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jueves, 2 de abril de 2009

Claudine Longet- Cuddle Up With... The Complete Barnaby Records Sessions 1970 / 1974 (2003)


La primera vez que fui consciente de la existencia de los años sesenta tuvo lugar cuando vi, a la tierna edad de 10 años, "El Guateque" ("The Party" para los no hispanohablantes). Recuerdo aquella tarde de sábado frente al televisor siguiendo las desventuras de Hrundi V. Bakshi, hipnotizado por los colores de la película de Blake Edwards, sorprendido ante las ropas y los peinados, tan diferentes a los de la década en que me había tocado vivir, unos años ochenta crueles y despiadados que hicieron del exceso y del mal gusto su santo y seña. Ese día descubrí lo que para mucha gente significaba aquella década, para mí remota, casi perdida en el tiempo, y sobre todo descubrí que te podía doler el estómago de tanto reír. Con el tiempo "El Guateque" se convirtió en una de mis películas favoritas, pero curiosamente me resistía a volver a verla, me daba miedo enfrentarme a un recuerdo tan bueno, por otro lado, mi interés por los años sesenta comenzó a aflorar desde el punto de vista musical, gracias a la colección de singles de mi padre; fue así como conocí a The Kinks, The Monkees, The Music Explosion, The Left Banke o a Los Salvajes, todos ellos se convertirían en eternos compañeros de viaje. Inevitablemente llegó el día en que me enfrenté de nuevo a mi recuerdo de "El Guateque", para entonces ya era un adolescente en plena crisis emocional y existencial, y allí me encontré con ella. En mi recuerdo infantil de la película de Blake Edwards el protagonista absoluto era Peter Sellers, pero de repente mis desatadas hormonas de quinceañero sólo tenían ojos para Claudine Longet, pura inocencia sensual al servicio del séptimo arte. Así fue como me enamoré de Claudine Longet, o más bien de Michele Monet, que era como se llamaba el personaje que protagonizaba en la mencionada película, de hecho la escena que hizo aflorar mi líbido adolescente mostraba a Claudine, o Michele como se prefiera, guitarra en mano, interpretando para los invitados de la fiesta una canción con aires de bossa nova, al mismo tiempo que el pobre Hrundi, en segundo plano, se esforzaba por aguantarse unas terribles ganas de descargar su vejiga.

Claudine Longet nace el 29 de enero de 1942 en París, enseguida pronuncia esa frase que toda madre tiene pavor a escuchar: "mamá, quiero ser artista", y con tan sólo 18 años decide mudarse a los Estados Unidos de América en busca de fortuna. Poseedora de una belleza delicada y sofisticada, la joven Claudine encuentra trabajo como bailarina principal en el show del Folies Bergere en Las Vegas, donde conocerá al que se convertirá en su esposo, el crooner Andy Williams. En 1961 suenan campanas de boda para Claudine Longet, su prometido se encuentra en la cima de su popularidad, y los 14 años de diferencia existentes entre ambos provocan más de un recelo entre los seguidores de Andy, la joven bailarina decide aparcar su carrera y dedicarse a formar una familia. Tras un período en el que Claudine ejerce de perfecta madre y ama de casa, entre 1963 y 1964 llegarán las primeras oportunidades para que la bella parisina se asome a la pequeña pantalla, y lo hará apareciendo como estrella invitada en varias series, entre ellas: "Combat!", "Hogan's Heroes", "Run For Your Life" y "The Rat Patrol", al mismo tiempo, y como era de esperar, Claudine aparecerá de manera intermitente en el programa de su marido, "The Andy Williams Show". En 1966 se le abre la puerta de la música y se le ofrece un contrato con A&M Records, a pesar de sus evidentes limitaciones vocales Claudine no lo desaprovecha y graba su primer single, "Meditation", que se convertirá en un pequeño éxito. Un año más tarde verá la luz su primer larga duración, titulado "Claudine", un disco íntegro de versiones en el que con su sensual y susurrante voz reinventa alguno de los temas originales, dotándoles de unos matices inexistentes en las interpretaciones de sus creadores. El acento francés y la estética de Claudine se convierten en su peculiar seña de identidad, tiene el exotismo de algunas estrellas del pop francófono, pero sin el transgresor componente erótico que tanto asusta a la mojigata sociedad yanqui. A lo largo del primer LP de Claudine Longet suenan versiones de The Beatles, "Here, There and Everywhere", o de Vinicius de Moraes y Tom Jobim, "A Felicidade", aparecen hits como "My Guy", que fue compuesta en 1964 por Smokey Robinson para Mary Wells, o incluso el tema principal de la banda sonora de "Un Hombre y Una mujer" ("Un Homme et Une Femme"); ese será el estilo de Claudine Longet, eclecticismo pop con muy buen gusto. También en 1967 verá la luz su segundo LP, que tomará su título de un célebre tema de Burt Bacharach, "The Look Of Love", de nuevo esa amalgama de pop sofisticado, jazz suave y bossa nova dará sus frutos gracias a unos buenos arreglos y a una magnífica producción. La popularidad de Claudine Longet crece como la espuma gracias a sus apariciones en la poderosísima televisión y a sus dos primeros discos, y en 1968 alcanzará su cima gracias a la grabación del que es posiblemente su mejor disco, "Colours", y a su papel en la película de Blake Edwards, "El Guateque".

