sábado 28 de enero de 2012

Josh T. Pearson- Last of the Country Gentlemen (2011)


Comencé el 2012 de la misma manera en que lo terminé: sin internet. Tras unas cuantas semanas, que sirvieron para poner a prueba mis nervios, conseguí que me restituyesen la conexión, para ello fueron necesarios más de quince días de mentiras y de mareantes conversaciones telefónicas que me hicieron sentir realmente desprotegido y vulnerable ante las compañías de telecomunicaciones de este país. Tras este dantesco episodio, propio de esta España de charanga y pandereta que nos ha tocado vivir, el FBI cierra Megaupload, y con él se van la práctica totalidad de los enlaces que tenía alojados en este blog. Días más tarde fallece Etta James (de lo de Fraga ni hablamos ¿no?), carismática leyenda de la música negra a quien en su día le abrimos de par en par las puertas de Rainy Day Music. ¿Y ahora también os reís de la profecía maya? Os pregunto, parafraseando a un twittero que recientemente ironizaba sobre la caída de Megaupload. Nuestros rutilantes y recién estrenados mandatarios nos auguran para este año que acaba de comenzar un panorama desolador; es curioso cómo quienes no pronosticaron la crisis en su día son capaces ahora de predecir los movimientos económicos de los próximos dos, e incluso tres, años. Y por cierto, siguen cerrando blogs amigos, el último en caer ha sido Bienvenidos a la Monga, una bitácora musical de lo más ecléctico capitaneada con todo el mimo y el cariño del mundo por unos magníficos compañeros, a los que les envío toda mi fuerza y mis mejores deseos en forma de fuerte abrazo, ánimo. Visto este panorama (y mejor no os hablo de mi mudanza ni de mis accidentes domésticos...) todo parece indicar que nos hallamos ante un año bastante antipático, pero yo no soy adivino, como nuestros queridos políticos, y desconozco las alegrías y las penas que me reserva este 2012 que aún huele a cava y mazapán.  Mi propósito, un año más, es ser feliz, lo cual os deseo de todo corazón a quienes visitáis esta humilde bitácora, una empresa complicada dados los tiempos que corren y el altísimo precio al que cotiza la felicidad; un bien escaso, cuyas mieles no son suficientes para alimentar a gran parte de la población. Nos queda por lo tanto ser felices con los pequeños detalles, con los gestos que muchas veces pasan desapercibidos: sonrisas, abrazos y besos que si bien no nos ayudan a llegar a fin de mes sí que contribuyen a hacer más placentero nuestro breve paseo por este mundo. Y nos queda, como siempre, la música, esa vieja compañera que lleva dibujándonos sonrisas desde tiempos inmemorables, un arma que potencia nuestra imaginación, nuestros sueños, que alimenta nuestra alma; un bien intangible al que jamás podrán poner nota ni Standard and Poor's ni Fitch. De eso precisamente es de lo que hablamos aquí en Rainy Day Music, de música, de sueños, de sentimientos, y lo hacemos por puro placer, por una necesidad que nos empuja a compartir con los demás aquello que nos emociona. No sé si este blog será el próximo en caer, ya os comenté en el anterior post que últimamente ando obsesionado con esa idea, pero lo que está claro es que nadie nos hará sentir como unos delincuentes por dedicar nuestro tiempo, e incluso nuestro propio dinero, a aquello que más amamos. Se avecinan tiempos difíciles, de eso no me cabe la menor duda, y lo mejor que podemos hacer es esperarlos con una sonrisa en los labios y escuchando un buen disco, reivindicando nuestro derecho a ser felices; ése que nos quieren arrebatar con sus políticas basadas en el miedo y en la coacción. Este 2012 quiero abrir fuego con un disco difícil, muy difícil, un trabajo que no deja a nadie indiferente, un ejercicio de exorcismo sentimental, uno de los discos más crudos y melancólicos de cuantos se han grabado jamás, hiel hecha poesía. Amigos "pluviófilos", dad la bienvenida a uno de los trabajos más desasosegantemente bellos de todos los tiempos, un clásico instantáneo no exento de controversia, "Last of the Country Gentlemen" del inclasificable Josh T. Pearson. Os guste o no, no olvidéis sonreir.

A Josh T. Pearson se le conocía en el circuito musical por ser componente de la banda Lift to Experience, una formación de culto, atípica, como todo lo que hace este texano, que se formó en 1996 y que sólo grabó un EP, un single y un doble LP que ha acabado convirtiéndose en objeto de culto, "The Texas-Jerusalem Crossroads". En 2001 la banda se separa y nuestro atormentado trovador comienza a girar en solitario, es el pistoletazo de salida a una carrera de fondo, una década en la que sólo verán la luz una grabación oficial en directo titulada "To Hull and Back", y un tema que figurará en una de las caras de un single compartido con la banda australiana Dirty Three, se trata de una versión del clásico de Hank Williams "I'm so Lonesome I Could Cry"; el único tema que grabaría en un estudio en 10 años. Josh se lo toma con calma a la hora de grabar, pero no para de tocar y de colaborar con otras formaciones, es el caso de Bat for Lashes, en cuyo debut figura en dos temas en el apartado vocal, o My Bloody Valentine, a quienes acompañará durante el tour de refundación de la banda en 2009. Más tarde se desplazará a París, donde tocará en un nightclub junto a otros músicos, finalmente abandonará la Ciudad de la luz para instalarse en Berlín, donde en un doloroso parto dará forma a su puesta de largo discográfica: "Last of the Country Gentlemen", editado por Mute Records en 2011. Grabado durante dos noches, el disco se compone de siete temas (ocho en la rodaja vinílica de este artefacto) , de los cuales cuatro superan los 10 minutos de duración, la estructura no puede ser más simple: voz y guitarra, sin artificios, sin trampa ni cartón.

