Mr.Fink, la historia funciona. "My Broken Heart" continúa con esta historia de desamor, y lo hace con un tono especialmente agridulce, con una letra que se debate entre el desamparo y el orgullo de aquel a quien han partido su corazón en mil pedazos: "I'm impenetrable to pain, oh, you can break my broken heart", ¿no escucháis el tintineo de los cubitos de hielo en el whiskey al oir esta canción? "My Broken Heart" introduce metales y, por primera vez, una guitarra eléctrica distorsionada, como la percepción del personaje, que no sabe si reir o llorar. A continuación, la representación contará con un breve descanso durante el que aprovecharemos para afinar los instrumentos que intervendrán el el siguiente pasaje, así es como podríamos definir "Instrumental I", que adelanta los compases de uno de mis temas favoritos de "First days of Spring", "Love of an Orchestra". "Instrumental I" rebaja la tensión emocional del album, sirviendo de puente a lo que podríamos considerar la segunda parte del disco, que comienza con el corte número seis, la mencionada "Love of an Orchestra". Esta segunda parte de "First Days of Spring" comienza con un coro que abre una ventana a la esperanza dentro de esta historia de corazones rotos: "If you gotta run, run from hope", nos recomienda este conjunto de voces en un inicio que haría enfurecer de envidia a Stuart Murdoch o al mismísimo Neil Hannon; grandioso. A continuación entra la orquesta y la voz de Fink, que suena más juvenil y limpia, es el resurgir de quien estaba herido de muerte y que se aferra a la música para seguir viviendo y disfrutando de la vida y del amor, es el renacimiento de la naturaleza en la primavera, con unos violines que nos evocan, inevitablemente, a Vivaldi; tomad buena nota porque caeréis rendidos ante esta canción.

Tras la explosión de vida de "Love of an Orchestra", la historia se ralentiza con un nuevo puente intrumental, en este caso protagonizado por una guitarra eléctrica que nos evoca esos atardeceres primaverales en los que uno desearía que el tiempo se detuviese y sólo se escuchase el rumor del agua; una vez más, reivindico la inclusión de la pereza en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. "Stranger" es la canción que se encarga de retomar el pulso de la historia, y lo hace con una letra preciosa, en la que Fink cuestiona aquel viejo dicho que asevera que un clavo saca a otro clavo. De nuevo nuestro amante abatido vuelve a dar signos de flaqueza, desencantado ante una nueva relación, toma conciencia de que la herida abierta por la pérdida de su amada tardará mucho tiempo en cicatrizar, de hecho tal vez no lo haga nunca. Os invito a leer la letra de "Stranger", echadle un vistazo, aunque no dominéis la lengua de Shakespeare no creo que encontréis muchas dificultades en entenderla (Haced click AQUÍ, abstenerse corazones recién abandonados). Musicalmente hablando, es un tema que se apoya en los magníficos arreglos de cuerda marca de la casa, creando una atmósfera que juega, de nuevo, con los claroscuros, con las sensaciones agridulces de nuestro protagonista, un naúfrago sentimental abandonado a su suerte en una eterna y lúgubre primavera. "Blue Skies" busca de nuevo la complicidad con el oyente, de hecho Fink se dirige a todos nosotros reconociendo que ésta es una canción para cualquiera que tenga el corazón roto, así es como reza la primera frase de ésta, la novena canción de "First days of Spring". Nuestro atribulado Romeo se esfuerza por salir del pozo e intenta componer un nuevo canto a la esperanza, en este caso asegura que ésta será la última canción que compondrá con su añorada amada en mente. Los metales entran en escena flirteando con violines y cellos, y dan paso al coro de ángeles que ya habíamos disfrutado en "Love of an Orchestra"; se avecina el final y parece que nuestro protagonista quiere insuflar un soplo de esperanza entre tanto desamor. Él décimo corte del LP se titula "Slow Glass", y personalmente me parece el tema de menor intensidad del disco, una canción que ignora los arreglos que tan buenos resultados había proporcionado al resto del conjunto y que apuesta por un pop más convencional. El último minuto de esta pista sirve de introducción a la última canción de "First Days of Spring", "My Door Is Always Open", una composición emparentada con el tercer corte del disco, "I Have Nothing", de hecho la entonación de Fink en ambos estribillos es casi la misma. "My Door is Always Open" funciona en nuestras mentes como un travelling a través del cual analizamos toda la historia de nuestro desdichado amante, un tipo que ha tocado fondo, se ha levantado, se ha vuelto a caer y finalmente se ha prometido a sí mismo alzar la cabeza para disfrutar de los esperanzadores cielos azules de la primavera. De hecho, Fink no muestra ningún rencor en la letra de esta canción, pero al mismo tiempo se congratula de ser libre, no libre de corazón, sino libre del dolor al que le tenía sometido esta amarga ruptura. Este último tema es el más desnudo del disco, encomendando toda la carga emocional a dos guitarras, una acústica y otra slide, que son el único acompañamiento de la voz de Fink hasta que al llegar al tramo final de la canción surge un coro que marca el clímax de la historia, poniendo, no sabemos si el punto y aparte o si el punto y final, a esta malograda historia de amor.