En 1970 Claudine Longet edita su cuarto disco, "Run Wild, Run Free", que será su último trabajo para A&M, ya que no tardará en firmar por un nuevo sello, Barnaby Records, una discográfica que había fundado su marido en 1963. Son momentos de cambio para Claudine, no sólo en el aspecto profesional, sino también en el plano personal, ya que su matrimonio comienza a hacer aguas, las diferencias con su marido son irreconciliables y finalmente la pareja opta por separarse en 1971, curiosamente en ese mismo año aparece un nuevo album de Claudine bajo el irónico y premonitorio título de "We've Only Just Begun". Con Barnaby Records, Claudine grabará varios singles y dos LP's, el ya mencionado y un segundo trabajo editado en 1972 que lleva el título de una célebre canción de los Stones, "Let's Spend The Night Together", además también dejó material grabado para un tercer disco que permanecería inédito, aunque muchos de los temas de ese disco frustrado aparecerían en 1993 en un album titulado "Sugar Me", lamentablemente los masters de alguna de aquellas grabaciones no incluídas en este disco han desaparecido. "Cuddle Up With Claudine Longet" es un disco editado en 2003 por el sello Vampisoul, subsidiario de Munster Records, y que recoge gran parte de las grabaciones que la cantante y actriz realizó para el sello Barnaby, canciones que mantienen la línea de los dos primeros discos de Claudine y que siguen apostando por la combinación de pop exquisito, jazz reposado y comercial, y bossa nova, todo ello susurrado por este ángel que se escapó de París para vivir un sueño que acabaría convirtiéndose en su peor pesadilla.

Y es que a partir de 1974 la carrera de Claudine Longet entra en un importante declive, hasta el punto de que no se puede citar ningún trabajo de relevancia en el que intervenga la musa del susurro, parecía que el destino le estaba preparando para lo que se le avecinaba. Al mismo tiempo que su fama y su carrera como actriz y cantante son engullidas por el implacable olvido, Claudine Longet se enamora perdidamente del campeón olímpico de esquí Spider Sabich, con quien decide mudarse en 1974 a Aspen, Colorado, allí residirán de forma habitual y llevarán una convivencia con muchos altibajos, Sabich es un apuesto atleta acostumbrado a flirtear con numerosas jóvenes, y la presencia de Claudine y sus tres hijos trastoca radicalmente su estilo de vida. El 21 de marzo de 1976, suena un disparo y el cuerpo del deportista cae sin vida al suelo, el arma se encontraba en las manos de Claudine Longet, que comenzaba de este modo su calvario personal. Mucha gente se dedicó a inculpar a Claudine, señalando que se trataba de un crimen a sangre fría, motivado por las continuas desavenencias de la pareja, pero ella se empeña en demostrar su inocencia y señala que el arma se disparó accidentalmente cuando la víctima le estaba enseñando a manipularla. El caso se convierte súbitamente en carnaza para los tabloides más amarillos y para la despiadada televisión, Claudine Longet, una actriz y cantante de éxito en la década de los sesenta, amiga personal de Bob Kennedy, se convierte ahora en un monstruo capaz de asesinar a su pareja sentimental; ciertamente la cantante de la respiración entrecortada protagoniza el papel principal de una película que desearía que no se hubiese estrenado jamás. Tras un doloroso, polémico y largo juicio, en el que siempre contó con el apoyo de su ex marido, a Claudine se le encuentra culpable de negligencia criminal y se le condena a una multa y a cumplir treinta días en prisión, un mal menor si tenemos en cuenta la gravedad de los hechos ocurridos. Todo cuanto envuelve este turbio episodio de la vida de Claudine Longet es realmente oscuro y escabroso, el tiempo ha demostrado que durante el proceso judicial y en la investigación del crimen se cometieron sorprendentes errores que evitaron la incriminación de la actriz y cantante; muestras de sangre de la imputada que contenían cocaína, las páginas de un diario en las que Claudine escribía sobre su amarga relación con Sabich, todo ello no se pudo utilizar como prueba en el juicio por no haberse obtenido siguiendo los cauces que marca la legislación. La familia de Sabich no se dio por satisfecha con el fallo judicial e intentó reabrir el caso, que finalmente se cerró gracias a un acuerdo económico que además incluía la condición de que Claudine Longet nunca escribiría ni hablaría sobre los hechos ocurridos, punto este último que contribuye a dotar de más misterio si cabe a esta historia. Toda esta enrevesada trama inspiró a sus satánicas majestades, concretamente a Mick Jagger, que compuso un tema titulado "Claudine" que finalmente quedó fuera del disco "Emotional Rescue" de 1980, en algunos bootlegs de la banda se puede encontrar la citada canción.