No sé hasta qué punto se puede hablar de "Last of the Country Gentlemen" como un album conceptual, ya que todo en él gira en torno a la ruptura matrimonial de Josh T. Pearson. Un naufragio emocional que dejaría abatido a nuestro vaquero barbudo, que decidiría exorcizar todos sus demonios de la única manera en que sabe hacerlo, componiendo canciones. Pearson se decidió a grabar el disco tras un largo período de observación, durante el cual fue percatándose del efecto que estas canciones causaban en el público cada vez que las interprtetaba en sus directos, la gente se quedaba conmocionada, lo que le llevó a la conclusión de que existía una identificación por parte de la audiencia con sus historias de desamor y de dolor; quien más, quien menos, ha pasado por algo semejante, y si no es así que se considere afortunado. Si hay un adjetivo que defina a la perfección el debut en solitario de Josh T. Pearson ese es doloroso, el propio músico ha contado en más de una ocasión el penoso estado en que se encontraba tras grabar cada una de las dos sesiones en que se estructuró el album, su sufrimiento fue tal que al regresar a París estuvo seis meses sin apenas salir de la cama. A día de hoy Pearson no es capaz de escuchar su propio disco, al menos no por placer, y la carga emocional que implica interpretar sus canciones en directo le resulta prácticamente insoportable. El precio que ha pagado el cantante texano al modelar una obra como "Last of the Country Gentlemen" es altísimo, no sólo en lo personal sino también en lo comercial, casi podríamos hablar de un disco que se autocondena al ostracismo, un disco lleno de aristas e incómodo por su honestidad, un disco que difícilmente sonará en alguna emisora de radio. La búsqueda de la perfección linda con la obsesión en el caso de Pearson, ya dejó muestras de ello con Lift to Experience, cuyo LP rehizo hasta la saciedad, tomándose cinco años de tiempo hasta decidir que estaba perfectamente pulido. Esa misma obsesión le ha acompañado en su debut como solista, cuyas canciones ha madurado durante años antes de tomar la decisión de encerrarse en un estudio. Para entender la música de Josh T. Pearson es necesario conocer su relación con Dios, una relación muy pronunciada y presente en las letras de sus canciones, aunque no exenta de sus particulares crisis. El padre de Pearson era predicador, una circunstancia que marcó profundamente su infancia, una niñez estricta, alejada del mundo lúdico y relajado de otros menores. Su vida ha estado muy ligada a la fe, pero no entendida como un cristiano militante o fundamentalista sino más bien como un instrumento de salvación, una fe que le ayuda a ser mejor persona y que tira fuerte de sus brazos cuando está a punto de ahogarse en los pozos más profundos. Por ello cada uno de los cortes de "Last of the Country Gentlemen" puede interpretarse como un salmo, cánticos que cabalgan entre la amargura y el dolor pero sin cerrar la puerta a la esperanza, dejando una pequeña rendija para que entre un haz de luz capaz de mantenernos vivos.

"Don't cry for me baby, you'll learn to live without me, don't cry for me baby, i'll learn to live without you", así se abre el disco, con "Thou Art Loosed"; se puede decir más alto, pero no más claro. El nylon de la guitarra de Pearson entona su nana y respira trazando ritmos elípticos e hipnóticos, esa va a ser la tónica habitual de "Last of the Country Gentlemen", la voz desgarrada de barítono con vegetaciones del texano y la sola compañía de su guitarra, la verdad más absoluta de cuantas se pueden cantar. La técnica de Pearson se mueve entre el caos y el virtuosismo, hasta el punto de que uno no sabe si está improvisando cada nota o si por el contrario nos hallamos ante un innovador de la rítmica y de la métrica. Si no se te eriza el vello con "Sweetheart I Ain't Your Christ" es que tienes un verdadero problema, eso o te han cambiado el corazón por una piedra pómez. Droga dura, eso es el segundo corte del LP, casi 12 minutos de poesía escrita e interpretada desde las cañerías del alma, aquellas a las que no llega ningún producto de limpieza. Ver girar el disco y disfrutar de los silencios de esta cancion es un lujo, silencios plenos de contenido, segundos robados al tiempo que se integran perfectamente en la canción. La autoflagelación de Pearson es cíclica, y le lleva a volver al punto de partida, a repetir la letra como un mantra, así hasta quedar satisfecho o tal vez exhausto ante tanto dolor. La desnudez de Pearson es absoluta, tan sincera que a veces resulta intimidatoria, el artista y la persona quedan expuestos con una honestidad brutal; eso es lo que hace tan difícil para el músico interpretar sus canciones en directo, porque se siente tremendamente vulnerable. Si hay un tema que refleje esta circunstancia ese es "Woman when I've Raised Hell", una canción dura, un enfrentamiento cara a cara con las miserias que todos nos empeñamos en esconder bajo la alfombra. Un ejemplo: "Honestly, why can't you just let it be, and let me quietly drink myself to sleep. I said honestly, it's not what it appears to be but only memories that ain't got shit to do without you"; ahora desempolvad el viejo Collins e intentad digerir este puñetazo en el estómago. Un sutil acompañamiento de cuerdas pone el contrapunto delicado y exquisito a este tercer corte del disco. Las cuerdas aparecen de nuevo en el siguiente tema, "Honeymoon's Great, Wish You Were Her", 13 minutazos de épica acústica, 780 segundos de descarnada lírica, una de las canciones más conmovedoras, melancólicas y crudas de todos los tiempos, sí, habéis leído bien, de todos los tiempos. "Hell knows what any of this means, Heaven knows a man can’t control his dreams God knows I ain’t no Christ and Christ knows I’d never dream of harmin’ my wife And yeah the honeymoon’s great, but I wish that she were her"; ahí lo tenéis: el sentimiento de culpa judeocristiano. Una auténtica crisis de pareja y de identidad que perfectamente habría firmado el mismísimo Raymond Carver, pero lamentablemente para el bueno de Josh esto no es ficción, es su vida y está volando en pedazos. Sin duda, estamos ante uno de los momentos álgidos del disco, llanto contenido capeado por un magnífico acompañamiento de cuerdas y por los silencios, otra vez los silencios. "Sorry with a Song" es otro de los platos fuertes confesionales del album, un mea culpa sin adulterar, Josh se sincera sin esconderse, sin caer en tópicos ni en clichés románticos, aceptando sus errores sin autocompasión, sin escatirmar un gramo de crudeza. Guitarra y voz, nada más, y nada menos. Una voz que por momentos se apaga, un aliento que se empapa de lágrimas, una guitarra que es capaz de emocionarnos con su ritmo asincopado y su desordenado lamento. "Country Dumb" es el sexto tema del disco, es posible que a estas alturas algunos ya hayan abandonado, pero estoy seguro de que quienes no hayáis arrojado la toalla estaréis ante una de las experiencias más impactantes (musicalmente hablando, se entiende) de vuestras vidas. Podríamos decir que este sexto corte es uno de los temas más accesibles del LP, una canción que vuelve a apostar por unas cuerdas que la arropan y la miman, confiriéndole la forma de una preciosa nana, de más de 10 minutos de duración, capaz de emocionarnos. "Last of the Country Gentlemen" está incluída en la edición en vinilo del LP, que viene acompañada además de una copia en CD del album, cuenta de nuevo con las cuerdas de Warren Ellis (miembro de Dirty Three, Nick Cave and the Bad Seeds y Grinderman) y muestra a un Pearson susurrante, antesala del mántrico punto y final que supone "Drive Her Out", en la que el atormentado texano suplica una y otra vez, a algo o a alguien, que le ayude a sacarse de la mente a esa mujer que le está arrancando la vida. Es el único tema del disco en el que se pueden oír coros y un piano, el fin de fiesta perfecto a este despliegue de emociones y dolor que es "Last of the Country Gentlemen".

