Me cuesta entender las filias repentinas que asaltan a la población de este país. Por ejemplo: La Fórmula 1. Recuerdo que cuando iba al instituto tenía un compañero que estaba enganchado a los piques entre Senna y Prost, los domingos, lejos de curar las primeras resacas de su corta existencia, los pasaba madrugando para disfrutar en estado semicataléptico de aquellas carreras de coches que nadie entendía y que no significaban nada en términos de audiencias televisivas. De repente apareció Fernando Alonso en nuestras vidas y medio país se convirtió al credo de los monoplazas, las cadenas de televisión se enzarzaban en una guerra a cuchillo por los derechos del circo del motor, y un deporte que hasta hacía unos años había sido minoritario se revelaba como imprescindible en la vida de los españoles; conozco gente para la que el mundo se paraliza, literalmente, los días que hay carrera. Ejemplo número 2: Los musicales. Un espectáculo que asociábamos con los teatros norteamericanos, que parecen alérgicos a los clásicos y a la dramaturgia de calidad, se planta en España dispuesto a arrasar, eso sí, bajo el peculiar prisma de la idiosincrasia española y su personal visión comercial del espectáculo. Dicha visión distorsionada derivará en engendros como "Hoy no me puedo levantar" ó "40. El musical", que batirán todos los records de asistencia y de permanencia en cartel habidos y por haber. Ahora nos encantan los musicales, cuando hace unos años era impensable que un teatro español dedicase una semana de su programación a este tipo de espectáculos. Y no sólo eso, sino que hemos pervertido una expresión artística respetable, más allá de los gustos personales, convirtiéndola en una paparrucha infumable donde la falsa nostalgia, la moralina y la mediocridad campan a sus anchas; vamos que me diréis vosotros, queridos seguidores, que lo mismo es "Los Miserables" que "Hoy no me puedo levantar"... Pero que no cunda el pánico, hoy desde Rainy Day Music vamos a aportar un soplo de aire fresco, un halo de esperanza al panorama de los musicales actuales, por ello hemos elegido una de las últimas creaciones del gran Stuart Murdoch, "God Help The Girl".
Con guión del propio Murdoch, "God Help TheGirl" es una película donde la música tiene un papel predominante, y con la que el cerebro de Belle & Sebastian debutará como director de cine; su estreno está previsto para el 2012. Stuart Murdoch ha trabajado intermitentemente en este poyecto desde la grabación de "Dear Catastrophe Waitress" en 2004, dando forma a un disco que plasma a la perfección la pasión de Murdoch por los girl groups de los 50's y 60's. En "God Help The Girl" encontramos fundamentalmente voces femeninas, ellas son las que llevan el peso de las canciones, acompañadas de invitados de lujo como el mismísimo Neil Hannon, y con unos omnipresentes y brillantes arreglos de cuerda. Murdoch apuesta por voces desconocidas, cobrando especial protagonismo la cantante irlandesa Catherine Ireton, que interpreta la mayor parte de los temas. El disco suena a los Belle & Sebastian más embrionarios, es cierto, pero dejando una ranurita para que entre un ligero soplo de jazz, de clásica e incluso del sofisticado soul que irrumpe en alguno de los discos de la banda, como el citado "Dear Catastrophe Waitress" o "The Life Pursuit", del cual se incluyen dos canciones. En cuanto a la temática de "God Help The Girl", las canciones giran en torno al personaje de Eve, interpretado,vocalmente hablando, por Catherine Ireton. Eve ha abandonado sus estudios y ha comenzado a trabajar, es una joven con multitud de sueños, pero uno destaca sobre los demás: convertirse en cantante. Las canciones del disco repasan sus avatares, sus relaciones amorosas y sus aventuras de todo tipo, incluso las más problemáticas. No obstante el disco nunca suena dramático ni amargo, más bien hace gala de un humor y de una ironía muy británica que sitúa a Stuart Murdoch entre los mejores compositores salidos de las Islas de todos los tiempos, le pese a quien le pese. Para reafirmar mi sentencia basta con escuchar canciones como la que da título al disco, las armonías vocales de "Pretty Eve in the Tub", la revisión de la enorme "Funny Little Frog", la sobrecogedora intervención de Neil Hannon en "Perfection as a Hipster", o un "Come Monday Night" que recuerda a los Belle & Sebastian que conmovieron al mundo con Isobel Campbell en sus filas. Sin duda, un disco más que notable con el que reencontrarse con el mejor Stuart Murdoch y con el que descubrir a una magnífica vocalista.
Os dejo unos enlaces por si queréis profundizar en el asunto, en primer lugar el myspace y la web oficial de God Help The Girl, y en segundo lugar un link a Jenesaispop donde se analiza el proyecto de Murdoch; sí, es un poco austero y no tiene nada que ver con el festín de enlaces de entradas anteriores, pero qué le vamos a hacer, los cambios son así... Eso sí, no me olvido de los videos, he seleccionado el clip oficial de "Come Monday Night", una interpretación en directo del tema "God Help The Girl" y un tercer video en el que el propio Murdoch habla acerca del proyecto. Ahora está en vuestras manos, podéis darle una oportunidad al musical de Stuart Murdoch o dejaros engatusar por el talento de los hermanos Cano y los pecualiares musicales made in Spain. Espero que os guste.
Reconozco públicamente que una de las principales razones por las que me saqué el permiso de conducción fue para poder escuchar la música que a mí, y no a ningún otro individuo, melómano o no, me diese la real gana. En algunos aspectos de la vida no he sido precisamente un tipo precoz, de hecho había atravesado la frontera de los 30 cuando me decidí a ponerme por primera vez a los mandos de un automóvil. Esa decisión llegó tras muchos quebraderos de cabeza, sobre todo aquellos que concernían al desplazamiento y a la logística de la unidad familiar, pero no puedo ocultaros a vosotros que otra razón subyacía bajo aquella iniciativa. Durante años he sido un paciente pasajero, un partenaire de viaje perfecto que se ha comportado con una educación exquisita mientras sufría cruentos ataques sonoros de triunfitos, radioformulistas e indies de mercadillo. Pero todo tiene un límite, queridos míos, y tras lustros de acumular ponzoña en mis adorados pabellones auditivos decidí zanjar este tema convirtiéndome en dueño de mi propio destino musical. Seleccionar música para un viaje es todo un arte, sobre todo si eres tú quien está al volante, ya que has de decantarte por sonidos que te resulten relajantes y que no impidan el correcto devenir de la, siempre delicada, conducción. Hay discos que me encantan pero que jamás pondría en el coche, tal vez por resultarme excesivamente eufóricos, o por sonar profundamente hipnóticos, incluso mántricos, en cambio hay discos que parecen haber sido compuestos para disfrutar mientras se ejerce el noble arte del manejo del volante. Un buen disc jockey de carretera también ha de tener en consideración al resto de pasajeros, decantándose para ello por sonidos fáciles y ritmos asequibles; quienes lo hemos sufrido sabemos de la crudeza de un largo viaje escuchando ruiditos y propuestas vanguardistas. Es fundamental saber qué le gusta a nuestra tripulación e intentar llegar a una entente cordial entre nuestras inclinaciones musicales y las preferencias del resto del pasaje. Tal vez por ello, suelo llevar en el coche discos pausados, mucha Rainy Day Music: bossa nova, power pop (no muy power), rock de raíces, chanson, country, soul (en su vertiente más emocional y romántica), folk, y pop en sus múltiples reencarnaciones, siempre y cuando haya de por medio buenos arreglos y unas voces muy cuidadas; mi versión mas macarra, que la tengo y muy pronunciada, la reservo para el ámbito doméstico. Uno de los discos que más me ha acompañado en el coche en este verano que está a punto de acabar (¡¡¡por fin!!!) es precisamente el que hoy quiero compartir con vosotros, un ecléctico y variado ejercicio de pop a cabo de Jens Lekman, un músico sueco que hoy se sube a nuestro utilitario para hacernos pasar un viaje agradable. Tomad asiento y abrochaos los cinturones, y no olvidéis tomar una biodramina, que aún estoy pagando el coche y no quiero sorpresas desagradables.
Jens Lekman responde al estereotipo de figura de culto del pop, un tipo capaz de convencer a crítica y público, con una carrera asentada y una prolífica producción, pero que sigue siendo un desconocido para los grandes medios. Jens es un adalid del "do it yourself", de hecho gran parte de sus temas han sido grabados en su estudio casero, y es todo un experto en el uso de samplers en sus temas. No tengáis miedo, amantes de lo analógico, nuestro amigo sueco introduce los samplers en sus canciones con una gran inteligencia y con un gusto exquisito, haciendo gala además de una considerable cultura musical. Pero vayamos por partes, Jens Lekman nace en Gotemburgo en 1981, ciudad en la que transcurre su infancia, una etapa de su vida en la que no muestra ninguna inclinación artística en concreto. Será a los 14 años, cuando un amigo le proponga tocar el bajo en una banda de versiones, cuando se produzca su primer contacto serio con el mundo de la música. Lekman pasa un tiempo componiendo sus propias canciones, dando muestras de una creatividad y de una capacidad compositiva enorme, en pocos años compone cientos de temas. En 2001 se autoedita el primero de sus CD´s caseros, conocido como "The Budgie Album", lo hará bajo un seudónimo, Rocky Dennis, nombre robado al protagonista de la película "Mask" ("Máscara" en los cines españoles). Un año más tarde recopila en otro CD sus mejores temas y envía una copia al sello estadounidense Secretly Canadian, algunas de esas canciones verían la luz en 2003 en forma de EP, bajo el título de "Maple Leaves", causando un gran revuelo en internet y convirtiendo al joven Jens en centro de atención para críticos y melómanos. Poco más tarde, el sello sueco Service Records reedita el EP, y un año después, en 2004, Jens Lekman abandona su seudónimo y graba un nuevo EP, "Rocky Dennis in Heaven", al que le seguirá otro EP, "Julie". A finales de 2004 verá la luz el primer largo de Lekman, "When I Said I Wanted To Be Your Dog", que recoge 11 canciones grabadas entre 2000 y 2004, un disco que confirma las enormes expectativas que se habían depositado en el joven compositor, que pronto alcanza la cima del olimpo indie. Pero Lekman no se muestra conformista, sino que más bien se comporta como un músico inquieto que se embarca en giras de todo tipo, de hecho se le ha podido ver sobre un escenario a él solo acompañado de un reproductor de CD y de una guitarra, o interpretando a capella sus canciones, pero también se ha embarcado en giras acompañado de una banda femenina con sección de vientos incluída, o con un coro y un cuarteto de cuerda; Jens Lekman es impredecible. En 2005 aparece en el mercado un nuevo trabajo del sueco, precisamente el que nos ocupa, titulado "Oh You're So Silent Jens", y que recopila sus tres EP's con Secretly Canadian: "Maple Leaves", "Rocky Dennis in Heaven" y "Julie", junto a otros temas incluídos en recopilatorios y rarezas.