Tras cumplir con la justicia, Claudine Longet retomó su vida y lo hizo al lado del abogado que le había defendido durante el juicio, Ron Austin, quien abandonó a su familia para enrolarse en una historia de amor que permanece viva. Claudine Longet abandonó el mundo de la música y de la interpretación y se recluyó en su casa de Aspen junto a su nueva pareja, con la que esperaba encontrar una nueva oportunidad para ser feliz tras la amarga experiencia por la que había pasado. Ya en los años noventa, la figura de Claudine Longet como cantante empezó a reivindicarse, su voz y su estética se convirtieron en signo de sofisticación y elegancia y sedujeron a bandas como Stereolab o Ivy, al mismo tiempo que aparecían recopilatorios con lo mejor de su carrera y reediciones de sus trabajos con A&M. Finalmente la fama y el reconocimiento que se le habían negado a Claudine durante los últimos veinte años hacía acto de presencia y contribuía a limpiar la imagen de esta artista, que tan deteriorada y vilipendiada se había visto desde mediados de los años setenta. A mí poco me importa si Claudine apretó o no el gatillo de ese revólver, para mí siempre será la chica de "El Guateque", aquella que nos hizo perder el sentido a Hrundi V. Bakshi y a mí. He querido completar esta entrada con unos enlaces y un vídeo, como viene siendo habitual; entre los links, que esta vez están todos en el idioma de la Pérfida Albión, encontraréis la entrada que Wikipedia le dedica a la cantante, en segundo lugar, la página web del club de fans de Claudine Longet, en tercer lugar, un blog dedicado en cuerpo y alma a Claudine , y por último un enlace a un maravilloso especial dedicado a la cantante parisina y que aparece en una página llamada Confessions of a Pop Culture Addict. En cuanto al vídeo, no podría ser de otra manera, os dejo con la impagable escena de "El Guateque" en la que Claudine interpreta la canción "Nothing To Lose", un tema escrito por Henry Mancini y con letra de Don Black. Espero que os guste.


CLAUDINE LONGET EN WIKIPEDIA

PÁGINA WEB DEL CLUB DE FANS DE CLAUDINE LONGET

BLOG DEDICADO A CLAUDINE LONGET


ESPECIAL CLAUDINE LONGET EN THE POP CULTURE ADDICT




CLAUDINE LONGET- CUDDLE UP WITH...

sábado, 31 de enero de 2009

Gilberto Gil & Jorge Ben- Gil e Jorge. Ogum Xango (1975)


Muchas veces mantengo conversaciones como ésta con mi sentido común:

- Sentido Común: Otro disco de música brasileña ¿estás loco? Pero si el último que recomendaste tuvo dos o tres comentarios, entre ellos el de una persona que se interesaba por la inclusión de un tema de Celso Fonseca en la banda sonora de un culebrón televisivo…

- El pobre y terco Binguero: Pero éste no es un disco de samba, ni de bossa, ni siquiera tengo claro que se trate de música brasileña propiamente dicha, éste es un disco diferente, es pura magia.

-Sentido Común: ¿Pura magia? Luego no me vengas llorando, no quiero volver a escuchar aquello de –me he equivocado- La música brasileña no ha cuajado en este blog y punto, ya hay muchas otras bitácoras dedicadas a estos sonidos.

- El pobre y terco Binguero: Las hay, y muy buenas. Yo simplemente quiero abrir los horizontes sonoros de este blog, es lo que me propuse desde el principio y voy a ser fiel a esa filosofía.

- Sentido Común: Hablas como un cultureta, o peor aún, como un snob. Al final siempre te sales con la tuya, así que haz lo que te dé la gana, pero que conste que, como tantas otras veces, te lo advertí

Sí, lo he vuelto a hacer, he hecho oídos sordos a los dictados de mi sentido común y vuelvo a proponer un disco “made in Brazil”. En esta ocasión he elegido un disco único (¡te estoy oyendo Sentido Común!), una colaboración histórica entre dos gigantes de la música brasileña: Gilberto Gil y Jorge Ben. Dos hombres muy distintos que se encontraron en uno de los momentos más dulces de sus respectivas carreras, consiguiendo crear una atmósfera irrepetible que serviría para gestar una verdadera joya, un disco que sigue manteniendo el tipo ante el envite de los años, un trabajo de una calidad vocal que se encuentra al alcance de muy pocos artistas, y de una inspiración casi supraterrenal. “Gil e Jorge” es uno de mis discos favoritos, lo fue casi desde el mismo instante en que escuché los primeros compases de “Meu Glorioso Sao Cristovao” y fui consciente de que me encontraba ante algo totalmente diferente de cuanto había escuchado hasta ese momento. Pero antes de hablar de las canciones que componen este maravilloso disco, repasemos brevemente el currículum de sus responsables, dos músicos tan brillantes como dispares.