Supongo que habréis llegado a este parrafo final exhaustos, no es para menos, hoy os he servido una buena ración de droga dura, acompañada de un texto denso y extenso; si todavía estáis ahí sólo me queda felicitaros y daros las gracias. Como premio, si es que queréis más, os dejo una amplia selección de enlaces y unos videos. Además de las webs oficiales de Josh T. Pearson (visitad la web oficial del cantante para encontrar las letras de las canciones; indispensable para disfrutar del disco), os recomiendo la reseña y la entrevista que le hicieron en Rock de Lux, junto con el interesante artículo que le dedicó El País, y además, para los que amáis la lengua de Shakespeare, también os he dejado un link a la reseña que se hace del disco en la web de la BBC. Especialmente interesante es el post que le dedicó a este disco mi buen amigo Chals, habitual de estos pagos y bloguero de pro, que se adelantó a su tiempo ponderando las virtudes de este disco nada más salir a la calle; enhorabuena por tu entrada, compañero; y a vosotros, os recomiendo encarecidamente que visitéis la Route de Chals, un blog imprescindible. Cerramos los enlaces con la sesión que el hirsuto texano grabó para Daytrotter, muy recomendable. En cuanto a los videos, encontraréis a Josh interpretando "Woman When I've Raised Hell" en una sesíon para una radio de Dijon , acompañado del pianista Dustin O'Halloran, Pearson raya la perfección cantando "Country Dumb", y por último, un tercer video muestra la sesión que el músico grabó para la Blogothèque, una de las mejores de la serie Concerts à emporter, en la que todo parece detenerse al paso del inquietante y conmnovedor Josh T. Pearson. Espero que os guste.