La recopilación "Oh You're So Silent Jens" toma su título de una de las estrofas de la canción "Black Cab", incluída en su primer EP, "Maple Leaves", y que se convirtió en uno de sus primeros éxitos. Reúne, como ya señalábamos, el primer material oficial de Jens Lekman, los 3 primeros EP's con Secretly Canadian y diversas colaboraciones en recopilatorios; material, todo él, descatalogado y de muy difícil adquisición, por lo que se antoja como un disco imprescindible para conocer los comienzos musicales del compositor sueco. Tal vez la mayor peculiaridad de la música de Lekman sea el uso de los samplers, que se integran perfectamente en el discurrir de cada tema, apuntalando la estructura sin remitirnos explícitamente a la canción original. La querencia por los loops y los samplers se ve complementada por un gusto por los arreglos elegantes, en los que las cuerdas toman el protagonismo, conformando así el sello de identidad de Jens Lekman. Podríamos calificar el sonido de Lekman como amable, con sutiles arreglos orquestales que le acercan en ocasiones al pop de cámara de bandas como los primeros Belle & Sebastian, y con un sentido del humor que le emparenta con su admirado Jonathan Richman. Además la sensibilidad del compositor sueco nos hace pensar en ocasiones en Stephin Merritt, y su elegante voz recuerda a algunos crooners del pop y del rock, como el eterno Scott Walker; pero no sólo eso, el uso de los samplers nos hace pensar en el Beck más íntimo, y en algunas de las canciones de Lekman hay ecos de bandas tan dispares como Television Personalities, Dexy's Midnight Runners, The Smiths o Beat Happening. Todo ello convierte a Jens Lekman en un músico difícil de catalogar, una rara avis que se empapa de todo aquello que le llega, dando forma a una propuesta muy personal. Es difícil destacar una sola canción de este recopilatorio, porque Lekman se mueve a un nivel altísimo y el disco está repleto de hits, canciones que en un primer momento pueden pasarnos desapercibidas pero que enseguida acabarán metiéndose en nuestra cabeza, de donde se resistirán a salir durante una buena temporada. Entre los samplers que Lekman utiliza en esta colección de canciones podemos citar los siguientes: "Walk Away Renée" de The Left Banke, "By The Time I Get To Phoneix", de Glen Campbell y "Do You Wanna Dance", de The Mamas & The Papas, tres temas que se dan cita en una sola canción, la monumental "Maple Leaves", una de las mejores composiciones de Lekman, y un claro ejemplo de cómo se pueden utilizar los samplers de manera inteligente y creativa. Otro de los grandes momentos del disco llega con "Pocketful of Money", que utiliza un fragmento de "Gravedigger Blues", de Beat Happening, o con el hit "Black Cab", que echa mano de "Mary Jo", de Belle & Sebastian, y de "I've Got Something on my Mind", de The Left Banke, también podemos citar el tema de The Shangri-Las "Remember (Walkin' in the Sand)", que aparece formando parte de "A Sweet Summer's Night on Hammer Hill". Pero no receléis del pobre Jens, no todo son samplers en este disco, ni mucho menos, de hecho las canciones que toman fragmentos prestados son 6 de las 17 que componen este recopilatorio; de modo que los descreídos del arte de la remezcla podrán comprobar como suenan las composiciones de Lekman limpias, sin adulterar. Buen ejemplo de ello son "Sky Phenomenon", con un delicioso piano capaz de emocionarnos por si solo, "Someone to Share my Life with", que bebe del pop spectoriano y del intimismo acústico de bandas como Mojave 3, o "I Saw her at the Anti War Demonstration", que arranca con un precioso arreglo de cuerdas para convertirse en una redonda canción de pop que navega entre el Morrisey más inspirado y el Richman más surrealista. Todas ellas son un ejemplo de la calidad de Jens Lekman como compositor, maravillosas perlas que trufan un disco que suena fresco y variado, eclecticismo bien entendido al servicio de un talento que tiene que darnos todavía muchas alegrías. Ahora es vuestro turno, elegid vuestra favorita, os aseguro que no será tarea fácil.
Tras tres años de frenético trabajo, Jens Lekman anunció en su web que iba a tomarse un largo descanso para trabajar en el material de su segundo disco de estudio, además aseguraba haber aceptado un puesto de empleo en una sala de bingo local. Sin embargo, Lekman abandonó su nuevo trabajo apenas dos días más tarde para dedicarse en cuerpo y alma a su proyecto musical, lo que daría sus frutos en 2007 con la publicación del álbum "Night Falls Over Kortedala". Su última grabación ha visto la luz hace tan sólo unos días, se trata de un nuevo EP, titulado "An Argument with Myself". Entre tanto, Jens Lekman ha ofrecido un buen número de conciertos y ha colaborado con artistas tan diversos como The Ladybug Transistor, El Perro del Mar o Javiera Mena, demostrando que es uno de los músicos más activos y creativos del panorama pop actual.
Una vez más me he vuelto a enrollar más de la cuenta, ya veis en lo que han quedado mis propósitos de enmienda... En fin, vamos echando el cierre a este post con los consabidos enlaces, por supuesto web oficial y myspace de Jens Lekman, además del espacio dedicado en la web del sello Secretly Canadian al músico escandinavo. También he recogido la reseña que de "Oh You're So Silent Jens" se hizo en Pitchfork, así como una entrevista aparecida en la página Super45. Y en último lugar he seleccionado tres enlaces a tres sesiones en directo grabadas por Jens Lekman, la primera con los amigos de La Blogothèque, la segunda para Brass Tree, y la tercera en el entrañable taxi de The Black Cab Sessions. Y por si había pocos videos he completado la entrada con dos más, el clip oificial (al menos eso creo) de la tremenda "Pocketful of Money" y la interpretación de "F Word" que Jens hace para La Blogothèque. Espero que os guste.
Quienes soportáis mis digresiones, y aguantáis estoicamente las "turradas" mentales que puedo llegar a escribir en este blog, os merecéis un monumento en la plaza principal de vuestras respectivas ciudades. Vosotros, como iba diciendo, ya me vais calando y conocéis mi proverbial animadversión hacia esa época del año que en otros seres humanos despierta los más encendidos elogios: el verano. Pues bien, hoy quieros hablaros de algo estrechamente relacionado con el verano: la playa. Como es de suponer, es difícil que te guste la playa si no te gusta el verano, así que habéis acertado, la playa y yo somos una pareja mal avenida, nos vemos las caras una vez al año y a partir del tercer día nos hartamos el uno del otro; no sabéis cuanto lamento contradecir al maestro Jonathan Richman cuando canta aquello de "The beach be one of the best things we got...". Con el paso de los años mi relación con la playa se ha ido agriando más si cabe, probablemente el hecho de no saber nadar tenga mucho que ver en ese deterioro, ya que dicha carencia saca a flote (que bien traída esta expresión) mis más atávicos temores, haciendo asomar mis escasos complejos. Cuando uno era niño no saber nadar podía ser objeto de befa y mofa, pero en la playa podías pasar inadvertido. Uno, que ya es perro viejo en el arte del fingimiento y la impostura, podía emular a Johnny Weissmüller con tan sólo arrodillarse en una zona segura; el efecto, visto desde la toalla, era bastante convincente y no despertaba sospecha alguna en tus acompañantes. Pero con la llegada de la adolescencia la cosa se complicaba, había que convertirse en un macho alfa y aquello de ser un analfabeto del croll y la mariposa estaba sancionado con escarnio público, si podía ser delante de la chica que te gustaba, miel sobre hojuelas para el verdugo en cuestión. No saber nadar limita tu campo de acción en la playa de manera notable, sobre todo, obviamente, en cuestiones acuáticas, ya que te ves limitado al simple remojón, lo que se resume en una entrada-salida fugaz del mar, si uno no quiere que se perciba su tara náutica; la técnica del remojón se comparte con ancianos y niños de edad inferior a los 5 años.
Nunca he tenido un idilio con la playa, probablemente porque nunca he tenido grandes recuerdos relacionados con la misma, más allá del primer baño de G. en aguas mediterráneas. Mi historial amatorio carece de romances playeros, y eso es fundamental para llevarse bien con un lugar. Cuando aspiraba a una plaza de macho alfa, que finalmente me fue denegada, lo que más llamaba mi atención de la playa era la concentración de chicas venidas de otros lugares, aquellas procedencias despertaban en mi púber imaginación todo un catálogo lúbrico de posibilidades eróticas. Huelga decir que todo acercamiento se veía abortado ipso facto, debido a mi enfermiza timídez adolescente y a mi ausencia de pericia a la hora de desenvolverme en la playa. Siempre me han interesado los guiris, dicho sea con todo el cariño, sobre todo porque mi infancia y adolescencia se desarrolló en una época en la que en este país aún se respiraba cierto aire rancio, heredado de tiempos pasados, y la presencia en suelo patrio de ciudadanos de otros países suponía, en ocasiones, la entrada de nuevas ideas y de una conciencia social más avanzada. Eso es lo que más me atraía de niño cuando iba a la playa, los guiris; ver cómo vestían, qué música escuchaban, cómo se comportaban, contemplarlos, en definitiva, podía convertirse en una fuente de inspiración. Así acabé la década de los 80, con un incipiente ramalazo rapero y una indumentaria que prefiero no recordar. Menos mal que mis padres acabarían cambiando la playa por la montaña.
Hoy protagoniza la recomendación habitual de Rainy Day Music un guiri que visitó nuestra costa para quedarse, el griego Evripidis Sabatis y su proyecto musical Evripidis and his Tragedies. Evripidis nació en Atenas, donde recibió una completa formación como pianista clásico, podemos afirmar que su vida siempre ha estado estrechamente relacionada con la música, y desde que descubrió los discos de Mozart que atesoraban sus padres se despertó en él un anhelo muy vivo por convertirse en músico. Desde adolescente ya desarrolla un carácter hedonista que se convertirá en uno de los puntales de su música, el joven Evripidis pasa el tiempo tocando el piano, inventando piezas propias, todas ellas de corte clásico, y dibujando. Tras realizar parte de sus estudios en su país natal y en Londres, en 2004 decide trasladarse a Barcelona, donde concluirá su formación como diseñador y donde tomará forma su proyecto musical; una aventura que había comenzado en solitario durante sus últimos años en Atenas y en Londres. En Barcelona seguirá cultivando su pasión por la música, el dibujo, la escritura y, sobre todo, la vida y el amor, ese eterno sentimiento al que dedicará gran parte de sus composiciones. Evripidis comienza a tocar en algunos locales de la Ciudad Condal, lo hace solo, con la única compañía de su teclado, y poco a poco se va adentrando en la escena independiente barcelonesa, donde no tardará en hacer amigos. De este modo comienza a tomar forma Evripidis and his Tragedies, una banda sujeta a todo tipo de colaboraciones y mutaciones, una apuesta por el pop exquisito que navega entre el minimalismo y los arreglos barrocos, entre las melodías optimistas y los pasajes oscuros, contrastes en los que el piano y las voces se convertirán en los principales protagonistas. Entre los referentes que se suelen citar para referirse a la música de Evripidis figuran Stephin Merritt, The Beach Boys, Belle and Sebastian, The Shangri-Las, The Shirelles, Scott Walker, Jonathan Richman, Kate Bush e incluso el mismísimo J. S. Bach. Los textos de Evripidis huyen de los tópicos, mostrándose inteligentes y cercanos al humor negro, dejándose arrastrar en ocasiones por un romanticismo casi enfermizo y enarbolando en otros momentos la bandera de una mística oscura, tenebrosa.