Gilberto Gil es hoy en día el brillante Ministro de Cultura del brasileño gobierno de Lula, una figura que goza de reconocimiento no sólo en su país, sino a nivel global, una figura respetada. Pero los comienzos de Gilberto Gil no fueron precisamente fáciles. Su relación con la música comienza cuando contaba tan sólo con ocho años, será cuando aprenda a tocar el acordeón seducido por los cantantes callejeros que hipnotizaban al niño Gilberto en los mercados y en las calles de su Salvador de Bahia natal. Con el paso del tiempo se fue acercando a la música de manera más profesional, hasta el punto de formar parte de un grupo, se trataba de Os Desafinados, en aquella época Gilberto Gil era tan sólo un estudiante. Pero de repente, escuchando la radio, se encontró con algo que iba a cambiar su vida, un nuevo sonido llamado Bossa Nova y que combinaba elementos de la música popular brasileña con el jazz provinente de los ingratos vecinos del Norte, su mayor representante, un cantante llamado Joao Gilberto (ahórrate las ironías Sentido Común…). El joven Gilberto no tardaría en comprarse una guitarra para dedicarse en cuerpo y alma a cantar y a tocar bossa nova. En los comienzos de los años sesenta Gil componía canciones para anuncios publicitarios para la incipiente televisión brasileña, hasta que en 1964 empezó a trabajar en un show llamado “Nos Por Exemplo”, un programa en el que tenían cabida la bossa nova y la música popular y que dirigía un joven talentoso llamado Caetano Veloso. En el año 1965 decide mudarse a Sao Paolo, allí grabará con la cantante Elis Regina el que será su primer éxito “Louvaçao”, esta canción tuvo una enorme repercusión y colocó a Gilberto Gil en la onda de los jóvenes músicos brasileños que practicaban una suerte de canción protesta en la que se reivindicaban los derechos del pueblo, especialmente los de la siempre denostada población indígena, y en la que se volvía a las raíces de la música popular brasileña pero sin cerrarse a influencias externas como el rock, el pop o la recién nacida psicodelia; un movimiento que se denominó Tropicalia (también Tropicalismo) y del que Gil se convertiría en uno de sus principales representantes.

La controvertida propuesta musical de Gilberto Gil, así como su comprometida postura política, le acarreó más de un problema con el dictatorial régimen brasileño de la época, llegando a estar detenido en más de una ocasión, finalmente el músico se exilió a Gran Bretaña, huyendo de un entorno político e intelectual asfixiante para recalar en un país que, por aquel entonces, rebosaba libertad creativa. Los tres años que Gil pasó en Gran Bretaña fueron realmente enriquecedores, llegó a tocar con estrellas del momento como Pink Floyd o The Incredible String Band, se empapó de lo mejor de la cultura pop del momento y estuvo en contacto con la vanguardia intelectual y artística a nivel internacional. En 1972 regresó a Brasil y grabó uno de sus mejores trabajos “Expresso 2222”, durante los siguientes cinco años verán la luz sus discos más importantes y se embarcará en una inolvidable gira con tres monstruos: Maria Bethania, Caetano Veloso y Gal Costa; Gilberto Gil se encontraba en su mejor momento. A finales de los años setenta, Gil ya era una figura a nivel mundial y había firmado por una multinacional de conocido prestigio internacional, había realizado una exitosa gira por los USA y había tocado en los mejores festivales de jazz del planeta. Durante una de sus giras Gil formó equipo con el músico jamaicano Jimmy Cliff, ambos recorrieron juntos Brasil, corría 1980 y comenzaba el idilio de Gilberto Gil con el reggae; la versión que el músico brasileño hizo de “No Woman, No Cry” vendió 700.000 copias. La pasión de Gil hacia la música jamaicana le llevó a grabar un disco con los Wailers, “Raça Humana” (1984) e incluso a realizar un disco de versiones de Bob Marley, “Kaya N’Gan Daya” (2002). Durante los años ochenta la calidad de la producción musical de Gilberto Gil decreció de manera importante al tiempo que aumentaba su compromiso político, Gil se había convertido en una figura consagrada pero se mostraba incapaz de repetir la frescura de discos como “Gilberto Gil” (1971), “Expresso 2222” (1972), “Gil e Jorge” (1975) o “Refazenda” (1975). Con el tiempo nacería un político activo, que comenzaría su carrera en su natal Salvador de Bahia y que acabaría siendo Ministro de Cultura de Brasil; a pesar de su militancia, Gil ha intentado mantener viva su carrera como músico, de hecho no hace mucho que se le pudo ver girando por España, a pesar de no contar con la energía ni con el talento de antaño.