JOSH T. PEARSON- LAST OF THE COUNTRY GENTLEMEN



WEB OFICIAL DE JOSH T. PEARSON


MYSPACE DE JOSH T. PEARSON

JOSH T. PEARSON EN LA WEB DE MUTE RECORDS



RESEÑA DE LAST OF THE COUNTRY GENTLEMEN EN ROCK DE LUX

RESEÑA DE LAST OF THE COUNTRY GENTLEMEN EN LA WEB DE LA BBC

ARTÍCULO SOBRE JOSH T. PEARSON EN EL PAÍS



ENTREVISTA A JOSH T. PEARSON EN ROCK DE LUX

POST DEDICADO A JOSH T. PEARSON EN ROUTE AMERICANA


JOSH T. PEARSON EN DAYTROTTER SESSIONS


martes 3 de enero de 2012

Sin conexión


Sí amigos, creo que el título de esta entrada es bastante explícito, me he quedado sin acceso a internet. Más bien debería decir que me han dejado sin acceso a internet, pero entonces tendría que dedicar todo este post a despotricar sobre cierta operadora de telefonía, la cual ha obrado un verdadero milagro de la incompetencia, consiguiendo dejarme como a los buenos trapecistas: sin red. Podría hablar durante horas acerca de un episodio propio del tocomocho y del surrealismo tan propio de nuestro querido país de pícaros; un país que consiente que sus ciudadanos tengan la conexión a internet más precaria y cara de toda Europa. Un guión de serie Z protagonizado por vampiresas telefónicas capaces de engañar a cualquiera con sus malas artes, una película cutre con un giro inesperado en el que he acabado descubriendo que otra persona figura en una base de datos con mi DNI, como si de un agente doble se tratara. Como os decía, podría dedicar esta entrada a relatar mis desventuras, pero acabaría enfadándome, cosa que no deseo. Simplemente escribo estas líneas desde mi retiro laboral para que sepáis que estoy aquí, que no me he ido y que pienso resistir. Me hubiese encantado actualizar el blog, pero entre la inminente mudanza y la falta de conexión me ha sido imposible. Parece que los elementos se alineen en mi contra para impedirme mantener un ritmo estable de publicación. Hace un tiempo anuncié a bombo y platillo unos cambios que apenas se han dejado notar, y el ritmo de actualización de esta bitácora sigue siendo realmente bajo. Está claro que el designio de Rainy Day Music es la anarquía más absoluta, aquella que me lleva a publicar una entrada de ciento a viento y a hablar de lo que me viene en gana; en el fondo no está tan mal. Mi propósito de año nuevo es actualizar más a menudo el blog pero, como quienes prometen adelgazar, dejar de fumar o aprender inglés, no creo que tenga éxito en mi empresa y perderé mis buenas voluntades por el camino. Quiero aprovechar este extraño post para agradeceros vuestra fidelidad, es un lujo contar con visitantes como vosotros, capaces de disculpar mi pereza y mi absoluta falta de criterio, una vez más, gracias. Se avecina un mes complicado con un traslado de domicilio de por medio, supongo que más de uno habéis pasado por ese trance y sabéis lo que significa; sólo de pensar en mis discos embalados en roñosas cajas de cartón me tiemblan las canillas. Supongo que voy a estar fuera de la circulación cibernética una temporada, sobre todo tras el desagradable incidente que os contaba en las primeras líneas de este post. Haré todo lo posible por que la espera no sea muy larga

¿Os acordáis de cómo eran nuestras vidas sin internet? Yo creo que en el fondo eran más bonitas, más inocentes y más plácidas. Ahora todo va tan deprisa y es tanta la información que nos rodea que en ocasiones nos genera un tremendo desasosiego. A veces me siento como Crumb o como Monsieur Hulot, totalmente escéptico ante tanta cacharrería y tanto avance tecnológico, yo también añoro aquellos tiempos no muy lejanos en los que lo único digital eran los relojes y las calculadoras (o una estrambótica combinación de ambos). Si he de seros sincero no he echado mucho de menos a la red de redes, pensaba que mi síndrome de abstinencia iba a ser mayor; aunque tal vez tenga mucho que ver con el ajetreo y el cansancio que está causándonos la mudanza. Además últimamente ando convencido de que me van a chapar el blog, no sé por qué pero creo que voy a ser el próximo, lo cual me genera cierta ansiedad, ya que perdería el contacto con alguno de vosotros y, lo peor de todo, todos los textos de esta bitácora pasarían a mejor vida. Y es que en los últimos meses he visto caer a varios compañeros, lo que hace inevitable sentir el aliento de la (in)justicia en tu nuca. Si algún día desaparezco, me podéis localizar en la dirección de correo electrónico que aparece en la cabecera de este blog; si ésto ocurre habrá sido un placer conoceros. En cualquier caso, Rainy Day Music va a permanecer abierto un nuevo año, luchando contra viento y marea con la proverbial vagancia de su único administrador y su irrefrenable tendencia a enrollarse. Sed bienvenidos a una nueva temporada de lluvia. Mis mejores deseos para este 2012: ¡Feliz fin del mundo! 

viernes 9 de diciembre de 2011

Charles Bradley- No Time for Dreaming (2011)


 Mi intención era saltarme a la torera la jornada de reflexión y publicar esta entrada el sábado 19 de noviembre del presente 2011, lamentablemente, un fuerte catarro infantil y una mudanza en ciernes me lo impidieron. Pensaba redactar un post incendiario, sin mayores pretensiones que exorcizar mi rabia ante la situación que nos atenaza. Cosas que pasan, todo se quedó en el tintero y en menos de 24 horas, lo que le cuesta a la gente depositar su voto en las urnas, sentí que toda la fuerza de este post se había evaporado. Un abrumador número de ciudadanos, una mayoría inapelable, ha dado su confianza a un partido político concreto que prometió en su día tener la receta para salir de la crisis (receta que a día de hoy siguen guardando en secreto, como la fórmula de la Coca-Cola) y que tras obtener la victoria electoral, asustado ante semejante éxito, no tardó en advertir a sus votantes que no esperasen milagros. Pienso que este país, y por extensión el mundo en el que vivimos, está dejando pasar una oportunidad irrepetible para cambiar las reglas del juego democrático. No soy de los que hacen una lectura funesta y pesimista de la crisis, sino más bien de los que creen firmemente que cuando un sistema hace aguas se abre un horizonte de esperanza para enmendar los errores que provocaron su hundimiento. Todo ello pasa por una serie de exigencias que no están ligadas a ningún credo político, sino a un sistema de conducta que apuesta por unos derechos elementales que apelan a la ética y la moral más básica. No hablo de utopías ni de regímemes radicales, ni siquiera de revoluciones, simplemente bastaría con sanear nuestra maltrecha democracia, un sistema que ha quedado irreconocible y que se mueve a merced de los mercados financieros, ignorando al ciudadano, base de todo este tinglado, y que ha quedado relegado al papel de mero elector sin opción a réplica. Por supuesto, tampoco estaría de más que quienes han contribuído a la gestación y posterior expansión de esta crisis asumiesen responsabilidades,  quedando expuestos, si fuere menester, a la acción de la justicia. Todo esto y mucho más, amigos, pienso que podría haberse cambiado, o al menos haberlo intentado, pero la mayor parte de quienes acudieron a votar el 20 de noviembre no lo quisieron así. No debemos sorprendernos ya que las encuestas electorales vaticinaban este resultado, tampoco seré yo quien, convencido de poseer la verdad absoluta, acuse a nadie de haberse equivocado. Pero no puedo evitar que me invada cierta decepción, un sentimiento de hastío y de frustración que me aleja cada vez más del sistema político que se nos impone y que todos asumimos como dogma de fe. Hay vida más allá del capitalismo voraz que nos ha conducido a este callejón sin salida, vida más allá de una democracia desnortada que ha perdido cualquier rastro de su esencia. Necesitamos emprender un nuevo camino, no regresar a sendas trilladas que sólo tienen en consideración los números y la productividad, una forma de gobierno que ha expirado y que ahora se pretende recuperar a base de recortes que afectan a nuestros derechos más elementales como individuos. Si eso es lo que quería la mayoría, no me queda más que darles mi enhorabuena, así es la ley de las urnas, pero sigo pensando que hemos dejado pasar una oportunidad de oro para implicarnos en algo que nos afecta a todos, la vida política de nuestro país, haciendo del mismo un lugar más justo y habitable. Si todo esto, amigos votantes, os parece una utopía es que alguien se ha encargado de amputaros aquello que nos distingue de los animales: la capacidad de soñar; un recorte que espero que no nos imponga ningún Ejecutivo, sea del color que sea. 

