
La primera vez que fui consciente de la existencia de los años sesenta tuvo lugar cuando vi, a la tierna edad de 10 años, "El Guateque" ("The Party" para los no hispanohablantes). Recuerdo aquella tarde de sábado frente al televisor siguiendo las desventuras de Hrundi V. Bakshi, hipnotizado por los colores de la película de Blake Edwards, sorprendido ante las ropas y los peinados, tan diferentes a los de la década en que me había tocado vivir, unos años ochenta crueles y despiadados que hicieron del exceso y del mal gusto su santo y seña. Ese día descubrí lo que para mucha gente significaba aquella década, para mí remota, casi perdida en el tiempo, y sobre todo descubrí que te podía doler el estómago de tanto reír. Con el tiempo "El Guateque" se convirtió en una de mis películas favoritas, pero curiosamente me resistía a volver a verla, me daba miedo enfrentarme a un recuerdo tan bueno, por otro lado, mi interés por los años sesenta comenzó a aflorar desde el punto de vista musical, gracias a la colección de singles de mi padre; fue así como conocí a The Kinks, The Monkees, The Music Explosion, The Left Banke o a Los Salvajes, todos ellos se convertirían en eternos compañeros de viaje. Inevitablemente llegó el día en que me enfrenté de nuevo a mi recuerdo de "El Guateque", para entonces ya era un adolescente en plena crisis emocional y existencial, y allí me encontré con ella. En mi recuerdo infantil de la película de Blake Edwards el protagonista absoluto era Peter Sellers, pero de repente mis desatadas hormonas de quinceañero sólo tenían ojos para Claudine Longet, pura inocencia sensual al servicio del séptimo arte. Así fue como me enamoré de Claudine Longet, o más bien de Michele Monet, que era como se llamaba el personaje que protagonizaba en la mencionada película, de hecho la escena que hizo aflorar mi líbido adolescente mostraba a Claudine, o Michele como se prefiera, guitarra en mano, interpretando para los invitados de la fiesta una canción con aires de bossa nova, al mismo tiempo que el pobre Hrundi, en segundo plano, se esforzaba por aguantarse unas terribles ganas de descargar su vejiga.
Claudine Longet nace el 29 de enero de 1942 en París, enseguida pronuncia esa frase que toda madre tiene pavor a escuchar: "mamá, quiero ser artista", y con tan sólo 18 años decide mudarse a los Estados Unidos de América en busca de fortuna. Poseedora de una belleza delicada y sofisticada, la joven Claudine encuentra trabajo como bailarina principal en el show del Folies Bergere en Las Vegas, donde conocerá al que se convertirá en su esposo, el crooner Andy Williams. En 1961 suenan campanas de boda para Claudine Longet, su prometido se encuentra en la cima de su popularidad, y los 14 años de diferencia existentes entre ambos provocan más de un recelo entre los seguidores de Andy, la joven bailarina decide aparcar su carrera y dedicarse a formar una familia. Tras un período en el que Claudine ejerce de perfecta madre y ama de casa, entre 1963 y 1964 llegarán las primeras oportunidades para que la bella parisina se asome a la pequeña pantalla, y lo hará apareciendo como estrella invitada en varias series, entre ellas: "Combat!", "Hogan's Heroes", "Run For Your Life" y "The Rat Patrol", al mismo tiempo, y como era de esperar, Claudine aparecerá de manera intermitente en el programa de su marido, "The Andy Williams Show". En 