Tras grabar un single en colaboración con los artistas plásticos Jeleton, para su proyecto "Las Lilas de Jeleton", verá la luz el primer, y homónimo, trabajo de Evripis and his Tragedies, gracias al sello Touchme en el año 2007. El disco se grabó en tan sólo cinco días, debido a lo ajustado del presupuesto, algo que tiene mucho mérito teniendo en cuenta, no sólo el más que notable resultado, sino sobre todo la complejidad de algunos pasajes y la variedad de instrumentos que se empleó en el proceso de grabación. Evripidis y sus compinches cocinan un disco a la vieja usanza, grabándolo en directo, al aire, sin mezclas, esto supone otro enorme mérito ya que el disco suena fresco e instantáneo, pero sin caer en el ameteurismo mal entendido. "Abroad" es la pieza que abre el LP de debut de Evripidis and his Tragedies, y simplemente resulta imposible no dejarse engatusar por la melodía inicial, que se abre con el piano y un coro femenino que dará paso a la más que solvente voz de Evripidis, formando un conjunto que recuerda a las bandas de chicas que tanto gustan al ateniense, un ejercicio de pop melodramático con un ojo puesto en el doo wop; un comienzo redondo y, para quien escribe estas líneas, una de las mejores canciones del disco. En líneas generales podemos calificar el debut de Evripidis and his Tragedies como un disco ambicioso, teniendo en cuenta la estructura y complejidad de algunos temas, la variedad estilística y la duración de los mismos, ya que no hay una sola canción por debajo de los 3 minutos. Los teclados se convierten en los protagonistas absolutos de las canciones de Evripidis, escoltados en todo momento por una cohorte de vocalistas femeninas que arropan las composiciones del músico ateniense, rememorando en varios momentos del disco al preciosismo vocal de The Beach Boys o a los Girl Groups de sello spectoriano. Como ya indicábamos unas líneas más arriba, el disco está lleno de contrastes, de claroscuros que nos conducen del optimismo rutilante a la tenebrosa introspección, podríamos afirmar que lo que predomina es el melodrama, capaz de robarnos una sonrisa para situarnos al borde del llanto trémulo a los dos minutos. Entre los momentos más brillantes del disco podríamos mencionar el ya citado inicio con "Abroad", que se ve perfectamente refrendado con "It's June Again", un tema con un comienzo exuberante, un coro de voces sobresaliente y ramalazos de pop ochentero, y con "Straydog", un tema conmovedor, que hace gala de un fraseo al piano que recuerda algunas Gymnopédies del maestro Erik Satie. "Ru Ru I'd Love To..." es el tema más desenfadado del disco, y también ha de situarse entre lo mejor del repertorio por su carácter adictivo, pop fresco con herencias del musical, presente en detalles como la conversación que el cantante entabla con sus coristas; "I Want to be There" suena melancólica, trayendo a nuestra memoria al Neil Hannon más intimista, es un tema que camina entre el minimalismo del piano y los sutiles arreglos, que destacan por las excelentes voces. Y de entre las favoritas también citaré "Red is the Sky Above the Harbour", el tema más ambicioso del disco, con una duración que sobrepasa los 6 minutos, una canción que se aproxima al cabaret, con un piano trotón y un Evripidis expresivo y dramático en su interpretación, al estilo del primer Rufus Wainwright, un tema que recuerda a los Decemberists más ácidos. El resto del disco mantiene un buen nivel, ofreciendo muestras de la versatilidad compositiva de Evripidis Sabatis, que le lleva de la épica pop, que se respira en cortes como "Transylvania", al surrealismo ambiguo y oscuro de "Some Night are Sleepless", con pasajes próximos al humor negro, como es el caso de "...'Cause I Shall Rise Again!", y flirteos con el pop preciosista y delicado, como en "The Long-Lasting Lovers", un disco que explora registros más contemporáneos y comerciales, ejemplo de ello es "Antarctica", pero sin abandonar el hedonismo marca de la casa, que tanta personalidad aporta a su música. El LP se cierra con "Gregory (We're Coming Out in the Light)", cuyo fraseo de piano recuerda a "Abroad", aunque con otro tempo y con una estructura instrumental más tupida, es como si entre la primera y la última canción del álbum se estableciese una relación a modo de obertura y cierre, funcionando como una de esas obras clásicas que tanto gustaban al pequeño Evripidis. Como sorpresa, tras una breve pausa en la pista número doce, comienza otro tema, en esta ocasión interpretado en griego por Evripidis Sabatis con la única compañía de su teclado.
El disco tendrá una buena acogida por parte de la crítica, y Evripidis comenzará a dar conciertos con su nuevo material, lo que le llevará a diferentes ciudades. El formato de la banda es más que variable: en ocasiones se juntan hasta once personas sobre el escenario, en otras en cambio la formación consiste en el propio Evripidis al frente de su piano. Los cambios, entradas y salidas, en la formación se convierten en una tónica habitual, formando parte del proyecto miembros de conocidas bandas de la escena como Le Pianc o Extraperlo, entre otros; a pesar de ello la apuesta de Evripidis Sabatis no pierde fuelle y sigue dando muestras de una enorme creatividad. A finales de 2007 graban un tema de Magnetic Fields para un disco de homenaje a la banda, y poco más tarde se embarcan en un proyecto audiovisual, grabando nueve temas para el corto de David Bestué "Historia de la Espuma", más recientemente, también pondrían música a otro corto, en este caso de Jordi Cusso, titulado "Hombre caminando". De entre sus últimas grabaciones habría que destacar el tema "All Those Summer Parties", que Evripidis y los suyos grabaron en exclusiva para la web del Barcelonés Magazine, la banda también ha participado este 2011 en el disco "Els Transports", dentro del ciclo Minimúsica (si tenéis niños en casa, echadle un ojo, os va a encantar, y si no los tenéis, también), que pretende acercar las bandas de rock y pop al público infantil, para que dejen de maltratar a sus padres con los Cantajuegos y torturas similares, para el citado disco aportaron dos temas: "Dreamboat" y "Motorbike". Y, obviamente, tenemos que destacar su incursión en el estudio para dar forma a su segundo trabajo, que verá la luz en septiembre de este mismo año y llevará por título "A Healthy Dose of Pain". También hay que destacar la labor de Evripidis Sabatis como diseñador y artista gráfico, un trabajo que ha desarrollado de manera especial en los tres últimos años, y que le ha llevado a colaborar con un buen número de publicaciones, así como en el diseño gráfico de algunos discos, además de participar en exposiciones, tanto colectivas como individuales. En cuanto a su faceta como escritor, tampoco podemos pasarla por alto, ya que recientemente se ha publicado su primer libro, titulado "El Calamor y otros mitos de la intimidad", un trabajo que recoge textos en castellano, letras de sus canciones en inglés e ilustraciones del propio artista, una obra consagrada al amor y a los amantes. Por si esto fuera poco, el polifacético ateniense también se encierra en la cabina y ofrece, con cierta frecuencia, sesiones como D.J. , animando el cotarro en diferentes locales de la noche barcelonesa y madrileña. Evripidis Sabatis, un peculiar personaje con toneladas de talento que no deberíais dejar escapar.
Como broche a esta extensa entrada (parece que volvemos a las andadas...) os dejo una buena dosis de enlaces y videos. En primer lugar los enlaces, por así decirlo, oficiales: la web, el myspace, el blog, el soundcloud y el bandcamp de Evripidis (en estos dos últimos podréis disfrutar de la preview de "A Healthy Dose of Pain", que suena a gloria bendita; serio candidato a disco nacional del año), seguidos de un completo perfil trazado por el propio ateniense en la web de Smoking Rolls, una estupenda entrevista aparecida en la web de Música Heineken y una reseña del primer disco de Evripidis and his Tragedies realizada en Muzikalia. Además un último enlace os llevará a disfrutar de la sesión que la banda grabó para Videotapas, con dos temas inéditos hasta la fecha, no os la perdáis. Y hablando de videos, y para alargar todavía más la entrada, he seleccionado tres: los clips de "Abroad", "Straydog" y "Ru Ru I'd Love To...". No tengáis miedo y daos un chapuzón en las reconfortantes aguas de Evripidis and his tragedies, no os preocupéis si no sabéis nadar. Espero que os guste.
Conforme uno va peinando canas (que ya es de lo poco que nos queda para poder peinar) se da cuenta de lo importante que es dar las gracias, una acción que en este mundo de prisas voraces y de egos superlativos olvidamos con bastante frecuencia. Cuando éramos niños, nuestros padres insistían en que dijésemos la palabra mágica a todo desconocido que nos diese un caramelo (otro día hablaremos de los caramelos con droga a la salida del colegio, qué fuerte...), nosotros asentíamos resignados y con un finísimo hilo de voz deslizándose entre nuestros labios susurrábamos unas "gracias" prácticamente inaudibles; el proceso de aprendizaje era costoso y se nos antojaba realmente complicado articular esas dos sílabas. "Es de bien nacido ser agradecido", me repetía mi padre, frase que con el tiempo he hecho mía en una clara muestra de la "carcamalización" a la que me estoy sometiendo; extraño animal el humano, al que hay que enseñarle a ser agradecido. Yo procuro comportarme como un bien nacido e intento dar las gracias siempre que puedo, hay tantos motivos por los que hacerlo que obviarlo sería de una arrogancia imperdonable. No quiero caer en la cursilería más almibarada, por lo que voy a omitir un millón de motivos por los que estoy agradecido a esta vida, los cuales prefiero reservar para sus principales destinatarios, pero sí que quiero agradecer de nuevo a todos los visitantes de Rainy Day Music su fidelidad, su complicidad y su compañía en esta singladura que va camino de cumplir tres años; gracias por todo lo bueno que me dais, que es mucho. Cuando uno emprende cualquier tipo de aventura personal ha de ser agradecido con todo aquel que le ha servido de apoyo, incluso con los adversarios (en caso de que los haya) que le han servido de estimulo para hacer mejor las cosas. Me encanta cuando un escritore dedica su libro a alguien, porque me hace fantasear con los motivos de tanta gratitud, pero sobre todo me gusta bucear entre los diminutos caracteres de los créditos de los discos en busca de los agradecimientos; dejad que os cuente algo acerca de una sorpresa que me esperaba escondida entre esas liliputienses letras.
Hace mucho tiempo el país estaba conmocionado por la olvidada crisis del fletán, aquel extraño incidente diplomático con Canadá que a punto de estuvo de convertirse en algo más serio. Yo no sabía qué era un fletán, la globalización piscícola no había llegado a la cocina de mi madre y a mí aún me quedaban unos cuantos años para descubrir especies como la Panga o la Perca del Nilo (¿qué demonios estaremos comiendo? Mejor no pensarlo). A mí todo aquello me daba igual, lo que verdaderamente me cabreaba de la crisis del fletán era que a consecuencia de la misma los visados a ciudadanos canadienses se habían denegado ¿Y qué me importaría eso a mí? os preguntaréis, pues muy fácil, una de mis bandas favoritas por aquel entonces, Bum, tenía programada una gira por España, la cual recalaba en mi ciudad, y tuvo que suspenderla por culpa de los dichosos fletanes y los besugos diplomáticos de turno. Bum era una banda canadiense diminuta para muchos pero enorme para mí, junto a otro buen puñado de melódicos airados se convirtieron en santo y seña de mis veinte años. Fue precisamente en el último disco de Bum (el último en el año 1 después del fletán, se entiende) donde me encontré por primera vez con nuestros lluviosos huéspedes de hoy. En los agradecimientos, mis añorados canadienses citaban a un sin fin de bandas, algunas de ellas eran conocidas para mí, otras me sonaban, pero mi atención recayó en una en concreto, "lookout for Zumpano" decían Bum. ¿Qué enigmático, verdad? Un agradecimiento y una encarecida recomendación al mismo tiempo; sin duda había que investigar. Los cachorros de la era digital serán incapaces de entender cómo un tipo podía gastarse 2500 pesetas (no saquéis las calculadoras, chavales, 15 eurazos) en un disco que nunca había escuchado, sólo porque lo recomendaba una banda a la que admiraba, internet estaba en pañales y Zumpano no sonaban en las emisoras de radio ni se dejaban caer por la MTV; había que jugársela, así es la droga (la de veces que hice este tipo de cosas, a veces salia bien, de otras mejor no hablar...). De modo que me puse en contacto con uno de mis camellos de aquel entonces y le pedí una buena dosis de Zumpano, pasaron los días y pronto cayó en mis manos un disco que me haría olvidar la crisis del fletán y se convertiría en parte muy importante de mi vida, así es como comenzó todo, con un simple agradecimiento.