Jorge Ben tiene un perfil muy diferente al de Gilberto Gil, él no tuvo los problemas políticos que atenazaron a los tropicalistas, y aunque sí gozó de gran popularidad en su país, no tuvo el reconocimiento que artistas como Caetano o el propio Gil tuvieron más allá de sus fronteras. A pesar de las diferencias, Gil y Jorge Ben tienen un nexo común en su despertar artístico, y ese nexo tiene nombre y apellidos: Joao Gilberto. Nacido en Rio de Janeiro, Jorge Ben decide dedicarse a la música tras escuchar las populares tonadas del maestro Joao Gilberto, pero se encuentra con un problema, la tremenda complejidad que esconde la aparente sencillez de la técnica de la bossa nova. Lejos de desesperarse ante las dificultades, Jorge Ben decide crear su propia técnica, y lo hará tocando la guitarra como si se tratase de un bajo; así es como consigue el particular sonido de sus primeros éxitos, entre ellos el célebre “Mas Que Nada”, uno de los hits brasileños más reinterpretados y que este joven carioca escribió con tan sólo 23 años. Durante la dictadura militar que se estableció en el país en los años sesenta, Jorge Ben no tuvo excesivos problemas para actuar o para grabar sus discos, y eso que la suya era una propuesta novedosa que realizaba una relectura de la bossa y que introducía pinceladas de estilos negros como el soul, pero evidentemente el compromiso político de Ben no era equiparable al de Caetano o al de Gilberto Gil, por lo que el régimen no lo interpretaba como una amenaza. Entre 1963 y 1976 Jorge Ben graba ocho discos de una enorme calidad, ocho magníficos trabajos en los que el swing, el soul y la música brasileña conviven en perfecta armonía, ocho grabaciones en las que se pueden encontrar trallazos bailables, maravillosas baladas y composiciones de una inspiración y una frescura inigualable en la bossa de su tiempo; títulos como “Samba Esquema Novo” (1963), “O Bidú” (1964), Jorge Ben (1969), “Força Bruta” (1970) o “Africa Brasil” (1976) son de escucha obligatoria. Jorge Ben se convierte en una figura muy popular en Brasil, un músico apreciado y reconocido, al mismo tiempo su música evoluciona y se muestra cada vez más influída por los sonidos africanos y por el funk. En 1989 verá la luz su disco “Benjor” a la vez que anuncia que va a cambiar su apellido, alargándolo y convirtiéndolo precisamente en Benjor, Jorge Benjor; su acercamiento a la música africana es ya evidente y empieza a colaborar con músicos del continente negro como el nigeriano King Sunny Ade. Durante los últimos años la figura de Jorge Ben ha sido objeto de una reivindicación, pudiendo hablar casi de un redescubrimiento por parte de países como los USA, donde durante los años sesenta y setenta fue casi ignorado, parte de la responsabilidad de esta nueva visión de Jorge Ben la tiene David Byrne, declarado admirador del carioca.

Nuestros dos hombres se encuentran en 1975, cuando se les encarga la grabación de un disco conjunto. Ambos se hallan en la cima de su creatividad y rebosan talento a raudales, de hecho mantienen una cierta rivalidad debido a su éxito, lo cual no hace sino aumentar las expectativas ante la que será la primera y la única grabación que realizarán juntos. La idea no puede ser más simple, se trata de realizar un disco donde prime la improvisación, que cuente únicamente con las guitarras de Gilberto Gil y Jorge Ben, un bajo, el de Wagner, y la correspondiente percusión, que correría a cargo de Djalma Correa. Los temas irán fluyendo como si de una jam session se tratara, para ello se elegirán varios éxitos de ambos músicos: cuatro de Jorge Ben, tres de Gilberto Gil y un tema de autoría compartida. El disco se grabará en una sola noche, intentando recoger la magia y el carácter irrepetible de las sesiones improvisadas en lo que es un verdadero homenaje a la música popular, a su forma de desarrollarse y de interpretarse, con una sola toma y sin ningún tipo de mezclas. La estructura de las canciones funciona a modo de diálogo entre ambos músicos, y la intensidad de las interpretaciones va en aumento, en función de la capacidad de improvisación del momento. Gilberto Gil muestra una valentía inédita en cualquiera de sus grabaciones posteriores, y se lanza a la improvisación más absoluta sin reprimir ningún tipo de sonido salido de su garganta y demostrando que es un verdadero maestro del falsete y un conocedor de la técnica del scat. Jorge Ben no se queda atrás, de hecho en muchos de los temas es él quien maneja el timón sin miedo y con una energía que por momentos parece sobrenatural teniendo en cuenta que algunas de las canciones superan los diez minutos y que están grabadas en directo, sin ninguna manipulación de estudio, sin postproducción. Es difícil encontrar calificativos estilísticos para referirse a este disco, a veces tenemos la sensación de estar ante un disco de bossa nova, otras parece acercarse al funky, en ocasiones nos recuerda al jazz, e incluso encontramos retazos de psicodelia en algunos de sus momentos más álgidos. Sin duda es un disco que rinde homenaje a una forma de entender la música basada en las raíces, en la tradición, en el sustrato popular del arte; el disco lleva por título “Gil e Jorge”, aunque no en vano también se le conoce como “Ogum Xango” (Dioses u Orixas de la guerra y la justicia respectivamente) en clara alusión a la cultura negra brasileña de origen africano, toda una declaración de principios. Entre los mejores momentos del disco, yo destacaría personalmente el arranque del mismo, la maravillosa “Meu Glorioso Sao Cristovao”, donde el nivel vocal de Gilberto Gil y Jorge Ben es apabullante; “Jurubeba”, en la que ambos músicos se divierten improvisando con las sílabas de esta mágica palabra; y la tremenda “Taj Mahal”, un tema que supera los catorce minutos, una canción compuesta por Jorge Ben y que tuvo que defender en los tribunales ante el mismísimo Rod Stewart, quien le acusó de haberle plagiado su célebre “Do You Think I’m Sexy?” (realmente son calcadas en su estribillo), finalmente el carioca salió victorioso de la contienda y se le reconoció legalmente la autoría del tema. También hay que prestar una atención especial a la interpretación de “Filhos de Gandhi”, donde el duelo de voces entre Gilberto Gil y Jorge Ben es inolvidable.