Unos días antes de que saliera a la luz "First Days of Spring", Charlie Fink sufre otro revés emocional, su hermano, hasta entonces batería de la banda, anuncia que abandona Noah and The Whale para centrarse en sus estudios de medicina; Jack Hamson ocupará su lugar en la nueva formación, acompañado de otra incorporación, Fred Abbott, que se encargará de la guitarra y de los teclados. "First Days of Spring" volvería a atraer la atención de la crítica, que valorará muy positivamente este paso adelante en la madurez compositiva de Charlie Fink, mientras que desconcertará a algunos de sus fans, que no encuentran ni rastro de frivolidad en un disco que abre de par en par las puertas de las alcobas más íntimas del corazón de su autor. A pesar de que el disco tuvo una buena acogida, no contó con ningún single que gozase del éxito del pegadizo "5 years Time", no obstante, el segundo LP de Noah and The Whale figuró entre lo mejorcito del pasado año para muchas publicaciones especializadas. En enero de 2010 empiezan a correr rumores acerca del nuevo disco de la banda, que no tardará en encerrarse en el estudio para plasmar las nuevas composiciones de Fink. Tras numerosas especulaciones al respecto, parece que el disco estará listo para marzo de 2011 y llevará por título "Last Night On Earth".

Ya no me queda más que añadir (menos mal, dirá más de uno), salvo los imprescindibles enlaces. Por supuesto, os dejo los enlaces a la página web oficial de Noah and The Whale y a su myspace, y como guarnición podréis picotear una reseña de "First Days of Spring" aparecida en la web Drowned In Sound y una entrevista, en lengua bárbara eso sí, en la página Under The Radar. Como además he encontrado bastante material audiovisual que me ha parecido de interés, también os dejo un enlace a la magnífica web La Blogotheque, donde podréis disfrutar de dos actuaciones de Noah and the Whale; aunque se trata de temas pertenecientes a su primer trabajo son dos canciones bastante recomendables. Como guinda del pastel, cierro los enlaces con un link al blog de la grabación del documental "First Days", en el que Charlie Fink recoge el proceso de grabación del segundo disco de la banda. Y como no, los videos, me he decantado por "Love of an Orchestra" y por "Blue Skies", que me parecen dos grandísimas canciones. Espero que os guste.


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viernes, 19 de noviembre de 2010

James Yorkston- The Year of The Leopard (2006)


¿Alguna vez os habéis comprado un disco sólo (lo siento señores académicos, me niego a prescindir de este acento) por la portada? Yo sí, y muchas veces además. Este es un acto de una osadía sin igual, es como lanzarte de cabeza a una piscina sin conocer con exactitud su profundidad, como caminar por el alambre sin red, sin ser consciente de lo que te vas a encontrar al otro lado. Muchas veces me he sentido atrapado por portadas de una fuerza visual tremenda y no me ha quedado más remedio que tomar el disco en cuestión entre mis manos, mirarlo por el derecho, más tarde por el revés, extraerlo pacientemente de su funda y examinarlo al trasluz, como si supiera para qué demonios sirve esta extraña operación, leer con detenimiento los créditos, como si eso me fuera a sacar de alguna duda, y finalmente buscar en el bolsillo de mi raído pantalón la cantidad exacta que marca la pegatina para llevar a cabo la, ya ritual, transacción. Así es como esas preciadas piezas caen en mis manos, eso sí, luego viene lo realmente trágico: llegar a casa y salir de dudas, comprobar si hemos metido la pata o no. Es entonces cuando vuelves a repetir todos los pasos que habías seguido en la tienda, pero sintiendo en este caso que manejas un paquete bomba que puede explotar en tus manos o que en cambio puede resultar, felizmente, inofensivo para tu orgullo y tu bolsillo. Aquí la suerte es dispar, nos hemos guiado por algo tan poco esclarecedor como es una portada, y las consecuencias a veces son letales (tengo muchos ejemplos de discos meramente decorativos), mientras que en otras ocasiones son gozosas, llevándonos a un éxtasis musical que culmina aquella especie de epifanía que habíamos tenido en la tienda, cuando habíamos pensado "ese disco debe ser la ostia, menuda portada". La llegada de las nuevas tecnologías, y sobre todo de este nido de piratas y maleantes que es internet, ha acabado en parte con el romanticismo discográfico de hace una década, ahora ya no es necesario correr riesgos económicos, si un disco te ha llamado la atención en la tienda, te lo bajas y si te gusta te lo compras, así con toda la profilaxis del mundo. No obstante, las portadas siguen siendo para mí un sugerente reclamo, un caramelo, a veces envenenado, que me lleva a sucumbir ante determinados discos. Por eso me cuesta tanto entender a toda esta generación que almacena canciones en lugar de atesorarlas, que desconoce los soportes clásicos de las grabaciones musicales y que sólo utiliza el mp3 como forma de disfrutar de la música. Esa generación que no necesita tocar los discos, olerlos, enamorarse de sus portadas, llorar desconsoladamente el día que le haces una raya a tu disco favorito (quizás no sepan ni que los discos se pueden rayar). Todo eso me provoca un enorme estupor y me hace pensar que el consumismo voraz de nuestro tiempo ha llegado también a la música, una música que se ha mercantilizado en exceso atizada por una sociedad que no sabe apreciar el bello fetichismo que se esconde tras las grabaciones, una sociedad que acumula emociones en archivos binarios que ni siquiera pueden abrazar cuando se sienten desconsolados, un puñado de melómanos impostores que no saben cúal es la portada de su disco favorito porque el archivo que se bajaron venía sin el "artwork" (qué barbarismo tan feo). Y cuidado, porque ahora esta apisonadora de recuerdos y emociones ha puesto su mira en los libros. Estáis avisados.