Mientras Cobi y Curro andaban haciendo de las suyas, dos músicos canadienses, Jason Zumpano y Michael Ledwidge tomaban una decisión muy arriesgada para sus carreras, disolver su banda justo cuando estaban a punto de firmar con una importante multinacional; el motivo, considerar que la formación había degenerado en algo artísticamente impuro, aquella banda se llamaba Glee. Tras su alocada muestra de honestidad, aquellos dos jóvenes deciden embarcarse en un nuevo proyecto, para ello será clave otro músico, Carl Newman, amigo de la infancia de Michael Ledwidge. Superconductor era la banda en la que tocaba Carl Newman, una formación de Vancouver que se declaraba admiradora de Glee, de modo que cuando Newman, se enteró de la separación de estos, les propuso crear una nueva formación. Los tres músicos contarían con la ayuda del bajista Stefan Niemann, de este modo quedaría configurada la formación de Zumpano, con Michael Ledwidge a la guitarra y a los teclados, Carl Newman como cantante y guitarra rítmica y Jason Zumpano al mando de la percusión. Durante un breve período de tiempo la banda se llama The Wayward Boys, aunque finalmente deciden adoptar como nombre el apellido de su batería por su fuerte sonoridad, así es como nace Zumpano. Las coordenadas sonoras de Zumpano están muy claras desde el principio, formaciones como Love, The Beach Boys, The Left Banke, The 5th Dimension, y sobre todo The Zombies, figurarán en la hoja de ruta del cuarteto de Vancouver. La maquinaria de Zumpano se puso pronto en marcha y enseguida comenzaron los conciertos, varios de esos directos les llevaron a Seattle, donde la discográfica Sub Pop caería rendida a los pies de estos muchachos que facturaban un pop fresco y diferente a todo aquello que llevaba la firma del sello padrino del grunge. En 1994 Zumpano firma con Sub Pop, ese mismo año graban su primer tema, una versión de The Zombies, "Changes", para un disco homenaje editado por Popllama, titulado "The World of The Zombies". Un año más tarde sale a la calle su primer disco, "Look What The Rookie Did", una pequeña obra de arte que sería fundamental en el devenir de la discográfica de Seattle, ya que supondría su apertura a sonoridades diferentes de las que marcaron la transición entre la década de los 80 y la de los 90. Aquellas farragosas guitarras y aquella querencia por el ruido y la distorsión que dieron lugar al grunge, daban paso a las armonías vocales, las guitarras limpias y los arreglos cuidados característicos del pop artesano con sabor a años sesenta.
"Look What The Rookie Did" puede parecer una afirmación arrogante, pero en el fondo el título del primer disco de Zumpano nace de una broma entre los integrantes de la banda, de hecho es una frase de una película porno gay. Michael Ledwidge trabajó durante un tiempo duplicando cintas de video, muchas de ellas porno, y para matar el tiempo y entretenerse editaba sus propias cintas con extractos de diferentes películas, cintas que luego visionaba con sus amigos. "Look What The Rookie Did" fue una frase muy celebrada entre los jóvenes Zumpano, y que acabaría convirtiéndose en el título de ni más ni menos que su debut discográfico, pero con el paso del tiempo se ha convertido en una afirmación que ha cobrado más sentido conforme pasaban los años: "Mira lo que hizo el novato". Y es que estos novatos se encierran en un estudio en 1995 para dar forma a un disco soberbio, y lo hacen de manera inocente, con una naturalidad pasmosa, sin atisbo alguno de pretenciosidad; ahí reside, quizás, la grandeza de este disco, en su falta de pretenciones, en su espontaneidad, características que acabarán convirtiéndolo en un disco atemporal, un trabajo fundamental en la historia de la música de los últimos 20 años. El album comienza con "The Party Rages On", una canción luminosa, que en principio parece una muestra más de power pop, pero que se va complicando conforme transcurren los segundos. El trabajo de guitarras en el primer corte del disco es brillante, siendo ésta una tónica que dominará el album de principio a fin; los diálogos entre la guitarra principal y la rítmica, los punteos, algún riff lleno de energía, pinceladas de lap steel, constantes cambios de ritmo, todo ello nos dará una idea del nivel compositivo que desprende este LP. "The Party Rages On" es una declaración de intenciones, un compendio de lo que nos espera a lo largo de "Look What The Rookie Did", una canción capaz de sorprendernos, que huye de la monotonía y de las estructuras típicas del pop. A todo ello hay que sumarle una compleja letra, me refiero a la hora de insertarla vocalmente en el cuerpo de la melodía (intentad cantarla a modo de karaoke con el vídeo que encontraréis más abajo), la dicción es enrevesada y descubre a un Carl Newman rotundo, que se bautiza como pequeño genio en este disco para subir más tarde a los altares de la música independiente de la mano de The New Pornographers. "Oh That Atkinson Girl" es una deliciosa canción que se abre con un toque de flauta que da paso a unos Zumpano un poquito más acelerados que en la primera pista, una vez más, hay que destacar el papel de las guitarras, tarea en la que Michael Ledwidge es el principal responsable. El fraseo de la flauta es el distintivo de esta canción, que además se encarga de separar y estructurar las diferentes partes de la misma. El tercer tema de "Look What The Rookie Did" es una versión, la única de todo el disco, se trata de "Rosecrans Boulevard", de Jimmy Webb. Comienza con teclado y voz únicamente, para más tarde dar paso al resto de instrumentos, que poco a poco irán contribuyendo a complicar la melodía y a introducir los cambios de ritmo que tanto gustan a la banda. Sin duda, "Rosecrans Boulevard" es una canción que parece escrita para Zumpano, un tema que se ajusta perfectamente a los postulados de la banda y que enlaza perfectamente con el soft rock y con el pop barroco más elegante, por algo siempre reconocieron a Jimmy Webb como uno de sus principales referentes. "Platinum Is Best Served Cold" es, según mi opinión, el tema que menos encaja en "Look What The Rookie Did". No quiero decir que no esté a la altura del conjunto del disco, sino que suena diferente, como si se hubiese producido en otro estudio y por otras manos. A pesar de su arrollador comienzo, con ese punteo de guitarra que llevará el peso de la melodía, es la canción más plana del disco, y aquella en la que los cambios resultan menos sorprendentes, aún con todo, nos encontramos ante un gran tema. La quinta pista del disco es "Evil Black Magic", no os dejéis engañar por el título, lejos de encontrarnos ante un pelotazo de blues pantanoso fabricado en New Orleans, nos hallamos ante una monumental canción de pop con mayúsculas, la primera del disco en introducir metales. Zumpano vuelven a la senda del pop trabajado, pulido con maestría hasta la saciedad, y lo hacen con un tema que desprende elegancia desde el primer segundo. "Evil Black Magic" es una canción más convencional en su estructura, aunque sin renunciar a los cambios de ritmo, y con una sección de metales fantástica en el estribillo, que se acompaña de unas voces perfectamente empastadas. Y a partir de aquí agarraos bien fuerte porque se avecinan emociones fuertes, llegamos al cogollo del disco y tenemos por delante cinco canciones que deberían figurar por méritos propios entre lo mejorcito del pop de las últimas décadas. ¿No me creéis? Probemos con "Temptation Summary".
El sexto tema de "Look What The Rookie Did" comienza con un suave e insinuante punteo de guitarra, que en apenas unos segundos da paso a una cascada de instrumentos que se dejan llevar por una trepidante batería y que acaban rematados por una ráfaga de metales. El conjunto funciona como un caos perfectamente ordenado en el que destacan los punteos de guitarra y la magnífica voz de un inspiradísimo Carl Newman, que consigue una matricula de honor en otra complicada prueba en lo que a dicción se refiere. "Temptation Summary" es Zumpano en estado puro, con constantes cambios y con una instrumentación elegante y compacta. Si a estas alturas aún no te has enamorado de Zumpano no insistas, será mejor que te dediques a hacer otras cosas, aunque dudo que puedan ser más hermosas que esta canción. Casi sin dejarnos recobrar el aliento, el cuarteto canadiense contraataca con "I Dig You", un tema que parte de una estructura básica, en cuanto al cuerpo y al estribillo se refiere, y que cuenta con un trepidante in crescendo en su recta final que muestra a los Zumpano más guitarreros acompañados de un fantástico teclado. El octavo tema del LP es "Wraparound Shades", que de nuevo se abre con el teclado, en este caso las guitarras permanecen agazapadas otorgando protagonismo a la sección rítmica, en especial al bajo. Un cambio de ritmo saca de su letargo a las seis cuerdas, que abren la ráfaga del estribillo para luego devolver la batuta al bajo, entre medio se abre un pequeño agujero a través del cual penetra la luz de la mejor tradición vocal de los 60; un nuevo cambio de ritmo que conduce a la canción a derroteros muy diferentes de aquellos que al principio se sugerían. Y llegamos a mis dos momentos favoritos del disco, el primero se titula "Snowflakes and Heartache". Esta novena pista de "Look What The Rookie Did" está emparentada con "Temptation Summary", aunque en este caso la banda va directa al grano, sin concesiones. Nos encontramos de nuevo ante una compleja estructura, de apariencia caótica pero de resultado armonioso, una canción que hace un brillante uso de los metales y que cuenta con unos punteos de guitarra flamencados que sitúan a Zumpano en la mejor tradición del pop elegante y atemporal, pasando a formar parte de una genealogía que les emparenta directamente con monstruos de la talla de Love, The Zombies o The Beach Boys. "Snowflakes and Heartache" es sencillamente sublime, y lo es en la medida que lo son "Alone Again Or" o "The Time of The Season", no creo que una sola banda de pop en la primera mitad de los años 90 haya sido capaz de igualar el nivel que alcanzan Zumpano con esta canción. La canción funciona como un todo colectivo en el que cada instrumento tiene su función e incluso ritmos diferentes, no se trata de seguir la pauta que marca la sección rítmica sino de crear una melodía utilizando diferentes tonalidades, como si se tratase de una composición polifónica. Y lo mejor de todo es que lo que muchos habían logrado en casi diez minutos de canción, Zumpano lo condensan en apenas tres minutos y medio; ese es el caos controlado y armonioso que tan bien dominan Zumpano, y "Snowflakes and Heartaches" es su mejor expresión. Pero cuando estéis a punto de desfallecer de la emoción y del gozo, no se os ocurra bajar la guardia, porque los cuatro geniecillos canadienses nos van a dar la puntilla con "Jeez Louise". Zumpano saca a relucir su lado más punk en la décima canción del disco, un tema para escuchar a todo volumen y no parar de dar saltos. La canción se abre con una guitarra con wha wha que acaba dando paso a una verdadera explosión de energía, una fiesta a la que también están invitados los metales, protagonistas de los cambios de ritmo y encargados de insuflar swing a un tema redondo de principio a fin. Y después del ritmo frenético de "Jeez Louise" llega la calma de "(She's A) Full Blodded Sicilian", el tema que cierra los créditos de "Look What The Rookie Did". Esta canción cierra perfectamente el disco, se trata de un medio tiempo en el que aparece como invitado especial un banjo, curiosamente es la canción más larga del LP, un tema marca de la casa con ecos de The Zombies y Brian Wilson y con unas guitarras que van del swing al surf pasando por el folk sin apenas despeinarse. "Look What The Rookie Did" guarda una sorpresa a modo de canción oculta, un tema que no aparece en los créditos y que supone la pista número doce. Se trata de una canción que recoge el ambiente de lo que bien pudiera ser un local de ensayo, en el que escuchamos una batería y una guitarra distorsionada en constante diálogo; es una pista que no aporta nada y que bien se podrían haber ahorrado el cuarteto de Vancouver. Ésta es una opinión personal, pero nunca he entendido por qué se hacen este tipo de cosas en algunos discos, si nos fijamos, en los años 90 era bastante frecuente, ahora, afortunadamente, esta tendencia parece haber desaparecido.