Precisamente, si hay alguien que nunca ha dejado de soñar, incluso en los momentos más complicados, ése es nuestro invitado de hoy, Charles Bradley. ¿Qué tiene que ver la introducción de esta entrada con este cantante de soul? Pues básicamente nada, aunque mucho en su esencia, sobre todo teniendo en cuenta la conciencia social de la que hace gala mister Bradley. "This world is going up in flames and nobody wants to take the blame. Don't tell me how to live my life when you never felt the pain" Esta es la frase que abre el disco de debut de Charles Bradley, un disco grabado a la edad de 62 años, una frase que debería convertirse en santo y seña de una sociedad que vive hastiada de su clase política. Charles Bradley nace en Gainesville, Florida, aunque crece en Brooklyn, donde pasará la mayor parte de su niñez en la calle. En una infancia llena de sombras, uno de los pocos instantes luminosos para Charles tuvo lugar el día en que asistió con su hermana a un concierto de James Brown en el Apollo; corría 1962 y aquello iba a cambiar para siempre su vida. Emular a su ídolo se convertiría en casi una obsesión para el joven Charles, que vería en la música la única esperanza para abandonar la calle. Finalmente, nuestro soulman abandonaría Brooklyn integrado en un programa del gobierno que servía de ayuda a las familias más desfavorecidas y que le llevaría a Maine, donde se le asignó un trabajo. Allí formaría su primera banda y tendría su primer contacto con el escenario, lamentablemente la guerra de Vietnam cercenó las ambiciones de Charles, que se vería obligado a regresar a Nueva York. A pesar de las adversidades, nuestro testarudo amigo no renunciará a sus sueños, y tras pasar una temporada como cocinero en una institución mental decide liarse la manta a la cabeza y recorre medio país haciendo autoestop en busca de su meta. Tras recalar en Alaska, Charles Bradley acaba instalándose en California, donde pasará 20 años; a pesar de no contar con una banda regular, empieza a introducirse en la escena local, lo que mantiene vivo su sueño. En el plano laboral las cosas no le van mal, pero cuando está a punto de comprar su primera vivienda, Charles Bradley es despedido del trabajo en el que había pasado los últimos 17 años de su vida. Tras un tiempo de reflexión decide regresar a Brooklyn, a casa de su familia, pero en los momentos más duros Charles se crece y no ceja en su empeño por dedicarse a la música. Finalmente encuentra su oportunidad como imitador de James Brown en un  club neoyorquino, donde actuará bajo el seudónimo de Black Velvet; por aquel entonces cuenta con 51 años. Todo parece marchar bien, pero el destino es caprichoso e iba a poner a prueba al bueno de Charles. 

Una mañana el ruido de las sirenas le despierta en casa de su madre, es la policía que viene a comunicarles el asesinato de su hermano, aquel golpe le dejará fuera de juego durante una temporada, su hermano fue una de las personas que más le habían animado en la búsqueda de su sueño. Cuando todo había perdido su sentido, el azar le iba a brindar una nueva oportunidad a Charles. Gabriel Roth, del sello Daptone, asiste a una actuación de Black Velvet, en la que reconoce su talento y le ofrece grabar un single. Así nacerá la primera grabación oficial de Charles Bradley, el single "Take it as it Comes". Roth le pondrá en contacto con Thomas Brenneck, un guitarrista con cuya banda colaborará en la grabacion de dos singles, esta amistad será fundamental en el devenir artístico de Bradley, ya que tras conocer la azarosa vida de Charles, y en concreto el episodio del asesinato de su hermano, Brenneck decide que hay que grabar un disco que recoja la historia de este soulman de pata negra. Así es como toma forma la Menahan Street Band, que acompañará a Bradley en su disco de debut, "No Time for Dreaming". Brenneck lanza el sello Dunham Records, subsidiario de Daptone, que dará cobijo al disco, habían tenido que transcurrir casi 50 años para que Charles Bradley, conocido también con el sobrenombre de "The Screaming Eagle of Soul", viese cumplido su sueño, medio siglo que le dio la razón: aquella vida merecía ser vivida. 