Y por qué empiezo con este rollo, pues porque el disco de hoy es uno de esos que me llamaron la atención por su portada, un bonito diseño que parece salido de un cuento oscuro, una atracción fatal que tuvo un final feliz. James Yorkston nace en Kingsbarns, un pequeño pueblo de Fife, Escocia, de niño es un muchacho inquieto que no tardará en mostrar interés por la música, de hecho a los ocho años comenzó a tocar algunos instrumentos. A los diecisiete decide mudarse a Edimburgo con su novia, al mismo tiempo que se involucra en una banda de garage y punkrock llamada Huckleberry en la que tocará el bajo; poco más tarde acabará regresando a Fife. En 1996 dará su primer concierto acústico, después de que un amigo que trabajaba en una tienda de discos lo eligiera para telonear, ni más ni menos, que a Bert Jansch, será por aquella época cuando nuestro hombre se incline definitivamente por los sonidos acústicos de herencia folk, dejando atrás los sonidos más rudos y primarios; sin duda aquella experiencia fue decisiva en su carrera. A partir de entonces, James Yorkston se inscribe en el Fence Collective, un pequeño sello que funciona como un grupo de amigos y artistas con base en la ciudad de Fife y que pretende promocionar a los músicos de la zona, el fundador y cerebro de este pequeño movimiento será Kenny Anderson, cuyo nombre artístico es King Creosote. Con Fence Records, Yorkston grabará en lo sucesivo algunas referencias, además de colaborar en recopilatorios, todo ello con un espíritu próximo al amateurismo, lo que hace que sean, a día de hoy, piezas difíciles de encontrar. Pero la carrera en solitario de James comienza como tal en el año 2000, cuando graba un cinta casera bajo el nombre de J. Wright Presents, se lía la manta a la cabeza y se la envía al mismísimo John Peel, quien, sorprendentemente, no tardará en pinchar algunas de las canciones en su programa. Esa misma cinta, también se la envía al cantautor folk británico John Martyn, quien finalmente le invitará a ser su telonero durante una importante gira. Durante ese tour que le llevará por Irlanda y Reino Unido, uno de los capos de Domino Records, Laurence Bell, queda impactado por la actuación de Yorkston, por lo que no tardará en ponerse en contacto con él para ofrecerle estampar su firma en un contrato. Es así, con el tesón y con la humildad de un verdadero artista, como James Yorkston se va abriendo camino en la escena folk británica; finalmente su fe obtiene la ansiada recompensa y en octubre de 2000 publica su primera grabación, el single "Moving Up Country". Yorkston comienza una carrera de fondo, sin prisa pero sin pausa trabaja en sucesivos temas y alumbra pequeñas piezas que añadir a su, entonces, incipiente discografía, es así como en enero de 2002 graba un single compartido con Lone Pigeon, integrantes a su vez del Fence Collective. Nuestro laborioso cantautor forma una banda estable que le servirá de perfecta compañía en sus grabaciones y en sus directos, se llamarán, como no podía ser de otra manera para este fondista, The Athletes, y con ellos grabará en mayo de 2002, un EP titulado "St. Patrick". Meses más tarde tendrá lugar la puesta de largo de James Yorkston, que graba su primer LP al que llamará "Moving Up Country", justo como el primer single que alumbró. Las primeras grabaciones de Yorkston, y en particular su primer LP, evidencian las influencias de este cantautor, que combina como pocos la tradición folk británica con el country americano, creando ambientes alejados del mundo moderno y más próximos a los utópicos postulados de finales de los 60's y principios de los 70's, cuando un buen número de artistas y pensadores de diverso pelaje apostaban por un regreso a las raíces, una vuelta al origen, a un mundo más pausado, a una sociedad más humana. El primer disco de Yorkston y sus atletas es muy bien recibido por la crítica, lo que le dará alas en su tenaz carrera por convertirse en uno de los compositores de referencia del folk británico contemporáneo, de este modo, nuestro obrero acústico se embarca en diferentes giras teloneando a artistas como The Divine Comedy, Lambchop o Turin Brakes. En 2003 Yorkston pule una nueva gema que añadir a su colección, el EP "Someplace Simple", su tercera referencia con el exquisito sello Domino Records, en él introduce nuevos instrumentos, como el banjo, el cello, el acordeón, la concertina, obteniendo un sonido que le emparenta con los primeros Fairport Convention. Un año más tarde Yorkston y los suyos se encierran en el estudio para ultimar su segundo LP, dejando la producción a los mandos de Kieran Hebden. El trabajo del cantautor y su banda se plasmará en "Just Beyond The River", un disco que superará las expectativas creadas con su primer album y que obtendrá el beneplácito de la crítica especializada; la frágil belleza de las composiciones, sus cuidados arreglos y la tierna voz de Yorkston se convierten en el santo y seña de este artesano del folk, que sigue trabajando y ganando adeptos a su causa. La cadena de producción folk de Yorkston no para ni un segundo, y en octubre de 2005 el sello español Houston Party Records saca a la luz un nuevo EP del británico, en este caso titulado "Hoopoe" y compuesto por seis temas. Casi sin tiempo para descansar, James se enrola en una nueva aventura discográfica, su tercer LP: "The Year of The Leopard".