El debut de Zumpano fue muy bien recibido por la crítica, aunque tuvo unas ventas discretas, algo llamativo en un momento en el que se vendían muchos más discos que en la actualidad (que curioso que ahora, que es cuando más música se escucha, sea cuando menos se vende), los periodistas especializados se vieron sorprendidos por el sonido de Zumpano, una propuesta sin grandes pretensiones que ofrecía una pincelada diferente en un panorama dominado por los monolíticos sonidos del grunge y por la estrechez de miras del pop más comercial. En 1996 Zumpano remataría su carrera con su segundo disco, "Goin' Through Changes", un trabajo en el que las melodías dan un pasito más allá y apuestan por una mayor complejidad, emparentándose directamente con las composiciones de Burt Bacharach. "Goin' Through Changes" fue unánimemente aclamado por la crítica, que sigue considerándolo el mejor disco de Zumpano, para este humilde escribiente es un magnífico disco, aunque más blandito que su antecesor, con menos garra y frescura que "Look What The Rookie Did"; digan lo que digan, no hay amor como el primero. Y pasaron los años sin que hubiese noticia alguna sobre Zumpano, nadie había anunciado su disolución pero tampoco se había presentado material nuevo por parte de la banda, su situación era un misterio. Hasta que en el año 2000 Carl Newman reaparece de manera fulgurante con su nueva banda, The New Pornographers, con la que conocerá las mieles del éxito que se le habían negado a Zumpano. The New Pornographers es un antiguo proyecto que Carl Newman decide retomar en los albores del nuevo milenio, esta formación cuenta con la presencia de la mismísima Neko Case, niña mimada de la crítica independiente. Será en una entrevista, ya al frente de su nueva banda, cuando el propio Newman reconozca la separación de Zumpano, la cual se produjo poco después de que "Goin' Through Changes" viese la luz. También en el año 2000, Michael Ledwidge vuelve a la escena como Near Castlegar, convertido en hombre orquesta, Jason Zumpano haría lo propio en 2003 al frente de Sparrow, y más tarde, en 2007, con Attics and Cellars. Jason Zumpano y Carl Newman (que también firma sus discos como A.C. Newman) han grabado material en solitario, y el primero de ellos se ha destapado como un magnífico pianista, así lo plasma en sus propias grabaciones y en las distintas colaboraciones en las que se ha involucrado. Para la historia quedan dos sobresalientes LP's y tres singles, uno de ellos compartido con otras tres bandas, además de varias participaciones en recopilatorios y discos de homenaje; ese es el pequeño, pero exquisito, legado que nos deja Zumpano.
Llega la hora de echar el cierre a esta extensa entrada y lo vamos a hacer, como es costumbre, con los enlaces y los videos. Cuando Zumpano estaban en activo, queridos niños, ese invento del demonio llamado internet apenas se conocía, es por eso que me ha resultado complicado encontrar enlaces de enjundia para recomendaros. No obstante, no soy de los que se rinde fácilmente, de modo que finalmente he seleccionado cuatro enlaces que podrán proporcionaros una visión más amplia de la carrera del cuarteto de Vancouver; vamos allá: El primer link os conducirá a la web de Sub Pop, donde hay un pequeño espacio dedicado a Zumpano, ahí podréis encontrar una breve historia de la banda (extraída de Wikipedia, por cierto, ya les vale...), además de fotos y las grabaciones del cuarteto, las cuales podéis adquirir a precios asequibles. El segundo enlace os situará en la web personal de Jason Zumpano, en la que el músico canadiense muestra detalles de sus trabajos más recientes. Pero el enlace más jugoso es el tercero, el de la web Behind The Beehive, una página diseñada por un fan de la banda (no en vano, "Behind The Beehive" es el título de uno de los temas incluídos en el segundo disco de Zumpano) y en la que ponen a nuestra disposición todas las rarezas y caras B's de la banda, además de entrevistas, directos y vídeos; no os la perdáis, aunque el diseño deja mucho que desear. Y por último, como no he encontrado una entrevista decente realizada a Zumpano en ninguna web (aunque podéis disfrutar de una en Behind The Beehive), he elegido un link que os llevará a una entrevista realizada a Jason Zumpano en mayo de 2010 en The Line of Best Fit. En cuanto a los videos, tampoco había mucho donde elegir, así que he optado por lo fácil, los dos clips que se rodaron de "Look What The Rookie Did": "Party Rages On" y "I Dig You". No hace falta que me deis las gracias, más bien soy yo quien os agradece que aún estéis leyendo este testamento, aunque si queréis hacerlo no os lo impediré; ser agradecidos saca lo mejor que llevamos dentro, y eso siempre resulta sorprendente y reconfortante. Espero que os guste.
¿Alguna vez os habéis preguntado quién decide el número de raciones que componen un plato precocinado? Sé que es un pregunta absurda, pero yo no puedo evitar formulármela cada vez que una de esas bombas de sal y colesterol cae en mi poder. Sostengo el sobre en mis manos y leo: "4 raciones", entonces me asalta la duda ¿preparo todo el plato o calculo la parte correspondiente? Finalmente acabo vertiendo todo el sobre, temeroso de haber cometido un exceso. Una vez se han cumplido los tiempos de cocción recomendados (que tampoco suelen ajustarse a la realidad, aunque esto nos llevaría a otro arduo debate) observo el resultado y pienso: "tampoco es para tanto, no creo que una familia de cuatro miembros (con perdón) se alimente con esta ración". En resumidas cuentas, acabo devorando todo el contenido del respectivo sobre de pasta o arroz (son los más socorridos; los solteros treintañeros sabéis de lo que hablo ¿verdad?), lo que me lleva a aseverar, según los criterios de la ciencia liofilizada, que yo solito consumo lo mismo que cuatro personas juntas. ¿Sería capaz yo, que no supero el metro setenta y poco y que peso unos 77 kilos, de comerme toda la manduca de una familia estándar? De ser así no es de extrañar que cada vez me inviten menos amigos a sus casas, pero antes de llegar a conclusiones precipitadas me gustaría hacer la prueba definitiva; sentar a cuatro personas a la mesa y servirles como primer plato el contenido íntegro de uno de esos sobres de inspiración italiana (sólo por el nombre, el resto deja bastante que desear). Me gustaría ver sus rostros al comprobar incrédulos la exigua ración que apenas mancha su inmaculado plato ¿quién demonios calcula estas porciones, Ferrán Adriá? se preguntaría alguno de ellos; sin duda este experimento sociológico arrojaría algo de luz sobre este oscuro asunto. Yo sigo pensando que las cifras son erróneas, y que los sobrecitos en cuestión están pensados para una sola persona, o como mucho para dos, pero en ningún caso creo que se pueda alimentar mínimamente al número de comensales indicado en el envase. Estos son los peligros de la vida moderna, que puede convertirte en un voraz tragaldabas por obra y gracia de unos caprichosos números, obviamente nada de esto ocurriría si confiásemos nuestras digestiones a la cocina tradicional, aquella que se hace con las justas dosis de tiempo y mucho mimo. Esos son los dos ingredientes que suelen garantizar el éxito en casi todas las cosas que hacemos, y el mundo musical, que es lo que ocupa a este blog (perdón por estas digresiones culinarias), no es una excepción. Hoy visita esta humilde bitácora una banda que nos ofrece un recetario basado en la tradición del pop más elegante, unos tipos que rechazan la comida rápida y se decantan por el refinado sabor de lo clásico, una formación que debería figurar entre lo más granado del pop de la última decada, la banda más británica de los USA; señoras y señores, pónganse en pie para recibir a The Ladybug Transistor. No hace falta que rebañen sus platos, les aseguro que el menú de hoy les dejará más que satisfechos.
The Ladybug Transistor comienza su andadura a mediados de los años 90's, como resultado de la unión de Gary Olson, Edward Powers y Javier Villegas. Sus ansias por publicar un disco son tales que no se sentarán a esperar la llamada de un cazatalentos, sino que se lanzarán a la piscina y se autoeditarán su primer trabajo, "Marlborough Farms", que toma su nombre del estudio casero de Olson, situado en esa zona de Brooklyn, Marlborough. Gary Olson es un muchacho unido a la música desde la mismísima cuna, ya que sus padres regentaban una fábrica de pianos, en la que el joven Gary trabajará revisando teclas y ajustando cuerdas; no es de extrañar por lo tanto que este joven de Brooklyn decidiese dedicarse en cuerpo y alma a la música. El primer trabajo de The Ladybug Transistor llamará enseguida la atención de un importante sello independiente, Merge Records, que no tardará en ofrecerles un contrato y la posibilidad de editar un nuevo album. Desde sus inicios, The Ladybug Transistor han estado vinculados a Elephant 6, colectivo del que hablamos en una reciente entrada dedicada a Neutral Milk Hotel (¿no te acuerdas? haz click AQUÍ), esta vinculación va a favorecer el intercambio de ideas y de músicos, tal y como persiguen los principios de este proyecto. Debido a este motivo, entre otra cosas, la formación sufrirá algún ajuste en lo personal, con la entrada de los hermanos Baron, Jennifer y Jeff, que se encargarán del bajo y de la guitarra respectivamente; por otro lado, Javier Villegas, miembro fundador de la banda, abandonará el barco. "Beverly Atonale" verá la luz en 1997 y tomará el testigo sonoro de su predecesor, se trata de un disco heterogéneo que todavía vive a la sombra del pop independiente americano de los primeros 90's, de hecho es fácil encontrar ecos de formaciones como Pavement o Mercury Rev en alguna de las canciones del disco. No obstante, alguno de los temas de "Beverly Atonale" (es el caso de la espléndida "Rushes of Pure Srping") preludia el sonido que hará de The Ladybug Transistor una banda inscrita en la vertiente del pop elegante, de arreglos exquisitos y barrocos, sin hacer ningún asco a la herencia psicodélica de raíz sesentera; en resumen, música atemporal, amable y proclive a un refinado sentido del humor en sus letras. El segundo disco de The Ladybug Transistor coloca a la banda en el escaparate internacional, supondrá un cierto reconocimiento por parte de la prensa especializada y el comienzo de importantes giras de promoción. Pero Gary Olson sigue buscando el sonido perfecto dentro de su cabeza, la canción redonda con la que sueñan todos los músicos, él todavía no es consciente, pero está a punto de conseguirlo, una pequeña joya verá la luz en 1999, su nombre "The Albermale Sound". Al poco tiempo de editarse "Beverly Atonale", Edward Powers abandona la banda y es sustituído por San Fadyl en sus tareas de percusionista, a esta novedad en la formación se unirá un alta más, la de Sasha Bell a los teclados y a las voces. Esta formación será la responsable de dar forma al tercer trabajo de la banda, un album delicioso que, si bien no oculta sus fuentes de inspiración, no se conforma con ser un mero ejercicio de estilo, sino que acaba convirtiéndose en referente dentro del pop barroco y orquestado de los últimos veinte años. "The Albermale Sound" es un disco en el que conviven las sombras de Brian Wilson, Scott Walker o Burt Bacharach, pero lo hacen sin eclipsar la personalidad de una banda auténtica, que no busca convertirse en un burdo remedo del pasado, sino un grupo de músicos que hacen gala de una amplia cultura musical y que demuestran una intuición formidable a la hora de crear melodías de una belleza sobrecogedora.