En "No Time for Dreaming" os encontraréis con un artista honesto, un tipo cuya voz y cuya mirada transmiten autenticidad, un cantante de soul a la antigua, a la vieja usanza, aunque increíblemente cercano a la juventud para sus 62 años. Algunas de las formas artísticas de Charles Bradley deben mucho a su gran ídolo, James Brown, aunque también encontramos trazos de otros clásicos como Wilson Pickett, e incluso de cantantes negros más sofisticados, como es el caso de Marvin Gaye o Curtis Mayfield, a pesar de ello, Charles es un cantante con un gran carisma y con un dominio escénico apabullante. El trabajo vocal e instrumental de "No Time for Dreaming" es magistral, y gran parte de la culpa la tiene Brenneck, que ha puesto toda su alma en la grabación y producción de este disco. Resulta casi imposible no sobrecogerse al escuchar al viejo Charles interpretar temas como "Lovin' You Baby", "Why Is It So Hard?" o la impagable "Heartaches and Pain", su voz desgarrada y cruda se te mete hasta el tuétano, removiéndote las entrañas para extraerte aquellos sentimientos que tanto nos cuesta manifestar. Charles no olvida de donde viene, y hace gala de una envidiable conciencia social, incorruptible, algo poco habitual en los tiempos que corren, una conciencia crítica que le lleva a manifestar su descontento con su propio país, en el que resulta complicado salir adelante ("Why Is It So Hard?"), o a trazar una visión escéptica acerca del mundo en el que vivimos y de quienes manejan sus hilos ("The World (Is Going Up In Flames)" ). Al mismo tiempo, Charles canta al amor, dejándose la piel como uno de los mejores intérpretes románticos del género, ese amor y ese romanticismo desgarrado y un tanto teatrero que tantos buenos momentos ha deparado al soul y al R&B; buena muestra de ello son temas de este LP como "I Believe in your Love", "Lovin' You Baby", uno de los mejores momentos del disco, "How Long" o "In You (I Found a Love)" . También hay un huequecito para los instrumentales, concretamente dos, la exigua "Trouble in the Land" que nos remite al "Tighten Up" de Archie Bell and the Drells, y que nos deja suplicando más, y la excelsa "Since Our Last Goodbye", con una percusión de aires latinos y un teclado elegante y aterciopelado. Como guinda del pastel, un tema que por sí solo ya merece la compra del disco: "Heartaches and Pain", dedicado a la memoria de su hermano asesinado y en el que la interpretación de Charles Bradley raya al nivel de algunas de las luminarias del género. En resumen, una verdadera obra maestra, junto a Sharon Jones y Lee Fields (otros dos "jovencitos") de lo mejorcito del actual revival soul; un disco y un artista que han llegado para quedarse.

Ponemos el punto y final a esta entrada con unos suculentos enlaces, todos ellos muy recomendables. Junto a los indispensables links a la web oficial y al myspace del artista, encontraréis dos entrevistas, una de ellas la entenderéis sin esfuerzo, mientras que para la otra tendréis que desempolvar vuestro viejo diccionario de inglés. Además podéis disfrutar del bueno de Charles en directo, en audio, gracias al programa de RNE Hoy empieza todo, y también en imágenes, que reproducen su actuación para la emisora KEXP dentro del festival South by Southwest, en un concierto que tuvo como escenario una tienda de bicicletas de Austin. Por último, los videos, concretamente tres: los clips oficiales de "The World (Is Going Up in Flames)" y de "Heartaches and Pain", y un video grabado para Faceculture en el que nuestro soulman favorito hace una sobrecogedora interpretación del tema "Lovin' You Baby" acompañado de Thomas Brenneck a la guitarra; impagable. Espero que os guste.




           





CHARLES BRADLEY EN HOY EMPIEZA TODO

CHARLES BRADLEY EN EL FESTIVAL SOUTH BY SOUTHWEST 2011



viernes 11 de noviembre de 2011

Damien Jurado- Saint Barlett (2010)

Ocurrió la semana pasada, un día de intensa lluvia. Cortaron la calle e irrumpieron con los insoportables ruidos de sus máquinas en nuestras casas, su efecto narcótico nos preparaba para lo que iba a ocurrir. Estuvieron toda la mañana recorriendo la calle, número por número, deteniéndose en aquellos ejemplares que consideraban que necesitaban una intervención. Desde mi ventana, observaba la escena inquieto, aguardando a que llegase nuestro turno. Pasadas unas horas aparecieron los primeros indicios de su presencia, tan cercana que resultaba intimidatoria, tan violenta que cortaba la respiración. Abrí la ventana y lo vi allí, a escasos dos metros de mi casa, pude ver a aquel tipo subido en ese armatoste, sin ningún tipo de protección, burlándose del sentido común y de la mismísima muerte. Le miré a la cara, él no me devolvió la mirada. No pude soportar la escena y aturdido por el ensordecedor ruido cerré la ventana. Se escucharon fuertes golpes, pronto intuí que se estaba desplomando. Cuando cesó el estrépito abrí de nuevo la ventana, lo que vi me sobrecogió: lo habían talado de raíz. Con la excusa de realizar unas rutinarias tareas de poda, aquellos sicarios de la motosierra se habían llevado por delante al pino que teníamos en frente de casa, un noble compañero cuyas ramas casi podía tocar desde mi dormitorio. Os aseguro que nunca he sido un ecologista a ultranza, pero en este caso no hablamos de un simple árbol, hablamos de sentimientos. Vivo en la que fue casa de mis abuelos paternos y ese pino siempre estuvo allí, observó cómplice cómo devoraba a la vuelta del colegio mi bocadillo de mortadela, asistió boquiabierto a la goleada que España le infligió a Malta, 12 goles 12, se aburrió junto a mí en aquellas interminables tardes de toros, se rió y se enamoró conmigo, y lloró cada vez que uno de los miembros de este hogar nos decía adiós. Cada vez que pienso en esta casa veo ese pino, un árbol humilde y leal que nos ha protegido de los curiosos y que nos ha proporcionado durante décadas la dosis exacta de sombra. Ahora miro por la desnuda ventana y me siento como L.B. Jeffries, observando a mis vecinos dominicanos que se pasan el día conectados a Facebook y escuchando reggaeton. Como sólo una buena compañera es capaz de hacer, A. me tranquilizó diciéndome que tal vez el pino estuviese enfermo, pero pensé que incluso un caballo con las cuatro patas rotas tiene un final más digno. A los pocos minutos su cadáver yacía a lomos de un camión, por más que lo miraba no podía hacerme a la idea de que nunca más vería su silueta, de que jamás me volverían a despertar en verano los pájaros que se posaban en sus ramas, aquellos a los que había deseado apedrear tantas veces y que ahora tanto echaré de menos. Buena suerte compañero, allá donde estés, ojalá tu reencarnación sea digna, y tu añeja madera se transforme en las hojas, o el lapicero con el que escribir una buena historia.