"The Year of The Leopard" es el primer largo de Yorkston en el que no están acreditados sus atletas, un trabajo en el que prima la desnudez musical, tal y como se nos adelanta en la contraportada con esa foto de un Yorkston solitario, que parece salido de otro tiempo. La producción del album correrá a cargo de Rustin Man, antes conocido como Paul Webb, antiguo bajista de Talk Talk reconvertido a productor desde principios del nuevo milenio. Y el resultado será un disco de una belleza sorprendente, a veces inquietante y otras plácida e inspiradora. El album comienza sin concesiones, directo al corazón con una preciosa canción, "Summer Song". Se trata de un tema en el que parece que podemos acariciar las guitarras acústicas y con el que resulta fácil dejarse llevar por la susurrante voz de Yorkston; una percusión casi inaudible comanda el ritmo de esta composición que nos traslada a otra época, al mismo tiempo que varios instrumentos, tradicionalmente ligados a la música folk, se incorporan a la canción para formar un hermoso puente. Cuando acaba el primer tema de "The Year of The Leopard" queremos más, y vaya si lo tenemos, "Steady as She Goes" es uno de los mejores temas del disco, es una de las canciones que más se aproximan al pop, casi podríamos decir que la más comercial del album, pero ello no le resta calidad en ningún momento, más bien al contrario. De nuevo se repite la base acústica y la tenue percusión, si bien ahora se añade un banjo, un cello y otros instrumentos que dotan de múltiples matices a una canción que gana con cada escucha. Especialmente conmovedor me parece el tercer tema, que da título al disco, que muestra a un compositor con una capacidad para emocionar fuera de lo común, un genio que armado con su voz y las cuerdas de su guitarra consigue ponernos el vello de punta. En el ecuador de la canción se suman una voz femenina, la de Jenny Casino, y un discreto arreglo de viento, que funcionan como perfecto complemento de la melancolía que destila esta bellísima canción. El disco continúa con "5 A.M.", un tema con el que Yorkston se deja querer por ese pop de cámara tan efectivo y que tan buenos resultados ha dado a ciertas bandas escocesas e inglesas, pero todo ello sin abandonar su apego a la música tradicional y al folk, para construir una canción que se hace grande gracias a unos maravillosos arreglos de cuerda y a una voz que tiene un don especial para emocionarnos. En casi todos los discos hay una canción de la que uno podría prescindir, un tema que funciona como un intruso que se ha colado en una fiesta a la que no ha sido invitado, en "The Year of The Leopard" esa canción es ""Woozy with Cyder", que curiosamente se convertiría en uno de los sencillos del álbum. En este, quinto tema del disco, James Yorkston divaga, o más bien ironiza, acerca de si su música le hará algún día rico, y esto lo hace sobre una base musical propuesta por Steve Reich, uno de los padres del minimalismo, que se podría ir con sus sintetizadores y sus aparatitos a otra parte mucho menos evocadora que la que sugieren las composiciones de James Yorkston. Ésta es una colaboración extraña, propia, probablemente, de personas musicalmente inquietas, como es el caso de Yorkston, cuyo resultado no deja a nadie indiferente, estoy seguro de que habrá a quien no le moleste este corte, quizás hasta le guste, pero a mí me chirría dentro de una sinfonía acústica tan bella como la que plantea el músico escocés. A esto hay que sumarle que si uno no es angloparlante es muy fácil perderse en el discurso de Yorkston, de hecho hay que ser prácticamente bilingüe para seguir la perorata de nuestro amigo, lo que sin duda hace que baje la emotividad y la intensidad del disco. Que no cunda el pánico, porque tras este leve pinchazo vuelve nuestro Yorkston, y lo hace con "I Awoke", mostrando sus armas habituales y dejando de lado banales experimentos sonoros. Con ello consigue atraparnos de nuevo en su red de cuerdas acústicas y sutiles arreglos, a la vez que la sugerente voz de Jenny Casino arropa con mimo una canción frágil, hermosa y llena de pequeños matices, una nueva maravilla firmada por este genio. Así llegamos al tramo final del disco, y lo hacemos con "Brussels Rambler", un tema en el que la voz de Yorkston se muestra entre melodiosa y hablada, con una naturalidad y una expresividad punzante, próxima a los registros de Kurt Wagner, y acompañada por unos arreglos de viento que acarician las cuerdas de unas guitarras percutoras. "Orgiva Song" comienza con un teclado, al que se van añadiendo eventualmente otros instrumentos, como una harmónica, un piano, un xilófono, y otra voz que acompaña a la de Yorkston, el resultado es un tanto tibio e inquietante, aunque sin llegar a los niveles de "Woozy with Cyder"; quizás la mano de los productores sea excesivamente alargada en ciertas ocasiones y empuje a los músicos a experimentar en terrenos que distan de su habitat natural, puede que éste sea uno de esos casos. Pero si alguien pensaba que nos iban a adulterar al bueno de James andaba muy, pero muy equivocado, cuando se acerca el cierre del disco Yorkston se descuelga con un temazo de la envergadura de "Don't Let Me Down"; mira bien tu corazón, porque si esta canción no te emociona puede que te hayan dado el cambiazo y te lo hayan sustituído por una alpargata vieja. La épica acústica de James Yorkston regresa felizmente con esta canción en la que su voz es apenas un susurro que se pierde en la neblina de unos arreglos fantásticos, que enriquecen la canción sin eclipsarla y sin caer en sobreproducciones; imposible no temblar cuando escuchamos a Yorkston pidiéndonos que no le dejemos caer, "Don't Let Me Down". Y casi sin darnos cuenta hemos llegado a la décima y última canción de "The Year of The Leopard", "Us Late Travellers", otra maravilla acústica en la que el escocés juega con los géneros a su antojo, descolocando a los amantes de las etiquetas musicales. ¿Qué hace Yorkston, folk, country, música tradicional, acaso es pop? qué importa, lo que realmente cuenta es que el resultado es de una belleza arrebatadora, que tiene un sello propio, un estilo reconocible, y que es capaz de emocionarnos casi hasta la lágrima, cuando se lo propone. "The Year of The Leopard" fue aclamado como uno de los mejores trabajos de 2006 y situó a su creador en la cima de los creadores folk, convirtiéndolo en todo un referente del género. El disco vería la luz en los USA en 2007, un año más tarde que en el Reino Unido y Europa, y del mismo se prensarían distintas ediciones, la que ofrecemos en Rainy Day Music es la normal, la de CD sencillo, pero el tercer trabajo de Yorkston se editó en vinilo (en un precioso formato de doble 10'' con dos temas extra: "I Acknowledge The Devil" y "Buzzard") y también en una edición especial de dos CD's que contenía seis pistas extra con las demos de algunos temas del disco.