"The Albermale Sound" abre el telón de las maravillas con un tema que funciona como una cortinilla radiofónica, casi como un jingle publicitario que enlaza directamente con el segundo corte del disco, me refiero a "Oriental Boulevard", una canción de apenas 20 segundos en la que el oyente más perspicaz ya puede intuir lo que nos va a deparar este disco: elegancia, melancolía y altas dosis de calidad. Sin darnos respiro alguno, el primer corte del disco se funde con el segundo, "Six Times", una canción que abre con unos metales que recuerdan a otra banda del colectivo Elephant 6, Neutral Milk Hotel, enseguida entra el piano, que limpia, fija y da esplendor a una canción redonda. En torno al minuto irrumpe la cálida voz de barítono de Gary Olson, a quien replica un coro perfectamente empastado, un redoble de aire marcial capitanea al ejército de metales omnipresente en "Six Times", y que contribuye a dar una pincelada psicodélica a este auténtico temazo pop. "Meadowport Arch" toma el relevo y lo hace volviendo la vista atrás, contagiándose del espíritu de Ray Davies, es una canción muy británica en la que se puede respirar la ironía y la flema características del pop inglés de los años 60's. El estribillo se desgarra con una guitarra eléctrica distorsionada que funciona como contrapunto de esta elegante canción, que gana intensidad conforme se acerca al ecuador fruto de un cambio de ritmo de aires circenses que desemboca en una mayor riqueza instrumental, que tiene de nuevo como protagonistas a los metales, y en unas magníficas voces. El cuarto tema del disco es "Today Knows", uno de mis favoritos. "Today Knows" es un aviso para navegantes: este es un disco de alto voltaje emocional, un trabajo instrumental y de voces realmente exquisito. Los ásperos metales dejan lugar a unas cuerdas melancólicas y a un teclado soberbio, sobre los que destaca la inspiradísima voz de Olson acompañada puntualmente de la dulce Sasha Bell. Ambos conducen la canción a un estribillo sublime tras el cual hace entrada una acertadísima y bucólica flauta; ha transcurrido poco más de un minuto de canción y resulta difícil no emocionarse. El resto es sencillamente maravilloso, con unos arreglos que consiguen que la canción y su intensidad vayan in crescendo. Lejos de convertirse en una balada o un simple medio tiempo, "Today Knows" se remata con unos metales que contribuyen a redondear una canción perfecta que acaba transformada en un vals. Tras este mágico momento, The Ladybug Transistor vuelven a echar la vista atrás para mirarse en el espejo de The Kinks, eso sí, pasado por un túrmix actual que les acerca, de nuevo, a algunas de las bandas del colectivo Elephant 6; todo ello, y mucho más, lo podemos advertir en "The Great British Spring", el quinto corte del LP. La canción empieza elegante, con un piano acompañado de unos metales a los que poco a poco se van sumando más elementos: guitarras eléctricas, una flauta o una batería, entre otros, componiendo así una pieza en la que se respira un maravilloso caos instrumental, en el que todo se encuentra en el lugar y en la medida exactos. "The Great British Spring" marca el ecuador del disco es el preludio de otro de los mejores momentos de "The Albermale Sound", me refiero a la enorme versión que la banda hace de "Like a Summer Rain". Los más veteranos seguidores de Rainy Day Music recordarán perfectamente esta canción, de la que ya disfrutamos en su día gracias a la entrada dedicada a Jan & Dean (desmemoriados y recién llegados, haced click AQUÍ), pues bien, la lectura que The Ladybug Transistor hace de este clásico no tiene nada que envidiar a la anteriormente señalada. Unas maravillosas guitarras abren fuego y dan paso a un espléndido arreglo de cuerda, sobre ellos unas voces celestiales que pondrán a prueba vuestra capacidad para emocionaros y os harán desear que todos los días del verano llueva para poder escuchar esta canción, que acaba con un coro que haría temblar de emoción al mismísimo Brian Wilson. "The Swimmer" recupera la inspiración británica de The Ladybug Transistor y le da un agradable barniz de psicodelia. Se trata del séptimo corte del disco, una canción que muestra el talento compositivo de la banda, un tema que cuenta con elegantes cambios de ritmo y con arreglos que tan pronto acercan la canción a la psicodelia, como al pop barroco o incluso a la música clásica; una verdadera lección de estilo, sin duda otro de los momentazos de "The Albermale Sound". Casi sin darnos cuenta llegamos al octavo tema del LP, estamos a punto de encarar la recta final del disco, y lo hacemos con "Cienfuegos", un nuevo instrumental que consigue descolocarnos en sus primeros compases, que evocan las áridas tierras del Far West merced a una temblorosa armónica, acto seguido unos punteos de guitarra se entremezclan con una percusión trotona que nos lleva a cabalgar por las polvorientas llanuras americanas. Una acertada trompeta nos sitúa cerca de la frontera, no se puede ser más gráfico componiendo una canción, el crepitar del fuego marca la muerte lenta de este fantástico tema. Pero Olson y los suyos guardan todavía alguna que otra sorpresa en su chistera y, tras habernos roto la cintura con este paisaje desértico, deciden dar una nueva vuelta de tuerca a "The Albermale Sound" con una oda al humor absurdo: "The Automobile Song". Pop de inspiración sesentera y psicodelia es lo que destila este noveno corte del disco, una canción en la que el protagonismo se reparte entre una flauta, un teclado y las maravillosas voces de Olson y Sasha Bell; una delicia de poco más de minuto y medio de duración. Toca abrocharse los cinturones, ya que estamos a punto de aterrizar y abadonar el mágico universo de "The Albermale Sound", pero antes de tocar tierra podremos disfrutar de otro de los momentazos de este disco, me refiero a "Oceans in The Hall", un verdadero himno. "Oceans in The Hall" lo tiene todo para quien aporrea el teclado en estos momentos, el tiempo exacto, las voces, los arreglos... todo. El encanto del décimo corte del disco se destapa con unas guitarras acústicas replicadas por unas cuerdas y unos metales de auténtico lujo, es difícil empezar mejor una canción, pero si a éso le añadimos la impecable voz de Gary Olson, nadie podrá negar que nos encontramos ante un auténtico temazo, y si no me crees, prueba a sacarla de tu cabeza durante las próximas semanas. Cualquier detalle, cualquier cambio introducido en "Oceans in The Hall" es perfecto y muestra la capacidad compositiva y la cultura musical de sus responsables, que rozan el límite del talento creando un himno que nada entre el mejor pop orquestado de los 60's y las producciones spectorianas, todo ello visto desde la peculiar e ingeniosa retina de The Ladybug Transistor; diez sobre diez. Un último instrumental sirve de antesala al final del disco, se trata de "Vale of Cashmere", una delicada pieza que insiste en los originales cambios de tiempo y en los acertados arreglos, otorgando todo el protagonismo a las flautas y a los teclados. Y lamentablemente llegamos al final del viaje, y lo hacemos con "Aleida's Theme", una canción que concede el papel principal a Sasha Bell. "Aleida's Theme" se mueve entre la elegancia británica de las composiciones de The Ladybug Transistor y el vals, presente en el estribillo, el resultado es la canción de más desarrollo del LP, un soberbio exceso que acaba únicamente con un cello y un violín, y que funciona perfectamente como traca final, dejándonos con una amplia sonrisa en la boca. Esa misma sonrisa es la que le asomó a la mayor parte de la crítica, que no tardaría en rconocer la grandeza de "The Albermale Sound", un disco con el que The Ladybug Transistor habían encontrado el camino definitivo a seguir, una verdadera joya con la que Gary Olson y sus amigos esculpieron, con la precisión de un cirujano, un monumento al pop orquestado y atemporal.