Bueno, ¿qué te parece Sentido Común? Me he saltado a la torera todas tus recomendaciones, no sólo repito un probable fracaso con un nuevo disco brasileño, sino que además acabo de redactar la entrada más larga de cuantas hay hasta el momento en este blog, burlándome así de esas recomendaciones que aseguran que el tope de caracteres de un escrito en internet debe estar en torno a los 1.500. Sinceramente nada de eso me importa, acabo de hablar de un disco que me apasiona y realmente he disfrutado como nunca redactando esta entrada, sólo me queda esperar que a vosotros, visitantes de este humilde blog, os enganche este disco como me enganchó a mí la primera vez que lo escuché, o por lo menos que le deis una oportunidad y os perdáis en su mágica sencillez durante los casi ochenta minutos que dura. Como extras, os dejo dos enlaces, poca cosa ya que se trata de las respectivas páginas web oficiales de ambos artistas, y os dejo en este caso (para coronar así el post más largo de la historia de los blogs) dos videos, uno por cada músico, que recoge a Gilberto Gil y a Jorge Ben en dos de los mejores momentos de sus carreras, interpretando dos temas de una gran calidad. Queridos visitantes, queridísimo Sentido Común, eso es todo, simplemente espero que hayáis aguantado toda esta parrafada de fan declarado e irredento y, por supuesto, deseo que os guste este inolvidable “Gil e Jorge”.


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GILBERTO GIL & JORGE BEN- GIL E JORGE. OGUM XANGO

jueves, 12 de junio de 2008

Celso Fonseca- Natural (2003)


En los últimos años han sido varios los músicos que se han empeñado en mantener viva la llama de la bossa nova, aquella que encendieron Jobim y Gilberto, entre otros grandes del género, cuando el ecuador del siglo XX tocaba a su fin. De entre los muchos artistas de esta nueva hornada, hay dos que a mí me gustan especialmente, una es Clara Moreno y el otro es Celso Fonseca. Ambos han sabido continuar con el espíritu de los viejos maestros de la bossa y al mismo tiempo le han dado una capa de barniz especial que ha contribuído a actualizar unos sonidos que muchos consideraban caducos, un barniz que ha respetado las raíces de esta música que forma parte del patrimonio cultural brasileño sin abusar de los sintetizadores, que tanto daño hacen al alma de la música de verdad, manteniendo la esencia a pesar de hacer una revisión que introduce elementos pop en la bossa y que la hacen más accesible al público.