Como ya anunciábamos, James Yorkston es un estajanovista del folk y ha seguido trabajando incesantemente, colaborando con The Fence Collective, junto a los que ha apoyado a sus amigos y ha girado en diversos tours completando varias formaciones, y por supuesto editando más trabajos en diferentes sellos. No en vano, en 2007 realiza para Fence Records "Lang Cat, Crooked Cat, Spider Cat", un trabajo instrumental compuesto por siete temas, ese mismo año Domino Records edita "Roaring The Gospel", un disco que recoge las caras B's de algunos de los singles de Yorkston junto con otras rarezas. Será en 2008 cuando vea la luz el cuarto LP de estudio de Yorkston, "When The Haar Rolls In", un disco con una portada preciosa, un trabajo que, aunque se muestra más luminoso que su predecesor, continúa la misma senda, según la cual las canciones se cocinan a fuego lento, siguiendo la receta acústica y tradicional que tan buenos resultados le ha dado al escocés, todo ello salpimentado por unos arreglos magistrales marca de la casa. Y así llegamos hasta 2009, año en que se edita el, hasta la fecha, último álbum de James Yorkston, "Folk Songs", en el que se hará acompañar de The Big Eyes Family Players. "Folk Songs" es un disco que sitúa a Yorkston más cerca que nunca de la música tradicional propia de las Islas Británicas, versioneando clásicos como "Martinmas Time", aunque sin perder la esencia de sus anteriores trabajos, aquellos que le han convertido en un verdadero gigante de la escena folk mundial.

Ponemos el colofón a esta entrada con una nueva dosis de enlaces, como no podria ser de otra manera, con los links a la página web oficial y al myspace de James Yorkston, además os dejo un tercer enlace al espacio que la web de Domino Records dedica a este genio escocés. Un cuarto enlace os conducirá a una reseña de "The Year of The Leopard" aparecida en la página web Drowned In Sound, mientras que un quinto link os facilitará la llegada a una entrevista realizada a James Yorkston aparecida en The Guardian, sólo apta para angloparlantes. Buceando en la búsqueda de vídeos para esta entrada me he encontrado con dos magníficos documentos que me gustaría compartir con todos vosotros, el primero es un documental de 15 minutos sobre la grabación de "The Year of The Leopard", se titula "Making The Year of The Leopard" y está dividido en tres partes, por lo que os adjunto sus tres correspondientes enlaces. El segundo video que os enlazo lleva por título "Homelights Tour", se trata de un documental de unos 20 minutos que recoge algunos momentos de la gira que realizaron conjuntamente James Yorkston, Adrian Crowley y Alasdair Roberts, y que les llevó por tierras irlandesas. Finalmente he insertado dos vídeos en la entrada, el primero es el videoclip oficial de la canción "Steady as She Goes", incluída en "The Year of The Leopard", mientras que el segundo muestra a Yorkston acompañado de sus Big Eyes Family Players interpretando el tema tradicional "Martinmas Time", incluído en su último trabajo, "Folk Songs". Espero que os guste.