También en 1999, Jeff Baron, Sasha Bell y Mike Barrett (este último también participó en la grabación de "The Albermale Sound", e incluso es el responsable del trabajo artístico del album) editarán su primer trabajo como Essex Green, una banda que también se mueve en los parámetros del pop de cámara y del folk; una formación muy recomendable con tres trabajos en su haber. En 2001 The Ladybug Transistor se encierra en el estudio para grabar su tercer LP, "Argyle Heir", al mismo tiempo, el promiscuo trío formado por Baron, Bell y Barrett se embarca en otra aventura musical, en este caso una formación más cercana al folk y al country llamada The Sixth Great Lake. Pero volviendo a nuestros muchachos, "Argyle Heir" supondrá la continuación del camino iniciado con "The Albermale Sound", hasta el punto de que se habla de una trilogía compuesta por los dos discos señalados y el cuarto, y homónimo, LP de la banda. Una vez más, las trompetas, los pianos, los violines y las voces cuidadas echan a andar en un disco precioso y preciosista que se engalana con unas trabajadas letras próximas al surrealismo y al humor absurdo. No obstante, la crítica no opina lo mismo, de hecho tacharán de autocomplaciente y previsible al tercer largo de la banda de Brooklyn, etiquetándolo como un disco en cierta manera decepcionante. Yo disiento, me parece que es un disco que gana con las escuchas y que, si bien no arriesga, continúa con una línea inmaculada, la que se abría con "The Albermale Sound", así que como reza el dicho: "Si algo funciona, no lo toques", qué le vamos a hacer, soy así de conformado. 2001 es un año agitado, en lo musical, para la banda, que edita además un disco en directo bajo el título de "Live at The Amigo". El cuarto album de The Ladybug Transistor verá la luz en 2003, y lo hará sin Jennifer Baron, que dejará su sitio a Julia Rydholm, se trata de un trabajo homónimo, el primer disco de la banda grabado fuera de Marlborough Farms, el estudio de Olson. "The Ladybug Transistor" contará con la producción de Craig Schumacher, célebre por sus trabajos para Calexico, a pesar de su fama, la mano de Schumacher no será muy evidente en este disco, aunque tal vez esas slide guitars que asoman de vez en cuando lleven su sello. Este disco en cambio encantará a la crítica, que se deshace en elogios hacia la banda, personalmente opino que ni el anterior era tan malo ni éste es tan bueno, ambos son dos grandes trabajos que surgen a la sombra de "The Albermale Sound", santo y seña del sonido de The Ladybug Transistor. Tras este cuarto disco de la banda de Gary Olson más cambios acechan a la formación, Sasha Bell deja el grupo para centrarse en Essex Green y Jeff Baron se convierte en una especie de miembro satélite involucrado en sus múltiples proyectos personales y colectivos. Todos estos sobresaltos propician un período de calma en el que Olson se dedicará a producir a otros artistas, hasta que en 2006 The Ladybug Transistor regresa con fuerza. Lo hará apoyando a Kevin Ayers en la grabación de su disco "Unfairground" y editando un EP titulado "Here Comes The Rain"; será el preludio de su quinto trabajo de estudio, "Can't Wait Another Day", de 2007. "Can't Wait Another day" supone el regreso de The Ladybug Transistor a Marlborough Farms, la fábrica de sueños de Gary Olson, donde se cocinará un disco apto para los paladares más exquisitos. Dentro de los ya clásicos movimientos en la formación de la banda, este nuevo trabajo supondrá la incorporación del teclista Kyle Forester y del guitarrista Ben Crum, ambos miembros de Great Lakes, banda inscrita en el colectivo Elephant 6. El resultado es, una vez más, un disco soberbio, un compendio de canciones que reúne lo mejor del pop de los 60's pasado por un tamiz actual (que no moderno) y que vuelve a demostrar el acierto de Gary Olson a la hora de reunirse con buenos amigos, poco importan los cambios en la formación, el sonido de The Ladybug Transistor permanece, e incluso gana enteros, porque Gary Olson sigue ahí, siendo el alma de este proyecto con vocación de clásico de culto. En "Can't Wait Another Day" Olson contará con colaboraciones especiales, como la de Jens Lekman o la de miembros de otras bandas como The Clientele, Vetiver o Architecture in Helsinki, entre otros; está claro que cuando alguien recibe la invitación de Gary Olson no duda en aceptar ni un solo instante. The Ladybug Transistor lleva a la práctica la filosofía del colectivo Elephant 6 en el que se integra la banda, un intercambio enriquecedor de músicos y de ideas que convierte al proyecto de Olson en un lugar de encuentro de amigos, creando un ambiente de trabajo ajeno a las tensiones de una banda convencional y contribuyendo al crecimiento de los responsables de cada grabación así como de la propia banda. Lamentablemente, poco después de la grabación del album, San Fadyl, uno de los más fieles compañeros de viaje de Gary Olson, fallecería víctima de sus severos ataques de asma. Por nuestra parte, sólo nos queda esperar a que Olson nos llame una vez más para disfrutar de una nueva entrega de su elegante recetario, un menú en el que no se falsean ni los ingredientes ni las cantidades; aprenda señora Gallina Blanca.
Como colofón, os dejo los inevitables enlaces, que incluyen la página web oficial de la banda, su myspace y su apartado en la web de Merge Records, además he querido añadir una entrevista a la banda aparecida en la web de Recoil Magazine (lo siento pero está en el idioma de la Pérfida Albión) y un set de canciones grabadas para Daytrotter en 2007. Más complicado lo he tenido con los vídeos, me ha resultado casi imposible encontrar un vídeo decente de The Ladybug Transistor, cuando no fallaba el sonido lo hacía la imagen, y cuando no las dos cosas. Finalmente he seleccionado uno, se trata de una actuación de la banda en los directos de Radio 3 allá por 2001, la imagen debe estar ripeada de VHS por lo que la calidad no es muy buena, pero el sonido es fantástico, lo que os permitirá disfrutar de una canción preciosa como es "Like a Summer Rain". Como sorpresa he insertado una grabación de audio, se trata de una entrevista hecha a la banda en Radio 3, dentro de la serie de "Entrevistas Acústicas" que se realizan en el programa "Hoy empieza todo" de la citada emisora; escuchadla, merece la pena. Como siempre, gracias por estar al otro lado, y sobre todo gracias por llegar hasta aquí porque ¿te has leído lo de antes, no? Espero que os guste.
Todos tenemos algún amigo que tiene una concepción un tanto peculiar de lo que significa la sinceridad, un amigo que en un momento dado, y sin que tú le pidas su opinión al respecto, se descuelga con alguna lindeza del tipo: "qué maja tu novia, me cae muy bien. Nunca te lo quise decir, pero es que la de antes era un poco tonta". Vivimos en una sociedad que idolatra la sinceridad, pero que al mismo tiempo no sabe muy bien cómo definir esta virtud o condición, confundiéndola, en la mayoría de las ocasiones con la zafiedad, en este sentido sinceridad y brutalidad se solapan dando lugar a situaciones un tanto violentas. Se premia la vehemencia propia del histrión apartando de las reglas sociales la educación y los buenos modales, que son vistos por muchas personas como algo caduco, un reducto de un dandismo carca y retrógrado que ahora, en un mundo en el que hay que decir siempre lo que uno piensa, es etiquetado como "políticamente correcto". Pues bien, servidor de ustedes prefiere ser políticamente correcto, así que no os preocupéis, que si me gusta más vuestra pareja actual que la anterior, no os lo haré saber nunca, a no ser, eso sí, que me lo preguntéis. No entiendo por qué se han invertido determinados valores y, aún a riesgo de parecer un conservador recalcitrante, no me duelen prendas en reconocer que opino que, en este apartado concreto, cualquier tiempo pasado fue mejor. ¿Y por qué os suelto este discurso? os preguntaréis los más inquietos, pues sinceramente porque no sé muy bien cómo encabezar esta entrada y ésta me ha parecido una buena excusa. Después de elegir el disco de hoy, escucharlo detenidamente e intentarle extraer todo su jugo, me he dado cuenta de que no tiene mucho que ver con su predecesor, el primer largo de esta banda, y me he percatado de que hay un hecho significativo en el plano compositivo, e incluso en el concepto de Noah and The Whale como banda, que diferencia a ambos trabajos, y ese hecho es la ruptura sentimental de dos de sus miembros. Es entonces cuando he pensado que la exnovia de Charlie Fink no me gustaba mucho, pero que no podía empezar un post proclamando algo así, de este modo es como ha comenzado mi diatriba acerca de la sinceridad en nuestra civilización occidental; el resto es historia, si es que todavía estáis leyendo. Yo no sé si vosotros habéis sufrido esa sinceridad brutal y gratuita de la que hablo en las primeras líneas de este post, yo sí, por eso me ha parecido conveniente reflexionar al respecto. Pero ahora que ya tenemos redactado el siempre complicado primer párrafo, dejémonos de monsergas y vayamos al disco, que es lo que importa; luego, cuando nadie nos vea, pondremos a caer de un burro a la ex de Charlie Fink, como se ha hecho toda la vida.
Noah and the Whale nace como banda en el año 2006, cuando un grupo de muchachos residentes en Londres deciden unir sus fuerzas para dedicarse a lo que más les gusta, la música. La voz cantante de este proyecto la pondrá, sin ningún género de dudas, Charlie Fink, un talentoso joven con aspecto de yerno perfecto. Charlie tocará la guitarra, el ukelele y además compondrá y cantará todos los temas de la banda, le acompañarán: Doug Fink, hermano de Charlie, a la batería, Urby Whale en el bajo, Tom Hobden, que se encargará de tocar el violín y por último Laura Marling, pareja de Charlie Fink, que pondrá el contrapunto dulce a la voz grave y rasgada de Fink, haciendo los coros. Charlie Fink es un cinéfilo confeso y decide bautizar a la banda haciendo un juego de palabras entre el título de una de sus películas favoritas y su director, de este modo Noah and The Whale surge del título del film The Squid and The Whale (Una Historia de Brooklyn, en España) y del nombre de su creador Noah Baumbach. Poco a poco la banda se va haciendo un hueco en la escena independiente londinense y no tardarán en grabar algunos singles, entre ellos el de la canción que poco más tarde figurará en su album de debut y con la que consiguieron una gran repercusión, me refiero a "5 Years Time". Este tema, facilón y pegadizo, fue utilizado en varios anuncios y dio alas a Noah and the Whale para grabar su primer disco, al cual titularían "Peaceful, The World Lays Me Down". La crítica y el público reciben con los brazos abiertos la puesta de largo de la banda, un disco que, en conjunto, queda eclipado por el single "5 Years Time", que acarrearía una enorme popularidad para Noah and the Whale, sobre todo en el Reino Unido. En realidad se trata de un disco de debut bastante correcto, sin ser nada del otro mundo, muestra a un grupo de jóvenes músicos con unas referencias muy claras pero con un estilo propio todavía por definir. La crítica no tardará en compararlos con Neutral Milk Hotel, Belle & Sebastian o Bonnie Prince Billy, ellos citan como influencias el folk y el punk rock, aunque si lo que buscas en sus canciones es algo similar a un "Gabba Gabba Hey!" pronunciado alto y claro y con el puño levantado, te vas a llevar algo más que una decepción, aviso para navegantes. Sea como fuere, "Peaceful, The World Lays Me Down" es un disco amable, con buenas intenciones, alguna canción más que interesante y algún que otro tema que nos recuerda a lugares ya visitados con anterioridad. La producción del disco corre a cargo de Eliot James, que colabora estrechamente en los arreglos y que sabe enriquecer perfectamente un album que de otra manera habría resultado un tanto plano. De este modo, los metales y los violines golpean ahí donde es necesario, dotando de cuerpo a unas canciones resultonas que enganchan fácilmente y que catapultan a "Peaceful, The World Lays Me Down" a las posiciones más privilegiadas de los debutantes de 2008. La voz de Laura Marling consigue encandilar a la crítica, ciertamente funciona a la perfección como contrapunto de Fink, con quien empasta sin ningún problema, y desde luego hay que valorar que cuando la chica graba este disco apenas tenía dieciocho añitos. Laura Marling había debutado con poco más de dieciséis años gracias a esos extraños fenómenos cibernéticos relacionados con myspace, página en la que esta lolita folkie había colgado unas cuantas canciones que no tardaron en atraer a un buen puñado de fans y a unos cuantos cazatalentos ávidos por hacerse con una nueva pieza. Así es como Laura Marling se fue haciendo un nombre en el pop británico, gracias a su capacidad de trabajo, demostrada en unas giras interminables, y a un buen puñado de temas que vieron la luz en forma de singles y EP's. Charlie Fink se involucraría en la carrera de la que por entones era su pareja produciéndole su disco de debut, "Alas I Cannot Swim", que vería la luz unos meses antes que "Peaceful, The World Lays Me Down". Y hasta aquí tenemos la historia de dos jóvenes guapos, con talento y con una incipiente y prometedora carrera musical, una pareja sentimental que comparte éxitos, individuales y comunes, y que disfruta de sus particulares días de vino y rosas. Pero todo tiene su principio y su final, como bien cantaba el sabio Vinicius de Moraes: "tristeza não tem fin, felicidade si", así que la relación de nuestros atractivos geniecillos llegó a su fin, algo que se puede experimentar de manera patente en "First Days of Spring", un disco que se despega de su antecesor y que nos muestra la cara adulta de un gran compositor que se acerca a su madurez creativa. Antes del lanzamiento de su segundo largo, la banda había puesto en el mercado en 2008 "Noah and the Whale presents... The A Sides", un EP limitado a 2500 copias en vinilo de 12", que recoge algunas canciones inéditas de Noah and The Whale junto con alguna versión, un album cuyos beneficios fueron a parar a una ONG dedicada a ayudar a los ancianos.