Celso Fonseca es carioca, término que no designa por igual a todos los brasileños sino únicamente a aquellos que han nacido en Río de Janeiro (este es un error muy común en los medios de comunicación, sobre todo en el ámbito deportivo, cuando se habla de la selección de fútbol brasileña como selección carioca; en realidad se la conoce como Canarinha y no carioca, ya que obviamente representa a todo un país y no a una sola ciudad). Desde muy niño se siente atraído por la música, hasta el punto de que se nos cuenta que descubrió su vocación artística con tan sólo 10 años, al escuchar a Baden Powell, una de sus primeras influencias junto a The Beatles. Pronto comienza a tocar la guitarra y con 19 años decide dedicarse en cuerpo y alma a la música, poco más tarde, en 1981, pasará a formar parte de la banda de Gilberto Gil, lo que le permite viajar por todo el país y darse a conocer. De esta manera Celso Fonseca establece contacto con algunos de los mejores músicos brasileños del momento, tales como Milton Nascimento, Djavan, Gal Costa, Caetano Veloso, Jorge Ben y Chico Buarque, entre otros; con ellos toca y graba, además de embarcarse en giras interminables, recorriendo un sinfín de países y tocando en los mejores festivales. Su carrera como compositor comienza en 1983, cuando tienen lugar sus primeras colaboraciones con el pianista Ronaldo Bastos, a partir de entonces crea, bien en solitario o en compañía de Ronaldo Bastos, un gran número de temas que serán interpretados por diferentes artistas brasileños, un ejemplo de ello es la siguiente lista: Gal Costa y Caetano Veloso ("Sorte"), Nana Caymmi ("A Noite É Meu Ópio", "Flor Lunar"), Zizi Possi ("Mania"), Ney Matogrosso ("Um rei"), Carlinhos Brown ("Bog la Bag"), Belô Velloso ("Polaróides"), Maria Bethânia ("Sei de Cor"), Gilberto Gil ("O eterno Deus Mú dança"), Ney Matogrosso ("Um Rei"), Daniela Mercury ("Nossa música"), Ana Carolina ("Só fala em mim"), Gal Costa ("Comunidá"), Verônica Sabino ("Não se afasta de mim"), entre otros.

En 1986 Celso decide dar un pequeño giro a su carrera para situarse al otro lado en las tareas de grabación, comienza entonces su etapa como productor, que le ha llevado a encargarse de los trabajos de artistas como la ya mencionada Gal Costa, Vinícius Cantuária, Gilberto Gil, Daniela Mercury o Paula Morelenbaum, por citar a alguno de ellos. Pero es también en este 1986 cuando decide sacar al mercado su primer disco, "Minha Cara", curiosamente tendrán que pasar muchos años, concretamente 7, para que Celso se vuelva a encerrar en el estudio de grabación tras su primera experiencia, de este modo nace en 1993 su segunda creación en solitario, "O Som do Sim". Un año más tarde Celso Fonseca se embarca en una aventura con su amigo Ronaldo Bastos, juntos grabarán una trilogía que contribuirá a situar definitivamente a Celso donde se merece en el panorama de la música actual brasileña; esos tres discos son: "Sorte" (1994), "Paradiso" (1997) y "Juventude / Slow Motion Bossa Nova" (2001). Son tres discos de una gran calidad, sobre todo el último de ellos, tres trabajos que supondrán el espaldarazo definitivo para la carrera de Celso y que definirán la personalidad de sus próximas entregas. Precisamente este "Natural" será la siguiente entrega, en el año 2003, ya sin la sombra de Ronaldo Bastos.

"Natural" es un título que define perfectamente el contenido de este disco, música sin adulterar, hecha con la honestidad y la naturalidad de quien ha hecho de la bossa nova su forma de vida, su forma de expresarse. La calidez de los sonidos acústicos domina por completo la grabación, creando ambientes serenos e íntimos y compartiendo protagonismo con la voz de Celso, que sin moverse por muchos registros es capaz de transmitir calma y placidez sin perder por ello intensidad y emotividad. A lo largo del disco queda patente que Celso Fonseca bebe de los clásicos, pero no sólo de la bossa, sino también del pop, el músico carioca se alimenta de las formas del pop para enriquecer y actualizar el discurso de la bossa nova, y el resultado es sobresaliente. Versiones y temas propios se dan cita en este "Natural", todos ellos interpretados con un gusto exquisito, un ejemplo de ello es la revisión del standard de jazz "The Night We Called it a Day", simplemente magistral, la versión de "Consolaçao" de su idolatrado Baden Powell y Vinícius de Moraes o el tema de Jobim y Vinícius de Moraes "Ela é Carioca", en el que además cuenta con la colaboración de la excepcional cantante brasileña Cibelle. Entre los temas propios destacan "Meu Samba Torto", "Teu Sorriso" o la maravillosa "Slow Motion Bossa Nova", compuesta junto a Ronaldo Bastos; tema que le haría famoso en medio mundo gracias a un anuncio de sandalias protagonizado por la modelo Giselle Bündchen; así es el negocio de la música. En resumen, un disco de una calidez embriagadora, de una cercanía familiar, de una espontaneidad propia de un artista en estado de gracia, un trabajo que marca un hito en la carrera de este músico brasileño. Más vale tarde que nunca.

A "Natural" le seguirán: "Rive Gauche Rio" (2005), un buen trabajo, aunque está un peldaño por debajo de su antecesor; "Polaroides" (2006), un recopilatorio que recoge lo mejor de la producción de Celso Fonseca; y "Feriado" (2008), su último trabajo hasta la fecha. Disfrutad de este disco, espero que os guste.