PÁGINA WEB OFICIAL DE JAMES YORKSTON


MYSPACE DE JAMES YORKSTON

JAMES YORKSTON EN LA WEB DE DOMINO RECORDS

ENTREVISTA A JAMES YORKSTON EN THE GUARDIAN


MAKING THE YEAR OF THE LEOPARD- PARTE 1 /// PARTE 2 /// PARTE 3

HOMELIGHTS TOUR



JAMES YORKSTON- THE YEAR OF THE LEOPARD

viernes, 12 de noviembre de 2010

Vetiver- To Find Me Gone (2006)


Está bien, admitámoslo, soy un mitómano. Y lo soy hasta tal punto que a veces me interesa más el personaje que hay detrás de las canciones que su propia música; no me suele pasar a menudo, ya que lo normal es que mis genios más adorados sean también aquellos que componen sutilmente el hilo musical de mi existencia, pero en ocasiones se me cuela algún intruso que acaba ganándome el corazón, aunque musicalmente no me pellizque del todo el alma. Esto es lo que me sucede con el bueno de Devendra Banhart, un tipo peculiar donde los haya que me gusta más por cómo es que por lo que hace. Este brillante chiflado es capaz de crear joyas de la talla de "Santa Maria da Feira" o "Samba Vexillographica", verdaderos himnos del folk y del pop mas naïf, para después descolgarse con unos truños como puños que provocan una digestión más que pesada. Pero aún así, el bueno de Devendra se ha ganado un huequecito en el sancta sanctorum de mi discoteca, un pase de invitado al Olimpo de mis locos favoritos. Este yanqui criado en Venezuela ha conseguido engatusarme con ese aire de hippie iluminado, de santón que rezuma paz interior, de genio que parece estar constantemente a punto de crear su obra maestra. Y claro, una vez que dejas entrar en tu casa a un tipo tan peculiar, no te queda otra que tener que invitar de vez en cuando a tomar café a sus colegas; así es como mi buen amigo Devendra me presentó a Vetiver. Así es como abrí la puerta de mi humilde hogar discográfico a unos desconocidos que, sin apenas permiso, se instalaron en mi salón, se bebieron mis cervezas e hicieron de mi sofá su cama; gracias a Dios han respetado a mi mujer, pero amenazan con no irse nunca, afortunadamente.

Durante la última década se ha ido dibujando una escena folk muy próxima a la psicodelia y al pop barroco de finales de los 60's, es lo que se ha dado en llamar Freak Folk, una expresión más que añadir al saco sin fondo de etiquetas de los críticos musicales, y que cuenta con Devendra Banhart, Joanna Newsom, Sufjan Stevens, Animal Collective y, por supuesto, Vetiver, entre sus más destacados miembros. Vetiver dio sus primeros pasos en 2004, fruto del talento de Andy Cabic, alma mater y cerebro de la banda. Cabic tocaba en una banda de rock llamada The Raymond Brake, una formación que nace a mediados de los 90's en Greensboro, Carolina del Norte, y que tendría cierto éxito a nivel local, con ellos grabó un LP, un EP y varios singles, hasta que en 1998 decide mudarse a San Francisco. En Frisco, Cabic se unirá a la formación de rock bailable Tussle, donde tocará el bajo, al mismo tiempo que entra en contacto con Joanna Newsom y con Devendra Banhart, a quien conoce en el San Francisco Art Institute; es así como se zambulle en una escena folk en plena efervescencia, sin duda la amistad que entabla con estos dos talentosos músicos influirá enormemente en su concepción musical y en sus posteriores trabajos. Cabic empieza a colaborar musicalmente con sus nuevos amigos, toca junto a ellos y les acompaña en sus giras, durante ese período compone algunas de las canciones a las que más tarde dará forma bajo el nombre de Vetiver. De este modo, 2004 se convierte en un año clave para nuestro amigo, ya que escribe junto a Banhart uno de los temas de su disco "Rejoicing In The Hands", concretamente el que lleva por título "At The Hop", y al mismo tiempo verá luz el disco de debut de su banda, el homónimo "Vetiver", auspiciado por el pequeño sello independiente DiCristina. En su nueva aventura, Cabic estará acompañado por el entrañable barbudo, Banhart, que se encargará de la guitarra y de los coros, Jim Gaylord, al violín, y Alissa Anderson, que tocará el cello; Cabic se encargará del banjo, la guitarra acústica y, por supuesto, llevará la voz cantante. El LP estará producido por Thom Monaham, miembro de The Pernice Brothers, y contará con invitados de la talla de Joanna Newsom, Hope Sandoval y el antiguo batería de My Bloody Valentine, Colm O'Ciosoig. El primer disco de Vetiver sienta las bases de lo que será el definitivo sonido de la banda, es un magnífico viaje iniciático en el que Cabic se reúne con sus amigos y se sumerge en un territorio en el que se desenvuelve como pez en el agua: canciones con cuerpo folk que en ocasiones arropa con vestidos country y con delicadas texturas musicales, canciones tiernas, tranquilas, que se aproximan al pop en algunas ocasiones, pero sin perderse en caminos trillados ni en convencionalismos banales. Banhart contribuye firmando dos canciones junto a Cabic, "Amour Fou" y "Los Pájaros del Río", es su manera de involucrarse en el proyecto de su amigo, sin eclipsarlo, a pesar de que cuando el primer album de Vetiver ve la luz Devendra Banhart ya había removido los cimientos de la escena folk mundial y estaba a punto de editar su quinto disco. En 2005, Vetiver pone en circulación un disco en formato EP compuesto por cinco canciones, se trata de una versión de Fleetwood Mac ("Save Me A Place"), alguna toma en directo y unas cuantas demos; entre ellas, "Belles" (en este caso una toma realizada para una emisora de radio), que ya figuraba en su puesta de largo, y "Been So Long" (en su estado embrionario), que más tarde aparecerá en el album que nos ocupa en esta entrada. Ese mismo año, Andy Cabic coproduce "Cripple Crow", uno de los mejores trabajos de su amigo Devendra Banhart.