Muchos de vosotros os estaréis preguntando ¿y qué ha hecho esta pobre muchacha, Laura Marling, para que este plasta de Binguero asevere que no le cae bien? Obviamente la respuesta es absolutamente nada. Sencillamente me gusta más cómo compone Charlie Fink en este segundo album y creo que ese cambio se debe a su fallida relación con Marling, un desengaño amoroso que es patente en las canciones de "First Days of Spring", y que lo convierte en un disco más melancólico, con una paleta totalmente agridulce y con unos arreglos de cuerda sublimes. Tal vez mi problema sea que identifico en exceso el primer disco de Noah and the Whale con la canción "5 Years Time", un tema un tanto ramplón bajo mi opinión, pienso en el binomio Fink-Marling y me viene el condenado silbidito a la cabeza. Curiosamente al desaparecer Laura Marling, desaparece ese lado más frívolo de Charlie Fink como compositor, lo que dota de mayor profundidad a su segundo disco; de ahí deduzco, seguramente de manera errónea, que Fink está mejor solo que con Marling, al menos en el aspecto musical, que nadie me malinterprete, o quizás sea que todo se deba a que a veces las mejores obras de arte se gestan desde el dolor y la decepción. Aclaradas mis filias y mis fobias, vayamos a analizar el segundo LP de Noah and the Whale, un trabajo ambicioso que Charlie Fink concibe además como una película, un mediometraje que titulará como el disco (de hecho en la edición deluxe de este LP el disco va acompañado de la película), además nuestro cinéfilo militante también rueda el proceso de grabación del LP en un documental que titulará "First Days". Muchos críticos describen "First Days of Spring" como un disco muy cinematográfico, el disco comienza situándonos la acción, cuenta con dos pasajes instrumentales de una enorme belleza y se remata con otro puñado de canciones que desarrollan la trama. El disco se abre con "First Days of Spring", canción que da título al album y que empieza con un acompañamiento de cuerdas fantástico que sirve de escolta a una guitarra eléctrica, limpia, sin distorsión, la voz de Charlie Fink comienza a dibujar el paisaje en el que se va a desarrollar la trama y sin apenas darnos cuenta ya nos estamos enganchando a la historia. Fink apuesta fuerte, sabe de la importancia de los inicios, un buen comienzo es fundamental, es lo que decidirá si seguimos interesados en la historia o si nos decantamos por un zapping mental, Fink lo borda y consigue seducirnos con el tema más ambicioso del album, una canción de casi siete minutos con una orquestación brillante. El telón ha caído, los actores pisan las tablas y la escenografía se descubre ante nuestros ojos, el público está expectante, acaba de entrar en la historia y quiere más, Fink se destapa de nuevo con "Our Window", disminuyendo la solemnidad del comienzo, pasando página tras la obertura y ofreciéndonos un pasaje de una gran intensidad emocional. El segundo corte del LP es una canción que destila amargura en cada nota: "Spring can be the cruelest of months", canta Fink en "Our Window", un tema en el que, de nuevo, hay que destacar unos exquisitos arreglos. "I Have Nothing" es el tercer corte de "First Days of Spring", una canción que recoge el testigo taciturno y lluvioso de "Our Window", es el tema en el que Fink rompe con mayor deliberación su voz, alcanzando en ocasiones cotas de desafinación que dotan de mayor dramatismo a la historia. Fink desnuda sus sentimientos, se muestra como un amante abatido por la pérdida de su pareja, a quien se dirige con la esperanza de un feliz reencuentro ¿alguno de los presentes no se ha encontrado así en algún momento de sus vidas? ¡Bingo! Eso se llama empatía y es la clave para que cualquier historia nos enganche, sentir que nos reflejamos en ella, bien sea en nuestro presente, en un pasado no muy remoto o en un anhelado futuro; bravo Mr.Fink, la historia funciona. "My Broken Heart" continúa con esta historia de desamor, y lo hace con un tono especialmente agridulce, con una letra que se debate entre el desamparo y el orgullo de aquel a quien han partido su corazón en mil pedazos: "I'm impenetrable to pain, oh, you can break my broken heart", ¿no escucháis el tintineo de los cubitos de hielo en el whiskey al oir esta canción? "My Broken Heart" introduce metales y, por primera vez, una guitarra eléctrica distorsionada, como la percepción del personaje, que no sabe si reir o llorar. A continuación, la representación contará con un breve descanso durante el que aprovecharemos para afinar los instrumentos que intervendrán el el siguiente pasaje, así es como podríamos definir "Instrumental I", que adelanta los compases de uno de mis temas favoritos de "First days of Spring", "Love of an Orchestra". "Instrumental I" rebaja la tensión emocional del album, sirviendo de puente a lo que podríamos considerar la segunda parte del disco, que comienza con el corte número seis, la mencionada "Love of an Orchestra". Esta segunda parte de "First Days of Spring" comienza con un coro que abre una ventana a la esperanza dentro de esta historia de corazones rotos: "If you gotta run, run from hope", nos recomienda este conjunto de voces en un inicio que haría enfurecer de envidia a Stuart Murdoch o al mismísimo Neil Hannon; grandioso. A continuación entra la orquesta y la voz de Fink, que suena más juvenil y limpia, es el resurgir de quien estaba herido de muerte y que se aferra a la música para seguir viviendo y disfrutando de la vida y del amor, es el renacimiento de la naturaleza en la primavera, con unos violines que nos evocan, inevitablemente, a Vivaldi; tomad buena nota porque caeréis rendidos ante esta canción.
Tras la explosión de vida de "Love of an Orchestra", la historia se ralentiza con un nuevo puente intrumental, en este caso protagonizado por una guitarra eléctrica que nos evoca esos atardeceres primaverales en los que uno desearía que el tiempo se detuviese y sólo se escuchase el rumor del agua; una vez más, reivindico la inclusión de la pereza en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. "Stranger" es la canción que se encarga de retomar el pulso de la historia, y lo hace con una letra preciosa, en la que Fink cuestiona aquel viejo dicho que asevera que un clavo saca a otro clavo. De nuevo nuestro amante abatido vuelve a dar signos de flaqueza, desencantado ante una nueva relación, toma conciencia de que la herida abierta por la pérdida de su amada tardará mucho tiempo en cicatrizar, de hecho tal vez no lo haga nunca. Os invito a leer la letra de "Stranger", echadle un vistazo, aunque no dominéis la lengua de Shakespeare no creo que encontréis muchas dificultades en entenderla (Haced click AQUÍ, abstenerse corazones recién abandonados). Musicalmente hablando, es un tema que se apoya en los magníficos arreglos de cuerda marca de la casa, creando una atmósfera que juega, de nuevo, con los claroscuros, con las sensaciones agridulces de nuestro protagonista, un naúfrago sentimental abandonado a su suerte en una eterna y lúgubre primavera. "Blue Skies" busca de nuevo la complicidad con el oyente, de hecho Fink se dirige a todos nosotros reconociendo que ésta es una canción para cualquiera que tenga el corazón roto, así es como reza la primera frase de ésta, la novena canción de "First days of Spring". Nuestro atribulado Romeo se esfuerza por salir del pozo e intenta componer un nuevo canto a la esperanza, en este caso asegura que ésta será la última canción que compondrá con su añorada amada en mente. Los metales entran en escena flirteando con violines y cellos, y dan paso al coro de ángeles que ya habíamos disfrutado en "Love of an Orchestra"; se avecina el final y parece que nuestro protagonista quiere insuflar un soplo de esperanza entre tanto desamor. Él décimo corte del LP se titula "Slow Glass", y personalmente me parece el tema de menor intensidad del disco, una canción que ignora los arreglos que tan buenos resultados había proporcionado al resto del conjunto y que apuesta por un pop más convencional. El último minuto de esta pista sirve de introducción a la última canción de "First Days of Spring", "My Door Is Always Open", una composición emparentada con el tercer corte del disco, "I Have Nothing", de hecho la entonación de Fink en ambos estribillos es casi la misma. "My Door is Always Open" funciona en nuestras mentes como un travelling a través del cual analizamos toda la historia de nuestro desdichado amante, un tipo que ha tocado fondo, se ha levantado, se ha vuelto a caer y finalmente se ha prometido a sí mismo alzar la cabeza para disfrutar de los esperanzadores cielos azules de la primavera. De hecho, Fink no muestra ningún rencor en la letra de esta canción, pero al mismo tiempo se congratula de ser libre, no libre de corazón, sino libre del dolor al que le tenía sometido esta amarga ruptura. Este último tema es el más desnudo del disco, encomendando toda la carga emocional a dos guitarras, una acústica y otra slide, que son el único acompañamiento de la voz de Fink hasta que al llegar al tramo final de la canción surge un coro que marca el clímax de la historia, poniendo, no sabemos si el punto y aparte o si el punto y final, a esta malograda historia de amor.
Unos días antes de que saliera a la luz "First Days of Spring", Charlie Fink sufre otro revés emocional, su hermano, hasta entonces batería de la banda, anuncia que abandona Noah and The Whale para centrarse en sus estudios de medicina; Jack Hamson ocupará su lugar en la nueva formación, acompañado de otra incorporación, Fred Abbott, que se encargará de la guitarra y de los teclados. "First Days of Spring" volvería a atraer la atención de la crítica, que valorará muy positivamente este paso adelante en la madurez compositiva de Charlie Fink, mientras que desconcertará a algunos de sus fans, que no encuentran ni rastro de frivolidad en un disco que abre de par en par las puertas de las alcobas más íntimas del corazón de su autor. A pesar de que el disco tuvo una buena acogida, no contó con ningún single que gozase del éxito del pegadizo "5 years Time", no obstante, el segundo LP de Noah and The Whale figuró entre lo mejorcito del pasado año para muchas publicaciones especializadas. En enero de 2010 empiezan a correr rumores acerca del nuevo disco de la banda, que no tardará en encerrarse en el estudio para plasmar las nuevas composiciones de Fink. Tras numerosas especulaciones al respecto, parece que el disco estará listo para marzo de 2011 y llevará por título "Last Night On Earth".
Ya no me queda más que añadir (menos mal, dirá más de uno), salvo los imprescindibles enlaces. Por supuesto, os dejo los enlaces a la página web oficial de Noah and The Whale y a su myspace, y como guarnición podréis picotear una reseña de "First Days of Spring" aparecida en la web Drowned In Sound y una entrevista, en lengua bárbara eso sí, en la página Under The Radar. Como además he encontrado bastante material audiovisual que me ha parecido de interés, también os dejo un enlace a la magnífica web La Blogotheque, donde podréis disfrutar de dos actuaciones de Noah and the Whale; aunque se trata de temas pertenecientes a su primer trabajo son dos canciones bastante recomendables. Como guinda del pastel, cierro los enlaces con un link al blog de la grabación del documental "First Days", en el que Charlie Fink recoge el proceso de grabación del segundo disco de la banda. Y como no, los videos, me he decantado por "Love of an Orchestra" y por "Blue Skies", que me parecen dos grandísimas canciones. Espero que os guste.