Poco después de perder a mi viejo árbol, me vino a la cabeza la portada de "Saint Bartlett", el, hasta la fecha, último trabajo de estudio de Damien Jurado, su poético paisaje, con esa vegetación humilde en primer plano y los árboles gigantescos de telón de fondo me resultó reconfortante; hoy quiero compartirlo con vosotros. Mucho se ha dicho acerca de Damien Jurado, a quien la crítica no tardó en colocar esa extraña etiqueta de urban folk songwriter, que sigo sin saber muy bien qué quiere decir. Su carrera comienza a mediados de los noventa, fruto de la autoproducción a través de cintas de cassette que veían la luz mediante su propio sello, Casa Recordings. Será Jeremy Enigk, cantante de la banda Sunny Day Real Estate, quien levante la liebre y ponga en contacto al compositor de Seattle con su sello, Sub Pop, dando así comienzo a una prolífica carrera en la que han visto la luz una decena de discos de estudio, junto a un sinfín de EP's, singles y colaboraciones en recopilatorios. Damien Jurado es un tipo con una sensibilidad exquisita, que se sirve de la música, especialmente de las letras, para expiar sus pecados y exorcizar sus fantasmas. Su físico ha sido comparado a menudo con el de John Goodman, con quien tiene en común ese aire de tipo bonachón, aunque de mirada inquietante, una mezcla de yerno perfecto y muchacho atormentado. Su música ha transitado por diferentes paisajes, desde los eléctricos más desasosegantes hasta los acústicos más íntimos, mostrándose siempre partidario de la experimentación sonora, dotando a sus trabajos de curiosos efectos que contribuyen a cargar de significado las canciones. Sus discos han sido producidos por músicos y amigos, como Ken Stringfellow, aunque parece que junto a Richard Swift ha encontrado esa paz interior que tanto necesitaba para explotar como el buen escritor de canciones que es. Precisamente Swift es el productor de "Saint Bartlett", un disco que vio la luz en 2010 cobijado por el sello Secretly Canadian, encargado de alumbrar sus cinco últimos trabajos. "Saint Bartlett" se grabó en el transcurso de una semana, y nos descubre a un Damien Jurado más luminoso, liberado de ese peso que parecía atormentarle en algunos de sus discos anteriores, un compositor que se abre sin miedo a tiempos y propuestas más cercanas al pop convencional, aunque sin renunciar para ello a su particular manera de entender la música. Su voz es especial, diferente, de una fragilidad conmovedora, cercana en ocasiones a Vic Chesnutt; Damien Jurado no pretende cantar bien sino transmitir de la manera más honesta posible sus sentimientos, tal y como en su día hicieran Bob Dylan, Neil Young o Lou Reed. Sus canciones funcionan como historias cortas que consiguen atrapar al oyente, melodías impregnadas de un halo literario que a menudo le han valido comparaciones con el gran Raymond Carver. La crítica saludó a "Saint Bartlett" como un disco rompedor dentro de la carrera de Damien Jurado, ciertamente se puede hablar de un trabajo en el que se ha apostado por una mayor orquestación, aunque sin abandonar ese minimalismo acústico que tan bien le sienta al de Seattle. Sea como fuere, podemos afirmar que es uno de sus mejores trabajos hasta la fecha, y si no me creéis dejaos arrastrar por la magia de "Cloudy Shoes", "Arkansas", Rachel & Cali" o "Beacon Hill", cuatro de mis canciones favoritas del abum.

Si queréis más información podéis completar la entrada con una buena ración de enlaces. En primer lugar: web oficial y Myspace de Damien Jurado, acompañados del apartado que le han dedicado en la web de Secretly Canadian. Y para continuar: dos reseñas del album, una en lengua culta en Jenesaispop, y la otra en la lengua del Imperio Británico en Pitchfork, y por si esto fuera poco, podéis disfrutar de una entrevista, también en castellano antiguo, en Muzikalia, y de la magnífica sesión que Damien Jurado grabó para Daytrotter. En el apartado de videos, os dejo tres elecciones: 1- la oficial, el videoclip de "Arkansas", tal y como suena en el disco, 2- la banda, Damien y los suyos interpretando "Rachel & Cali" en una sesión para la emisora de Seattle KEXP y 3- la minimal, el Damien Jurado más íntimo tocando para los Tiny Desk Concerts de la NPR, donde interpreta tres temas del disco ("Cloudy Shoes", "Arkansas" y "Beacon Hill") y un corte inédito ("Newspaper Gown"). Espero que os guste.