Será en 2006 cuando "To Find Me Gone" vea la luz. El núcleo de la banda estaba compuesto por Devendra Banhart, Alissa Anderson y el propio Cabic, a los que se sumarán entonces el batería Otto Hauser y el bajista Kevin Barker. Thom Monaham se encargará de nuevo de capitanear la producción del disco, que fue engendrado en su estudio casero de Los Angeles durante la primavera de 2006. "To Find Me Gone" es algo más que la continuación de "Vetiver", el album de debut de la banda, es la confirmación de una forma muy personal de entender el pop y el folk, una manera totalmente desprejuiciada de hacer música que en ocasiones lanza un guiño al country y que en otras se deja querer por una tradición musical que parece rescatada de un pasado muy remoto. Las letras de Cabic tienden al surrealismo, a veces rozan el absurdo, tal y como ocurre con las canciones de su amigo Devendra Banhart, fruto del hedonismo militante del que ambos hacen gala. El disco se abre con "Been So Long", un tema que comienza con aires orientales para ir abriéndose paso hacia latitudes más próximas a la concepción tradicional de la música folk, la canción funciona como una bienvenida perfecta, nos abre los sentidos en un sentido casi místico y hace que nos interesemos por el resto de cortes del disco. La voz de Cabic suena dulce, casi susurrante, acompañada por unos maravillosos coros y por una percusión orientalizante, poco a poco se va introduciendo una guitarra acústica y una flauta que visten de gala una canción preciosa. Tras este fulgurante inicio, "You May Be Blue" arranca con el aire misterioso y sofisticado que le otorga el xilófono, con un ritmo trotón sobre el que destaca la voz de Cabic, comandando un ejército de guitarras cuyo punteo funciona como un mantra. El tercer tema del disco se traduce en uno de los mejores momentos del mismo, "No One Word" recupera al primer Dylan, lo invita a consumir unas cuantas sustancias psicotrópicas y lo tumba en una hamaca a disfrutar de un cielo estrellado, sólo así se entiende esta maravilla en la que el cello de Alissa Anderson juega un papel primordial; más de seis minutos de éxtasis, y no me refiero a las populares pastillitas que consume la muchachada. El cuarto corte del disco es "Idle Ties", una canción que rebaja la intensidad mística de su predecesora sin por ello bajar el listón, se trata de mostrar el lado más desenfadado y pop de la banda sin caer en lo ordinario; de nuevo las cuerdas de Anderson sustentan la canción, dotándola de una fuerza especial. "I Know No Pardon" es la canción más ambiciosa, en cuanto a duración se refiere, de todo el disco, un precioso tema de casi siete minutos de duración. Este quinto tema de "To Find me Gone" muestra la querencia de la banda por la música country, es la canción perfecta para pedirle matrimonio a a una granjera durante la verbena de un pueblo perdido del Far West, al ritmo de una lap steel que parece llorar sobre nuestro hombro recordando aquello que fuimos y que ya nunca más volveremos a ser. Para recuperarnos del impacto emocional de "I Know No Pardon", Cabic y lo suyos nos proponen un tema que destila ternura y calidez por partes iguales, con una guitarra acústica que suena de miedo y, de nuevo, una lap steel y un teclado que parecen invisibles pero que dotan de cuerpo a una canción que no pasa desapercibida; así es "Maureen". "The Porter" es un ejercicio de libertad expresiva, un tema próximo a la psicodelia con tintes de banda sonora del Oeste, es la canción que sobrepasa el ecuador del disco adentrándose en aguas turbulentas, lejos de la complacencia y de los amables sonidos folk imperantes en el repertorio de Vetiver. "Double" es el octavo tema del LP, una composición que retoma el camino que parecía haberse perdido con "The Porter", una canción que vuelve a apostar por el falso minimalismo que tanto agrada a Cabic, los reiterativos punteos de su acústica y un trasfondo rico en matices que construyen un nuevo monumento a la melancolía más cálida y en el que yo, personalmente echo de menos algún metal. El noveno corte del segundo trabajo de Vetiver lleva por título "Red Lantern Girls" y supone otro de los momentos estelares del disco; es el epítome del recetario de Cabic, la quintaesencia de su sonido folk, de sus arreglos de astuto orfebre, de sus ritmos repetitivos e hipnóticos. Todo ello se enriquece con unos sutiles cambios de ritmo, que explotan definitivamente hacia los cuatro minutos y medio de duración con una inesperada distorsión eléctrica que irrumpe sin previo aviso y contribuye a enrarecer el ambiente de esta canción, que es inquietantemente bella. Una vez más, Cabic decide darnos una pequeña tregua después de tanta intensidad, y lo hace con "Won't Be Me", el tema más country del disco, una entrañable canción que galopa a ritmo de banjo y de acústica, dejando una nube de polvo en el ambiente que traza una huella indeleble en nuestra memoria, imposible no tararearla. Y la guinda a este pastel se la pone "Down at El Rio", canción escrita a cuatro manos entre Andy Cabic y Devendra Banhart, algo que podríamos adivinar sin necesidad de que nadie nos lo chivase. Las guitarras de este último tema de "To Find Me Gone" suenan brillantes, limpias y relucientes, acompañando perfectamente a las voces de estos dos amigos que muestran su parte más hedonista, dos tipos que se entienden a la perfección y que han contribuído a impulsar una nueva escena folk que goza de repercusión mundial y que todo el mundo se empeña en etiquetar. Sea como fuere, para mí canciones tan puras y naïves como "Down at El Rio", o como otras creaciones del entrañable barbudo, son imprescindibles en un mundo tan asquerosamente feo como es éste que nos ha tocado vivir. Son canciones que transmiten un profundo bienestar, al menos en lo que a mí respecta, diminutas joyas que consiguen pellizcarnos el alma.