1966 se le abre la puerta de la música y se le ofrece un contrato con A&M Records, a pesar de sus evidentes limitaciones vocales Claudine no lo desaprovecha y graba su primer single, "Meditation", que se convertirá en un pequeño éxito. Un año más tarde verá la luz su primer larga duración, titulado "Claudine", un disco íntegro de versiones en el que con su sensual y susurrante voz reinventa alguno de los temas originales, dotándoles de unos matices inexistentes en las interpretaciones de sus creadores. El acento francés y la estética de Claudine se convierten en su peculiar seña de identidad, tiene el exotismo de algunas estrellas del pop francófono, pero sin el transgresor componente erótico que tanto asusta a la mojigata sociedad yanqui. A lo largo del primer LP de Claudine Longet suenan versiones de The Beatles, "Here, There and Everywhere", o de Vinicius de Moraes y Tom Jobim, "A Felicidade", aparecen hits como "My Guy", que fue compuesta en 1964 por Smokey Robinson para Mary Wells, o incluso el tema principal de la banda sonora de "Un Hombre y Una mujer" ("Un Homme et Une Femme"); ese será el estilo de Claudine Longet, eclecticismo pop con muy buen gusto. También en 1967 verá la luz su segundo LP, que tomará su título de un célebre tema de Burt Bacharach, "The Look Of Love", de nuevo esa amalgama de pop sofisticado, jazz suave y bossa nova dará sus frutos gracias a unos buenos arreglos y a una magnífica producción. La popularidad de Claudine Longet crece como la espuma gracias a sus apariciones en la poderosísima televisión y a sus dos primeros discos, y en 1968 alcanzará su cima gracias a la grabación del que es posiblemente su mejor disco, "Colours", y a su papel en la película de Blake Edwards, "El Guateque".
En 1970 Claudine Longet edita su cuarto disco, "Run Wild, Run Free", que será su último trabajo para A&M, ya que no tardará en firmar por un nuevo sello, Barnaby Records, una discográfica que había fundado su marido en 1963. Son momentos de cambio para Claudine, no sólo en el aspecto profesional, sino también en el plano personal, ya que su matrimonio comienza a hacer aguas, las diferencias con su marido son irreconciliables y finalmente la pareja opta por separarse en 1971, curiosamente en ese mismo año aparece un nuevo album de Claudine bajo el irónico y premonitorio título de "We've Only Just Begun". Con Barnaby Records, Claudine grabará varios singles y dos LP's, el ya mencionado y un segundo trabajo editado en 1972 que lleva el título de una célebre canción de los Stones, "Let's Spend The Night Together", además también dejó material grabado para un tercer disco que permanecería inédito, aunque muchos de los temas de ese disco frustrado aparecerían en 1993 en un album titulado "Sugar Me", lamentablemente los masters de alguna de aquellas grabaciones no incluídas en este disco han desaparecido. "Cuddle Up With Claudine Longet" es un disco editado en 2003 por el sello Vampisoul, subsidiario de Munster Records, y que recoge gran parte de las grabaciones que la cantante y actriz realizó para el sello Barnaby, canciones que mantienen la línea de los dos primeros discos de Claudine y que siguen apostando por la combinación de pop exquisito, jazz reposado y comercial, y bossa nova, todo ello susurrado por este ángel que se escapó de París para vivir un sueño que acabaría convirtiéndose en su peor pesadilla.