DAMIEN JURADO- SAINT BARTLETT

WEB OFICIAL DE DAMIEN JURADO

MYSPACE DE DAMIEN JURADO

DAMIEN JURADO EN SECRETLY CANADIAN

RESEÑA DE SAINT BARTLETT EN JENESAISPOP

RESEÑA DE SAINT BARTLETT EN PITCHFORK

ENTREVISTA A DAMIEN JURADO EN MUZIKALIA


DAMIEN JURADO EN DAYTROTTER SESSIONS

jueves 3 de noviembre de 2011

God Help The Girl- God Help The Girl (2009)


Me cuesta entender las filias repentinas que asaltan a la población de este país. Por ejemplo: La Fórmula 1. Recuerdo que cuando iba al instituto tenía un compañero que estaba enganchado a los piques entre Senna y Prost, los domingos, lejos de curar las primeras resacas de su corta existencia, los pasaba madrugando para disfrutar en estado semicataléptico de aquellas carreras de coches que nadie entendía y que no significaban nada en términos de audiencias televisivas. De repente apareció Fernando Alonso en nuestras vidas y medio país se convirtió al credo de los monoplazas, las cadenas de televisión se enzarzaban en una guerra a cuchillo por los derechos del circo del motor, y un deporte que hasta hacía unos años había sido minoritario se revelaba como imprescindible en la vida de los españoles; conozco gente para la que el mundo se paraliza, literalmente, los días que hay carrera. Ejemplo número 2: Los musicales. Un espectáculo que asociábamos con los teatros norteamericanos, que parecen alérgicos a los clásicos y a la dramaturgia de calidad, se planta en España dispuesto a arrasar, eso sí, bajo el peculiar prisma de la idiosincrasia española y su personal visión comercial del espectáculo. Dicha visión distorsionada derivará en engendros como "Hoy no me puedo levantar" ó "40. El musical", que batirán todos los records de asistencia y de permanencia en cartel habidos y por haber. Ahora nos encantan los musicales, cuando hace unos años era impensable que un teatro español dedicase una semana de su programación a este tipo de espectáculos. Y no sólo eso, sino que hemos pervertido una expresión artística respetable, más allá de los gustos personales, convirtiéndola en una paparrucha infumable donde la falsa nostalgia, la moralina y la mediocridad campan a sus anchas; vamos que me diréis vosotros, queridos seguidores, que lo mismo es "Los Miserables" que "Hoy no me puedo levantar"... Pero que no cunda el pánico, hoy desde Rainy Day Music vamos a aportar un soplo de aire fresco, un halo de esperanza al panorama de los musicales actuales, por ello hemos elegido una de las últimas creaciones del gran Stuart Murdoch, "God Help The Girl".

Con guión del propio Murdoch, "God Help TheGirl" es una película donde la música tiene un papel predominante, y con la que el cerebro de Belle & Sebastian debutará como director de cine; su estreno está previsto para el 2012. Stuart Murdoch ha trabajado intermitentemente en este poyecto desde la grabación de "Dear Catastrophe Waitress" en 2004, dando forma a un disco que plasma a la perfección la pasión de Murdoch por los girl groups de los 50's y 60's. En "God Help The Girl" encontramos fundamentalmente voces femeninas, ellas son las que llevan el peso de las canciones, acompañadas de invitados de lujo como el mismísimo Neil Hannon, y con unos omnipresentes y brillantes arreglos de cuerda. Murdoch apuesta por voces desconocidas, cobrando especial protagonismo la cantante irlandesa Catherine Ireton, que interpreta la mayor parte de los temas. El disco suena a los Belle & Sebastian más embrionarios, es cierto, pero dejando una ranurita para que entre un ligero soplo de jazz, de clásica e incluso del sofisticado soul que irrumpe en alguno de los discos de la banda, como el citado "Dear Catastrophe Waitress" o "The Life Pursuit", del cual se incluyen dos canciones. En cuanto a la temática de "God Help The Girl", las canciones giran en torno al personaje de Eve, interpretado,vocalmente hablando, por Catherine Ireton. Eve ha abandonado sus estudios y ha comenzado a trabajar, es una joven con multitud de sueños, pero uno destaca sobre los demás: convertirse en cantante. Las canciones del disco repasan sus avatares, sus relaciones amorosas y sus aventuras de todo tipo, incluso las más problemáticas. No obstante el disco nunca suena dramático ni amargo, más bien hace gala de un humor y de una ironía muy británica que sitúa a Stuart Murdoch entre los mejores compositores salidos de las Islas de todos los tiempos, le pese a quien le pese. Para reafirmar mi sentencia basta con escuchar canciones como la que da título al disco, las armonías vocales de "Pretty Eve in the Tub", la revisión de la enorme "Funny Little Frog", la sobrecogedora intervención de Neil Hannon en "Perfection as a Hipster", o un "Come Monday Night" que recuerda a los Belle & Sebastian que conmovieron al mundo con Isobel Campbell en Enlacesus filas. Sin duda, un disco más que notable con el que reencontrarse con el mejor Stuart Murdoch y con el que descubrir a una magnífica vocalista.

Os dejo unos enlaces por si queréis profundizar en el asunto, en primer lugar el myspace y la web oficial de God Help The Girl, y en segundo lugar un link a Jenesaispop donde se analiza el proyecto de Murdoch; sí, es un poco austero y no tiene nada que ver con el festín de enlaces de entradas anteriores, pero qué le vamos a hacer, los cambios son así... Eso sí, no me olvido de los videos, he seleccionado el clip oficial de "Come Monday Night", una interpretación en directo del tema "God Help The Girl" y un tercer video en el que el propio Murdoch habla acerca del proyecto. Ahora está en vuestras manos, podéis darle una oportunidad al musical de Stuart Murdoch o dejaros engatusar por el talento de los hermanos Cano y los pecualiares musicales made in Spain. Espero que os guste.


GOD HELP THE GIRL



WEB OFICIAL DE GOD HELP THE GIRL

MYSPACE DE GOD HELP THE GIRL



GOD HELP THE GIRL EN JENESAISPOP