Tras el lanzamiento de "To Find me Gone", Vetiver experimenta serios cambios en su formación, Devendra Banhart abandona la nave y en su lugar se hará cargo de la guitarra Sanders Trippe, además el bajo cambia de titular con la salida de Kevin Barker y la incorporación de Brent Dunne. Todo esto se traducirá en estabilidad para la banda, ya que la formación queda más definida, lo que permite, entre otras cosas, un proyecto más serio y ambicioso de giras, tal y como pretendía Cabic. En 2008 Vetiver regresa con un nuevo trabajo, se trata de "Thing of The Past", un disco de versiones que recoge las canciones que más han influído a Cabic. Las composiciones de artistas como Townes Van Zandt, Ronnie Lane, Michael Hurley o Garland Jeffreys se pasean por este LP, que en su conjunto se muestra como un trabajo compacto, un disco en el que Cabic hace suyas todas estas creaciones ajenas dotándolas de ropajes nuevos, con resultados, en ocasiones, sorprendentes. Aprovechando el tirón de este disco de versiones, Vetiver editará unos meses más tarde un EP con otras cinco canciones prestadas, lo hará con el sello Gnomonsong bajo el título de "More of The Past". Un año más tarde sale a la calle el, hasta la fecha, último trabajo de Vetiver, "Tight Knit", un disco consistente que sigue apostando por la misma fórmula, lo cual no deja mucho espacio para las sorpresas pero tampoco para la decepción.

Y ponemos punto y final a esta entrada con una selección de enlaces. El primero de ellos os llevará a la web oficial de la banda, y el segundo, como viene siendo habitual, os conducirá al myspace de Vetiver, un tercer link recoge el apartado que la banda tiene en la página de Jam Base, que está bastante bien porque en su mayor parte data de la etapa en que se grabó "To Find Me Gone", y por último he querido recoger dos entrevistas, en este caso en forma de vídeo, una de ellas en inglés, para Freakbeat, y la otra, para suerte de todos los que no pasamos del manido "How Are You?", subtitulada en la lengua de Cervantes, en este caso para Scanner TV. Como colofón dos vídeos, ambos en directo, en el primero la banda interpreta el tema con el que se abre "To Find Me Gone", "Been So Long", mientras que el segundo muestra una actuación en Sonic Boom Records, en Toronto, donde Vetiver interpreta "Maureen". No tengáis miedo y abrid la puerta de vuestra casa a Vetiver, seguro que no os arrepentís, eso sí, cuidado con la cervezas y el tabaco, estos hippies son un poco gorrones. Espero que os guste.


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