CELSO FONSECA- NATURAL

viernes, 23 de mayo de 2008

João Gilberto- João Voz e Violão (2000)


Si hay una música perfecta para los días de lluvia, al menos para mí, esa es la bossa nova. Quizás sea por su sugerente poder de transportarnos a otras latitudes, a otros paisajes en los que el ambiente cálido y sosegado impone su dictadura. Y si hay un nombre que se identifique con todo ello, ese es João Gilberto. No es casualidad que a este artista se le conozca en Brasil como "O Mito", ya que es una verdadera leyenda viva de la música brasileña, y podemos decir que, junto con Tom Jobim, es uno de los encargados de definir el sonido y las maneras de la bossa nova. Este joven de 77 años es el responsable de muchos de los standards que hoy en día se siguen interpretando por parte de los nuevos talentos de la bossa. Todo comenzó cuando João tenía 14 años y su padre le regaló una guitarra, sin recibir ninguna formación aprendió los acordes básicos y tras horas y horas de concienzudos ensayos fue perfeccionando su técnica; así es como João Gilberto se convertiría en uno de los mejores guitarristas brasileños de todos lo tiempos. Poco a poco fue absorbiendo la tradición musical de su país, pero a la vez empezó a interesarse por otros sonidos, sobre todo cuando conoció la música de Duke Ellington y Tommy Dorsey, entre otros músicos norteamericanos. De la mezcla de ambas escuelas surgirá la bossa nova, de la que enseguida João Gilberto se convertirá en un referente. Pero antes de todo eso el joven João pasó por no pocas dificultades, sus problemas emocionales y su manera de entender la música le llevarían a vivir prácticamente como un nómada, en el filo de la navaja de la indigencia; ayudado por familiares y amigos el músico brasileño conseguía subsistir. Su talento tardó en ser reconocido, en parte porque decidió vivir su vida, al margen de convenciones sociales, y en parte por su delicado carácter, una extraña mezcla de soberbia y apatía.

A finales de los años 50's, Gilberto se traslada a Porto Alegre seducido por los planes de Luis Telles, un cantante que hacía las veces de relaciones públicas y que consiguió que el músico de Bahía hiciese aflorar todo su talento. Durante esa época João se concentra en su música hasta un punto casi obsesivo, abandona el consumo de marihuana (había llegado a consumir tremendas cantidades de hierba), y desarrolla su característica técnica vocal; ese susurro nasal y cadencioso que nadie ha sido capaz de igualar. Durante esa época grabó su primer disco "Chega de Saudade", había nacido un nuevo estilo musical, su nombre: bossa nova. Con su primer trabajo Gilberto conoce el éxito, y no duda en mudarse a Estados Unidos, donde residió hasta los años 80's. En USA, João trabaja con varios músicos, la mayoría ligados a los ambientes del jazz, pero su período norteamericano será rcordado sobre todo por su colaboración con Stan Getz, con quien grabará varios discos fundamentales para entender la bossa nova; estilo que gozará de gran aceptación en este país, sobre todo durante los años 60's. A principios de los años ochenta, Gilberto decide regresar a su país natal, donde ya es considerado una leyenda, y comienza una serie de colaboraciones con grandes figuras de la nueva música brasileña, responsables del movimiento que dio en llamarse Tropicalismo; entre ellos: Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa, Chico Buarque y Maria Bethania. Todos estos músicos reconocen a João Gilberto como una de sus mayores influencias. Hoy en día, este músico enigmático y un tanto excéntrico, vive una vida de eremita, aislado del mundanal ruído y pasando largas temporadas sin salir de casa. Horas al margen del mundo que le rodea, encerrado en un cuarto tocando la guitarra.

Este disco grabado en el año 2000 y producido por Caetano Veloso, recoge perfectamente la etapa actual de João Gilberto, da la sensación de que la grabación se haya realizado en casa de João, sin que el maestro se haya dado cuenta, sin querer molestarlo. "João Voz e Violão" es simplemente eso, João acompañado únicamente de su guitarra e interpretando un puñadito de canciones (todas ellas versiones), es un disco que transmite una imagen cercana de este genio, casi doméstica, y que está grabado tan bajito que seguro que tendréis que subir a tope el volumen de vuestros equipos para poder disfrutarlo. Este disco supuso el regreso a los estudios de grabación de "O Mito", que llevaba sin editar un disco de estudio desde el año 1992, un trabajo como sólo los valientes son capaces de hacer: solo, sin banda, únicamente con su guitarra y sin mezclar, es decir grabado en tiempo real, a pelo. Personalmente creo que es un disco perfecto para todos aquellos que no conozcáis a João Gilberto, y un disco muy gratificante para quienes estéis enganchados, como yo, a la peculiar idiosincrasia y al talento de esta leyenda viva de la música. Espero que os guste.


JOÃO GILBERTO- JOÃO VOZ E VIOLÃO