Y es que a partir de 1974 la carrera de Claudine Longet entra en un importante declive, hasta el punto de que no se puede citar ningún trabajo de relevancia en el que intervenga la musa del susurro, parecía que el destino le estaba preparando para lo que se le avecinaba. Al mismo tiempo que su fama y su carrera como actriz y cantante son engullidas por el implacable olvido, Claudine Longet se enamora perdidamente del campeón olímpico de esquí Spider Sabich, con quien decide mudarse en 1974 a Aspen, Colorado, allí residirán de forma habitual y llevarán una convivencia con muchos altibajos, Sabich es un apuesto atleta acostumbrado a flirtear con numerosas jóvenes, y la presencia de Claudine y sus tres hijos trastoca radicalmente su estilo de vida. El 21 de marzo de 1976, suena un disparo y el cuerpo del deportista cae sin vida al suelo, el arma se encontraba en las manos de Claudine Longet, que comenzaba de este modo su calvario personal. Mucha gente se dedicó a inculpar a Claudine, señalando que se trataba de un crimen a sangre fría, motivado por las continuas desavenencias de la pareja, pero ella se empeña en demostrar su inocencia y señala que el arma se disparó accidentalmente cuando la víctima le estaba enseñando a manipularla. El caso se convierte súbitamente en carnaza para los tabloides más amarillos y para la despiadada televisión, Claudine Longet, una actriz y cantante de éxito en la década de los sesenta, amiga personal de Bob Kennedy, se convierte ahora en un monstruo capaz de asesinar a su pareja sentimental; ciertamente la cantante de la respiración entrecortada protagoniza el papel principal de una película que desearía que no se hubiese estrenado jamás. Tras un doloroso, polémico y largo juicio, en el que siempre contó con el apoyo de su ex marido, a Claudine se le encuentra culpable de negligencia criminal y se le condena a una multa y a cumplir treinta días en prisión, un mal menor si tenemos en cuenta la gravedad de los hechos ocurridos. Todo cuanto envuelve este turbio episodio de la vida de Claudine Longet es realmente oscuro y escabroso, el tiempo ha demostrado que durante el proceso judicial y en la investigación del crimen se cometieron sorprendentes errores que evitaron la incriminación de la actriz y cantante; muestras de sangre de la imputada que contenían cocaína, las páginas de un diario en las que Claudine escribía sobre su amarga relación con Sabich, todo ello no se pudo utilizar como prueba en el juicio por no haberse obtenido siguiendo los cauces que marca la legislación. La familia de Sabich no se dio por satisfecha con el fallo judicial e intentó reabrir el caso, que finalmente se cerró gracias a un acuerdo económico que además incluía la condición de que Claudine Longet nunca escribiría ni hablaría sobre los hechos ocurridos, punto este último que contribuye a dotar de más misterio si cabe a esta historia. Toda esta enrevesada trama inspiró a sus satánicas majestades, concretamente a Mick Jagger, que compuso un tema titulado "Claudine" que finalmente quedó fuera del disco "Emotional Rescue" de 1980, en algunos bootlegs de la banda se puede encontrar la citada canción.
Tras cumplir con la justicia, Claudine Longet retomó su vida y lo hizo al lado del abogado que le había defendido durante el juicio, Ron Austin, quien abandonó a su familia para enrolarse en una historia de amor que permanece viva. Claudine Longet abandonó el mundo de la música y de la interpretación y se recluyó en su casa de Aspen junto a su nueva pareja, con la que esperaba encontrar una nueva oportunidad para ser feliz tras la amarga experiencia por la que había pasado. Ya en los años noventa, la figura de Claudine Longet como cantante empezó a reivindicarse, su voz y su estética se convirtieron en signo de sofisticación y elegancia y sedujeron a bandas como Stereolab o Ivy, al mismo tiempo que aparecían recopilatorios con lo mejor de su carrera y reediciones de sus trabajos con A&M. Finalmente la fama y el reconocimiento que se le habían negado a Claudine durante los últimos veinte años hacía acto de presencia y contribuía a limpiar la imagen de esta artista, que tan deteriorada y vilipendiada se había visto desde mediados de los años setenta. A mí poco me importa si Claudine apretó o no el gatillo de ese revólver, para mí siempre será la chica de "El Guateque", aquella que nos hizo perder el sentido a Hrundi V. Bakshi y a mí. He querido completar esta entrada con unos enlaces y un vídeo, como viene siendo habitual; entre los links, que esta vez están todos en el idioma de la Pérfida Albión, encontraréis la entrada que Wikipedia le dedica a la cantante, en segundo lugar, la página web del club de fans de Claudine Longet, en tercer lugar, un blog dedicado en cuerpo y alma a Claudine , y por último un enlace a un maravilloso especial dedicado a la cantante parisina y que aparece en una página llamada Confessions of a Pop Culture Addict. En cuanto al vídeo, no podría ser de otra manera, os dejo con la impagable escena de "El Guateque" en la que Claudine interpreta la canción "Nothing To Lose", un tema escrito por Henry Mancini y con letra de Don Black. Espero que os guste.
CLAUDINE LONGET EN WIKIPEDIA
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